25/06/2021

La justicia que desaloja y las familias que resisten en el barrio La Sexta

Edith L. Gauna

Desde la madrugada las y los vecinos del Barrio La Sexta en Rosario se concentraron en la antigua casa “chorizo” donde viven las tres familias con sus cuatro niñas y evitaron un desalojo ordenado por la jueza Claudia Ragonesse. Son tres mujeres que desde hace más de doce años habitan la vivienda de un barrio asediado por el avance del negocio inmobiliario. Desde el 2018, cuando las principales partidos políticos de Santa Fé acordaron dar luz verde a un proyecto de urbanización del viejo Barrio República de La Sexta que está cerca del centro y frente al río Paraná, los estudios jurídicos al servicio del negocio inmobiliario comenzaron a “caranchear” casa por casa. “Desalojos hormiga” le llaman desde la asamblea que se organizó para ayudarse entre familias. Este pequeña crónica es solo una pieza de los veinte viviendas que ya han desalojado. Por Federico Hauscarriaga y Edith L. Gauna | imágenes: Juli Negri, Edith L. Gauna y Germán Romeo Pena.


Juli Negri

El martes pasado fue otro capítulo de esta sucesión de sospechosas órdenes de desalojo. A primera hora del día los vecinos y las vecinas, entre mates, realizaron asamblea y se organizaron para resistir el desalojo. Con el correr de las horas llegaron autoconvocados en solidaridad. A media mañana las vecinas observaban como el locuaz oficial de justicia que se acercó a entregar un acta y “cambiar la cerradura” recitaba que ya no había nada que hacer y que debían irse. “Tendrían que agradecer a la jueza”, decía a las tres mujeres que sostenían a sus hijos en brazos mientras contestaban que no habían tenido derecho a la defensa y que de ejecutarse el desalojo no tendrían dónde vivir. Estos cronistas fueron testigos de la situación desesperante: “Nunca nos notificaron. Cuando nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo ya estaba la sentencia de echarnos. Empezamos a firmar papeles, nos metieron miedo. No tuvimos defensa. Los abogados que nos pusieron los fueron cambiando y solo nos dijeron que aceptemos irnos de ahí”.

Juli Negri

Germán Romeo Pena

Desde la Asamblea Vecinas de la Sexta en Lucha aseguraban que nunca se había demostrado quién era el dueño. “El juicio avanzó tan rápido y sin notificar que no se pudo constatar si hay un dueño legítimo”. Los vecinos entrevistados por ANRed explicaban que hace mucho en la casa había vivido una persona. “Acá hace muchos años vivía Manolo pero en esta zona no hay títulos de propiedad. Después hubo un comedor y vivieron familias desde hace décadas. Nosotros les decimos que vengan con el título de propiedad, que lo muestren”. Era claro, esa mañana todxs entendieron que el desalojo de la calle Cochabamba al 150 era turbio, era otra avanzada contra la barranca del barrio.

Edith L. Gauna

Mientras se acercaba el mediodía, el agente judicial continuaba hablando acompañado por el abogado que representa al demandador, el supuesto dueño que en el barrio nadie conoce pero que según nos explican las vecinas “apenas presentaron un contrato de alquiler vencido entre un tal Hernández y una persona que dicen que vivió en el lugar llamada Ricardi”.

Edith L. Gauna

De punta en blanco, el oficial de justicia pivoteaba entre vecinxs mientras hablaba de “hacer cumplir la Ley” con una pedantería deleznable. Repetía sus argumentos para omitir el reclamo de las mujeres que hace más de medio siglo patean esas calles y cada tanto recordaba con sutil amenaza que pendía de un hilo una eventual “intervención de la fuerza pública”. En el entrevero era fuerte el contraste de la ropa de entre casa que llevaba la gente que se había aglutinado. A un costado, un poco alejados, unos jóvenes volteaban para ver a este señor de traje y luego volvían a tratar de arrancar un taunus amarillo huevo. En la otra esquina, algo parecido sucedía con una cuadrilla de vecinxs con pecheras azules que habían detenido la limpieza de cordones para mirar. Cada tanto alguien trataba de meter un bocadillo pero el señor de traje siempre tenía la palabra justa para hacer callar: “No me interrumpa por favor … estoy hablando”. El vozarrón aplacaba voces pero no convencía a nadie. “Este es un chanta. Es otro chanta”, decía alguien parado atrás mientras toma mate. Un niño sonreía y apuntaba a los pulcros zapatos del oficial que brillan en color petróleo con beige claro, nuevísimos.

Juli Negri

La escena se repetía mientras pasaban los minutos hasta que un llamado apartó al oficial con “autoridad judicial” que luego regresaba para decir que habría una nueva audiencia para este viernes 25 de junio (hoy) se abría otra la instancia. Era un pequeño triunfo. Las vecinas respiran entre tanta tensión. “Quizá tengamos oportunidad para parar esta injusticia”, dice una de las pibas que vienen “haciendo el aguante”. El oficial con leve sonrisa reclamaba silencio para pedir “un aplauso para el asador” como burlándose de lo conseguido. Nadie aplaudió. Hubo silencios de bronca. Tres familias iban a quedar en la calle. No había nada que festejar y menos con esos zapatos.

Germán Romeo Pena

Las tres mujeres, cabeza de familia, en peligro de desalojo. Imagen: Edith L. Gauna



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