25/02/2022

Que me quieran no sea tan caro

Fotos: Nora Lezano.

Bailarina, performer y directora, con «Love Me» llega el momento de agregarle el mote de escritora a Marina Otero, que viene trabajando como «la gauchita del off» desde hace ya casi diez años. En su pasado cuenta con participaciones en espectáculos de Pablo Rotemberg (La idea fija y La Oscuridad Cubrió La Tierra) y de Emilio García Wehbi (El Grado Cero del Insomnio), entre tantos otros. Por Andrés Manrique, para ANRed.


Después de haber cosechado aplausos en varias ciudades de Europa con Fuck Me (premio del público en Zürich, 2021), mientras la reestrena en Buenos Aires a sala llena, con decenas de voces que salen del teatro como si fuera un recital de rock, le da las puntadas finales a Love Me (premio Banco Ciudad a las artes escénicas), que escribió y dirige junto al dramaturgo y escritor Martín Flores Cárdenas. Juntos empujarán a Love Me a los bordes del cine mudo.

Con esta pieza cierra la trilogía que comenzó con Andrea. Si viéramos los tres trabajos: Andrea, Recordar 30 años para vivir 65 minutos y  Love me, podríamos sentir que estamos frente a la biografía de una artista que, apela a todos los medios escénicos y expresivos a su alcance, para contarnos su vida. El dispositivo, como siempre, vuelve a ser el de puesta en abismo. Con él revelará, en este caso, algunos secretos oscuros de sus últimos años; aquellos que suelen esconderse, por poco decorosos, para contar solamente lo lindo.

Junto a Flores Cárdenas, porque en palabras de Otero “sola ya no puede”, vuelve a abrir el cuaderno negro donde la desilusión, la violencia y el amor se dan cita a través de un humor cáustico y brutal. Las máscaras de la tragedia y el humor se superponen para tensar una nueva mueca sin nombre; el rictus aprieta como si los viejos gestos se hubieran convertido en la máscara de lucha libre que nos queda pegada a la cara, un rato largo después de haber dejado la sala.

Como si no pudiera estar más que en escena, y la escena no fuera más que desenmascararse, Marina Otero busca la obra para incendiar a sus propios fantasmas. En cada ficción los saca a relucir; del clóset los arranca, los sacude, se los coge y después los hace bailar un lento meloso, o un rock and roll a la Pity Álvarez. Más cómoda entre sus monstruos que en la vida cotidiana, el distanciamiento con que se burla del dolor no le da ventaja. La burla y el juicio propio le dejan poco lugar al miedo. Si hay miedo ahí está el método Otero con la espalda rota, ya soldada, y la sospecha de que el amor tal vez exista, sobre todo, en lo que no puede dejar de hacer: teatro.

En sus obras, de un rigor narrativo que sorprende, la honestidad de lo que piensa y siente revela a través de la emoción lo que el inconsciente quiere dejar sumergido. Desde sus comienzos, la venganza emerge como una fuerza que le da forma a sus trabajos. Con la maldad de ese genio que la acosa en escena, con Andrea se vengaba de un cuerpo deseante, en Recordar, del pasado y la frustración; pero en Love Me de que se venga: ¿del amor?,  ¿o de la violencia de la que no sabe cómo zafar?».

¿Será otra forma de la venganza presentar esto para, acto seguido, instalarse en Europa? ¿Será parte de su maestría para ocultar? ¿Será ir en busca de lo que la Argentina no le otorga, para no tener que empezar todos los días de cero? ¿Será regresar a lo que le han dicho que es un punto de partida? Como sea, ese comienzo, en el rarísimo caso de que le fuera revelado, la devolverá con nuevas heridas, ávidas de ser abiertas en algún trabajo futuro que podría titular: “Dead and alive” o “Volver al origen para olvidar el pasado” u “Origen, el lado más oscuro.” Volver al continente viejo, después de tantos exiliados que padecen en estas tierras, suele cobrar la forma de estar todavía más de este lado; tal vez una manera de ser nueva otra vez, al menos por un rato. O eso esperamos.

Love me cuenta con un registro en el que la audiencia es invitada a una lectura pausada colectiva en el silencio de una sala a oscuras donde se desarrolla la trama. No se trata de arruinar ninguna sorpresa. Basta decir que el extremo de la danza es tocado por omisión, por una desesperante acumulación de eso que está por suceder pero que no se produce. Y por eso nos provoca.

La inmersión no es para cualquiera. Con el correr de los minutos la coraza que se trae de la calle irá deslizándose hasta desvanecerse. Del espectador, de a poco, caerán las vestiduras hasta que quede desnudo completamente. No hay transigencia; la quietud se sostiene todo lo que se puede, pero se sabe, el teatro de Otero carga un lenguaje cuya impotencia es exprimida para drenar el jugo que va más allá de las palabras.


Ficha artística

Texto y dirección: Marina Otero, Martín Flores Cárdenas

Performer: Marina Otero

Diseño de iluminación: Matías Sendón ​

Fotografía: Nora Lezano

Ilustraciones: Martín Flores Cárdenas

Producción: Mariano de Mendonça, Casa Teatro Estudio

Distribución internacional: Timbre 4, Otto Productions

Coproducción: FIBA Duración: 45′

Funciones

  • Viernes 25/2, 16 hs y 18 hs
  • Sábado 26/2, 16 hs y 18 hs
  • Miércoles 2/3, 18 hs y 20 hs
  • Jueves 3/3, 18 hs y 20 hs
  • Viernes 4/3, 13 hs y 16 hs
  • Sábado 5/3, 16 hs y 18 hs

*La reserva de entradas se habilita dos días antes de la función a las 14 horas.



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