18/02/2019

No hay cruz del olvido para el cura Pancho Soares asesinado por la Triple A

A 43 años del asesinato del cura Pancho Soares, uno de los 20 sacerdotes  que antes y durante la dictadura militar le arrebataron sus vida. El cura zapatero como lo bautizaron, fue por su andar junto a las luchas obreras y muy lejos de la cúpula de la Iglesia. Vecinos, ex trabajadores de las fábricas de la región, militantes de ddhh y sindicales, renovaron el compromiso de MVJ. Por Lucho Soria para ANRed


Su legado y su lucha siempre presente, nadie la olvida, fue una de las frases más pronunciada en el acto realizado en el patio de la Parroquia Nuestra Señora de Carupé, en Tigre, por quienes participaron de la juntada, entre ellos el Padre Domingo Bresci, ex militante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, de la bella y trágica década de los setenta, junto con el Padre Francisco «Paco» Olveira, con la coordinación de Marcelo Magne, autor del libro «Pancho Soares, Mártir de la Iglesia Profética», donde narra la historia de Paco, con rigor una investigación de quien dijo » Yo quería una vida de pobreza. No podía vivir del Obispado, ni de los ricos, ni de mi familia«.

Bresci, recordó la participación de curas, monjas y catequistas involucrados en la entonces «Teología de la Liberación», en un compromiso político permanente.

Pancho construyó una casa de madera, lo mismo que la Iglesia, y en ese contexto armó dos cooperativas, una pequeña fábrica de calzado y otras de ladrillos, con sus manos y la de los vecinos y trabajadores, algunos de ellos presente en la juntada.

Otra frase que lo define y porqué era un blanco móvil de las balas asesinas fue cuando dijo «las compañeros fueron caídos por las balas del imperialismo y el capitalismo«, en la misa de responso de combatientes de las Fuerza Armada Peronista (FAP), Manue Belloni y Diego Ruy Frondizi, en marzo de 1971.

Nacido en San Pablo, Brasil, llegó con su familia al país. Años después su fe lo llevo a Chile, donde recaló en el Seminario Menor de los Asuncionistas, y luego Francia para estudiar filosofía y teología. A su regreso pidió instalarse en la norte del conurbano bonaerense y desde 1966 fue párroco en Nuestra Señora de Carupa, en Tigre, donde desplegó una militancia junto a los trabajadores de las fábricas, entre ellas Astilleros Astarsa y Mestrina.

La Iglesia se convirtió en reunión de los trabajadores, de los vecinos y de las organizaciones revolucionarias. Fue asesinado por la Triple A,  unos días después de denunciar el  secuestro y  fusilamiento de delegados de Astarsa, quienes reclamaban la vigencia de los derechos laborales, cercenados por la empresa.

Un crimen de la dictadura que ahora esta en manos de la Justicia, dado que Graciela Carrel y Adriana Fernández, presentaron la denuncia en la Justicia Federal de San Martín, con el patrocinio de Pablo Llonto. Un dato no menor se sumó como querellante Monseñor Oscar Ojea Quintana, cuando se desempeñaba como Obispo de San Isidro, es decir antes de asumir al frente del Episcopado.

Pancho es una de las tres mil víctimas de la Triple A, el 13 de febrero de 1976. No esta demás precisar que una de las primeras fue Luis «El Guasito» Santillán, el 29 de septiembre de 1974. Santillán era estudiante del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (IPEA3) de la localidad de El Brete, y participaba de las reuniones de la incipiente Ligas Agrarias de la región. Fue detenido en una operación con la complicidad de la policía, junto a otros estudiantes, y fusilado en La Falda. Crímenes de Lesa Humanidad que todavía permanecen en impunes.



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