16/01/2019

Francia, chalecos amarillos detienen el tránsito para que dos mochileros argentinos “hagan dedo”

La movilización de los gilets jaunes se está convirtiendo en un emblema de resistencia popular. A pesar de la avanzada de Macron, los chalecos amarillos continúan en la novena semana de protestas. Dos mochileros argentinos compartieron en redes sociales su testimonio de la movilización en Francia. “Ahí estaban los “negritos”, los “choriplaneros”, los “negros de mierda”  siendo la voz del “95 % del pueblo francés”, cuentan en su crónica. Por ANRed. 

Andrea y Danel son mochileros que resaltaron, por sobre todas las cosas la solidaridad de la manifestación de los chalecos amarillos que presenciaron en la ciudad de Narbonna, Francia. Mientras ellos hacían autostop (lo que en Argentina llamamos “hacer dedo”) hacia Catalunya, se toparon con un grupo de chalecos amarillos que  estaban dando libre paso en el peaje de una autopista.

En vez de miedo o algo parecido, Danel cuenta que sintió tranquilidad al escuchar que un señor le decía “acá la policía somos nosotros”. En su página de viajes, afirma que “realmente era verdad, ellos mandaban. Su derecho a protesta (por lo menos ahí), era reconocido.” Luego, el grupo demanifestantes se solidarizó con la causa de los turistas y comenzaron a ayudarles a hacer dedo. Compartimos el testimonio completo:

CORTARON EL TRÁNSITO PARA QUE HAGAMOS “AUTOSTOP”

Por Danel Ayesta con Andrea Carballo

Hacíamos AutoStop (dedo) en Narbonna (Francia) rumbo a la revolucionaria Catalunya. Frente a nosotros, un grupo de franceses dando acceso libre a las autopistas, una forma de reclamo que se extiende por todo el país (el epicentro fue París) y llega también a los puestos de gasolina. ¿El motivo? Los sucesivos aumentos en el combustible que pasó de 1 a casi 1,5 euros en poco tiempo y otra serie de medidas que vienen registrándose (como el aumento de los impuestos) que afecta a la clase trabajadora.

Sospechaba que en el grupo podía encontrar voces en español (por la cercanía a España) y alguna que otra en inglés, y ahí fui con una botella. La excusa de cargar agua se extendió a una invitación. “Llama a tu compañera y vengan a comer”, ofreció una señora mayor cuyos padres eran españoles. Y en el suculento banquete, proporcionado por vecinos que apoyaban la manifestación, se generó algo. Contamos los que hacíamos y ellos hacían lo propio. Decíamos Argentina y un hombre en francés contestaba “ustedes tienen a su Macron: Macri”.

Sorprendidos, escuchábamos atentamente los reclamos, entre bocinazos y puños extendidos al cielo en signo de “Revolución”. A escasos metros, la policía dialogando de igual a igual con los manifestantes. “Ellos están de nuestro lado, pero por su trabajo no pueden ponerse nuestra chaqueta”, la que los identifica a lo largo de todo el país. El signo de lucha junto a carteles con frases de repudio hacia el presidente Macron “que está en Argentina ahora”, insistía otro hombre.

Pido tomar una foto abriendo la mejor parte de la historia, porque me llevaron al sector más radical. Los jóvenes que por momentos cortaban el tránsito por escasos minutos para hacerse ver. En primer término, un poco reacios a la foto, pero un chico que hablaba español me abrió paso. Les conté que era viajero, periodista, y que me interesaba hacer una crónica vivencial de su lucha.

Automáticamente, todos empezaron a posar para la foto. Ahí estaban los “negritos”, los “choriplaneros”, los “negros de mierda” (detector de sarcasmo), siendo la voz del “95 % del pueblo francés”, insistían. Ya nos habían adelantado que esta vez Macron había llegado a un límite, poniéndose en contra a casi todo el país.

Me preguntaron a dónde íbamos y les dijimos que a Barcelona. Les extendí mi preocupación por lo rápido que pasaban los coches sin imaginar lo que iba a suceder. El más exacerbado, junto a todo el grupo, cortó literalmente el tránsito formando una fila de vehículo. Se acercó uno por uno, ventanila por ventanilla pidiéndoles a los conductores que nos lleven. Mientras tanto, la policía que permanecía tranquila dio un paso adelante y yo intentaba explicar que no era necesario, pero ellos estaban muy entusiasmados con la idea de darnos una mano. Recordé por un instante a un señor que dijo “acá la policía somos nosotros” y me quedé tranquilo. Y realmente era verdad, ellos mandaban. Su derecho a protesta (por lo menos ahí), era reconocido.

Al cabo de 20 minutos, entre cortes totales y parciales (iban abriendo algún que otro carril), un hombre frenó y se le fueron encima. De todas maneras, el conductor había visto nuestro cartel. Nos subimos tras un saludo general y al poner primero, vino el grito revolucionario. Los brazos extendidos con puño cerrado y la algarabía por haber cumplido con el objetivo. Nos sentimos en una película.

Nos sentimos parte de una #Revolución Mochilera.

https://www.facebook.com/story.php?story_fbid=1147654348734544&id=628972323936085



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