Sebastián Ventorino: de víctima de gatillo fácil a causa armada
Sebastián Ventorino tiene 19 años y una bala policial en su pierna. Fue acusado de robo y permanece detenido. María, su madre, afirma que es inocente y que la justicia no aceptó las imágenes que probarían su inocencia. Por Samuel Noyola para ANRed.
Seba, como lo conocen sus amigos del barrio en Wilde, su madre y hermanas, está viviendo un infierno. Tiene 19 años, es un pibe de barrio criado en el conurbano y expuesto al asedio policial que fue virando de gatillo fácil a causa armada.

Su madre relata que la persecución policial se recrudeció durante la cuarentena. A Seba lo paraba la policía e intentaba llevárselo preso en varias oportunidades por no portar el DNI. En una de esas ocasiones se trasladaba junto a un amigo en moto, fueron parados pero no sufrieron requisas sino una simple advertencia: “corre pibe”, la muestra de un arma reglamentaria junto con aquella orden no podía significar otra cosa que una especie de juego del cual Sebastián sería la presa policial. Seba atinó a decir que no con la cabeza pero la orden se repitió y su intento de escapar terminó con un balazo en una pierna que le ha dejado duras secuelas y están a la vista.
A partir de allí nada sería igual, su madre encaró una denuncia por lo sucedido pero tiempo después vendría la revancha policial. El domingo 17 de enero, Seba intentaría tomar un remis para ir a Monte Grande y encontrarse con una chica. Fue hasta Don Bosco, en Quilmes, a buscar a un amigo para que lo llevara en auto. El amigo le dijo que no podía, pero un conocido que estaba con él le ofreció llevarlo como remis. En el transcurso del viaje la policía comenzó a seguirlos indicando que se detuvieran, quien conducía aceleró y luego le indicó a Seba que bajara y corriera porque podrían terminar en cana.
Seba relata: “yo me asusté porque no sabía que había en el auto, si drogas o armas… así que me bajé y empecé a caminar. Me metí en un bar”. Minutos después Seba era detenido en aquel bar acusado del robo del auto, ocurrido dos días antes en una entradera y con la portación de un arma de la cual no existen pruebas de su existencia.
En su llegada a la comisaria, una oficial de apellido Paz le dijo: “Decime vos cómo puedo ayudarte y así vos también me ayudas a mí, que hoy es domingo y ya me quiero ir a casa con mis hijos. Yo necesito 20 mil pesos. ¿Me ayudás?”. Seba respondió que no y se le imputó una causa de robo.

El día de la detención, en un procedimiento ajeno al policial y en presencia de la tía y la abuela de Sebastián, que coincidieron en la comisaria con la victima del robo, Seba fue sacado por la policía a la vereda y a los gritos lo expusieron frente a la víctima, le preguntaron a la misma si lo reconocía como a uno de los hombres que entró a su casa a robar. La mujer afirmó que sí pero sin embargo su declaración no coincidía con la descripción de quienes le habrían robado dos días antes.
Su madre, María Paula Trotta, víctima de violencia de género y una sobreviviente activista feminista denuncia que su casa fue allanada violentamente. El despliegue policial contó con dos camiones de asalto y alrededor de 30 efectivos de la Federal y de la Bonaerense, la presencia de dos comisarios de Provincia que intentaron requisarla a ella y a sus hijas y hasta llevarse su botón de pánico.
Días después de su detención, Sebastián sufrió una puñalada a la altura de las costillas, ésta coincide con el día en que su madre denunció en la Procuración General ante el Dr. Lezica la turbia detención. Denunció a la fiscal Olmos Coronel, porque no le habilitó las pruebas a la defensa, al juez, cómplice de esta investigación irregular y a la comisaría 1 de Monte grande dónde se lo mostraron y señalaron a la víctima.
Hoy su hijo permanece detenido en el destacamento Las Colinas de Monte Grande. “Seba pateaba la calle como muchos pibes de barrio, pero no tiene antecedentes policiales, se le imputa un delito excarcelable pero aun no puede acceder a la domiciliaria”. El día del robo, Seba subió a su historia de Instagram cómo junto a un grupo de amigos amasaban y comían fideos mientras trabajaban en una gomería en Wilde. Existen registros de las cámaras de seguridad pero la justicia hace oídos sordos.
Quienes habrían perpetrado el hecho habrían sido cuatro personas y entre los objetos robados estaría aquel auto al cual Seba subió como remis rumbo a su cita en Monte Grande, sin saber que su destino real sería una causa armada por robo. Paula sufre de lupus y fibromialgia, sus días pasan entre sostener a su familia y luchar por la liberación de su hijo. “Estoy decidida a todo, voy a militar por la libertad de Seba pero también por el resto de los pibes que están amarrocados injustamente. Esta es una política de estado que busca amedrentar y aleccionar a la juventud. Seba tenía planes de terminar el secundario , repitió porque no pudo dar materias adeudadas y ahora recursó en la escuela Media Nro. 2 de Barracas “La papelera”, pensaba en empezar abogacía orientado a Derechos Humanos en la Universidad de Avellaneda (UNDAV), toda una definición política”.

Al igual que miles de pibes de la clase trabajadora, Sebastián Ventorino es víctima de una justicia de clase, su caso es similar al de cientos de otros jóvenes, cómo Karen Marín, la joven de Solano que fue atacada y se defendió de un grupo de hombres que luego la denunciaron por intento de robo de una gorra y permanece con prisión domiciliaria. Paula ha recorrido decenas de oficinas y contactado a varios organismos de Derechos Humanos, ha comenzado a impulsar la campaña de Libertad para Sebas Ventorino con una página en Facebook y la presentación de un habeas corpus ante el Comité Contra la Tortura de la Comisión por la Memoria. En los próximos días realizará una convocatoria en las redes para movilizar junto a otros familiares de víctimas de gatillo fácil y causas armadas en zona sur.