28/04/2020

Cuarentena: el conflicto interno que genera cuidarnos entre todos

Épocas de aislamiento. Tiempos de conflictos internos. ¿Es posible que cuidarnos físicamente conlleve hacernos daño a nivel emocional? ¿Está preparado el ser humano para el aislamiento? ¿Es el remedio casi tan peligroso como la enfermedad? El gran dilema de la cuarentena, donde el cuidarnos también nos genera daño. Por Sebastián Lionel Meglio, para ANRed.


El aislamiento preventivo es, en palabras del propio gobierno, el proceso más efectivo actualmente para combatir la pandemia. Ponerlo en práctica requiere del uso de distintas herramientas, todas ellas en general orientadas al control social: monitoreo activo de la población, redes sociales, geolocalización estatal y intervención de dispositivos de comunicación, entre otras medidas. Todo esto disfrazado bajo el velo de la legalidad, cuando en realidad estos recursos violan de manera íntegra los derechos humanos más básicos, comenzando con el de la privacidad.

El objetivo es explicado de manera sencilla: primero expusieron desde el poder que la meta era frenar a toda costa y por todos los medios posibles (éticos o no, esto no fue aclarado) la propagación del virus. Luego reconocieron que frenar era imposible, por lo cual se auto justificaron diciendo que lo que intentan es desacelerar. Ganar tiempo para llegar a equipar la salud pública.

La cuestión per está en el “hasta cuando”: ¿Hasta cuándo el aislamiento cumple su objetivo? ¿En qué momento comienza a atentar contra dicho objetivo? Pensemos un esquema simple: salud pública obtiene sus fondos principalmente de la recaudación impositiva. Esta última depende del pago de impuestos por parte de todos. Esto solo puede cumplirse si cada ciudadano dispone del dinero necesario para afrontar dicha obligación. Para que cada uno de nosotros cuente con eso, deben funcionar nuestras fuentes de ingresos, las cuáles dependen en sí mismas del movimiento de la economía. Ahora, si la cuarentena paraliza la economía, creo que puede verse el efecto dominó que esto genera.

Una situación muy particular de la Argentina, ya que en otros países el aislamiento no paraliza el mayor porcentaje del aparato económico como nos sucede a nosotros. ¿Hasta cuándo el aislamiento sirve para preparar a la salud pública? Si se extiende de más podría terminar saturándola, ya que entre más personas pierdan sus fuentes de ingreso serán más los ciudadanos que requieran utilizarla, provocando que los pocos recursos que ésta logró ganar vuelvan a ser insuficientes.

“La distancia social que se recomienda, y a veces se obliga, para frenar el avance del virus es algo que preocupa. Nuestro cerebro está hecho para conectar con otros, y si no lo hace, puede deprimirse. Estar aislados nos hace mal” (Daniel Goleman, psicólogo, periodista y escritor estadounidense).

Pero esto esconde otra problemática de fondo: hacerle frente a la pandemia que ataca al planeta mediante el aislamiento social genera un conflicto mucho más profundo en nuestro mundo interno. La psicóloga Débora Blanca (M.N. 23548) manifestó hace unos días que “una vez finalizada la cuarentena va a haber gran número de consultas porque van a quedar los resabios de todo el padecimiento de estos días”. Al estar sometidos a grandes períodos de aislamiento, se ve amenazado nuestro equilibrio interno. Las personas somos animales de costumbre. La rutina da, en la gran mayoría de los casos, la sensación de estabilidad. La interrupción de dicha cotidianeidad pone en jaque el balance de cada uno en distintos niveles según el caso.

“El aislamiento quita la noción del tiempo. Es un momento de pérdidas, donde todos estamos perdiendo algo” Gabriel Rolón, psicólogo argentino, sobre la cuarentena en dialogo con América Noticias hace unos días.

Es que todos parecemos perdernos un poco a nosotros mismos durante estos tiempos de incertidumbre. Nuestro sueño sucede a veces durante el día, otras durante la noche. No hay horarios que cumplir, no hay motivo para el movimiento. Estamos más interconectados que nunca, y a la vez más ausentes también. Los días de encierro parecen solo acrecentar el estado de ansiedad y alerta. Las horas pasan para las personas siguiendo las últimas noticias sobre la pandemia, o, mejor dicho, los puntos de vista sobre estos acontecimientos que son elegidos para difundirse. Vivimos escuchando que el estado nos cuida, pero no nos sentimos cuidados. El empleado en relación de dependencia vive con el miedo a perder su puesto. El autónomo solo ve incertidumbre en su futuro. La ama de casa ve sus tareas triplicadas sin encontrar momento para el descanso. Es muy difícil evitar estar aislados al vernos obligados a estar encerrados. El sentimiento general es fácil de identificar: el miedo popular es no poder ver el final del aislamiento. El miedo a perderlo todo y a todos, inclusive a nosotros mismos.



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