04/01/2015

Plegarias para Leelah

tapaaaaa-2.jpgUna noticia sacudió al mundo mediático poco antes de que culmine el 2014: Leelah Alcorn, una adolescente trans de 17 años de Kings Mill, Ohio (EE.UU) se suicidaba el pasado 28 de diciembre tirándose frente a un camión. Al igual que en el caso que cuenta la película «Plegarias para Bobby», la joven tomó esa decisión por sentirse rechazada, estigmatizada y obligada por su familia a asumir un género con el que no se sentía identificada para cumplir con las enseñanzas y creencias cristianas de sus padres. La noticia tomó conocimiento público a raíz de una carta programada que Lellah dejó en la red social «Tumblr», donde reclamó que «se arregle la sociedad». Se estima que el 40 por ciento de la población trans se suicida, mientras que su expectativa de vida no supera los 40 años en promedio debido a los crímenes de género, la marginalidad, el desempleo, la prostitución y la pobreza. Por ANRed.


Una historia que se repite una y otra vez en el mundo: la discriminación y la intolerancia en el marco de una sociedad heteronormativa (aquella donde sólo es percibido como «normal» un mundo dividido entre varones y mujeres, con los roles heterosexuales asignados culturalmente) culmina con el suicido de jóvenes que viven martirizados porque su identidad de género no es aceptada, es rechazada, estimagtizada o percibida como una «desviación» o «enfermedad».

Escena de la película

Ya la película norteamericana «Plegarias para Bobby» (dirigida por Russell Mulcahy, que adaptó la novela homónima de Leroy Aarons) contaba una historia real similar a la de Leelah: la de Bobby Griffith, un adolescente gay que se suicidó tirándose del puente de una autopista, donde murió instantáneamente al ser atropellado por un camión, a causa de la intolerancia religiosa de su madre presbiteriana, Mary, y de la sociedad en su conjunto, que no aceptaba su identidad.

Mary, madre del joven Bobby, en una marcha por los derechos de gays y lesbianas

Luego la historia culminaría con su madre Mary cuestionándose a sí misma y a su iglesia, que la llevaría a entrar en contacto y finalmente formar parte de la organización Padres, Familiares y Amigos de Lesbianas y Gays (PFLAG).

«Antes de decir ‘Amén’ en tu hogar o iglesia, piensa y recuerda: un niño está escuchando» , será la frase que inmortalizaría en la historia a Mary, la madre ultrareligiosa que pasó del odio y rechazo de la identidad sexual de su hijo a militar por los derechos de gays y lesbianas. Pero no todas las historias terminan así. Al menos no la mayoría.

Leelah: «La vida que habría vivido no merecía la pena; porque soy transgénero»

La historia de martirización, dolor y rechazo de Leelah tomó estado público a raíz de una carta programada que la joven trans dejó en la red social «Tumbrl» donde pidió que «se arregle la sociedad». Esta es la carta, íntegra, de Leelah:

«Si estás leyendo esto significa que me he suicidado y evidentemente no he podido borrar este post.
Por favor, no estés triste; es por mi bien. La vida que habría vivido no merecía la pena ser vivida; porque soy transgénero. Podría explicar detalladamente por qué me siento así, pero esta nota probablemente vaya a ser lo suficientemente larga de por sí. En sencillas palabras: me siento una chica atrapada en el cuerpo de un chico, y me he sentido así desde que tenía cuatro años. Nunca supe que había una palabra para este sentimiento, ni que era posible que un chico se convirtiera en una chica, así que nunca se lo dije a nadie y simplemente continué haciendo las cosas típicas que hace un chico para intentar encajar.

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Cuando tenía 14 años aprendí lo que significaba transgénero y lloré de felicidad. Después de diez años de confusion, por fin comprendí lo que yo era. Inmediatamente, se lo conté a mi madre, y reaccionó de forma profundamente negativa, diciéndome que era una fase, que yo no querría nunca verdaderamente convertirme en una chica, que Dios no comete errores y que yo estaba equivocada. Si estás leyendo esto y son padres, por favor, no le digan eso a sus hijos. Incluso si son cristianos o están en contra de la gente transgénero, jamás se lo digan a nadie, y menos todavía a sus niños, porque no conseguirán más que hacer que se odien a sí mismos. Eso es exactamente lo que me sucedió a mí.
Mi madre empezó a llevarme a un terapeuta, pero sólo me llevaría a uno cristiano (que tienen un gran sesgo), así que en realidad nunca tuve acceso a la terapia que realmente necesitaba para superar mi depresión. Sólo conseguí más cristianos diciéndome que era una egoísta y estaba equivocada, que tenía que acudir a Dios para conseguir ayuda.
Cuando tenía 16 años asumí que mis padres nunca me comprenderían, y que tenía que esperar como mínimo hasta los 18 para empezar cualquier tipo de tratamiento de transición de género, lo que me partió el alma por completo. Cuanto más esperas, más dificíl es la transición. Me sentí desesperanzada, que iba a seguir viéndome físicamente como un hombre disfrazado el resto de mi vida. En mi cumpleaños número 16, cuando no conseguí el consentimiento de mis padres para empezar la transición, lloré hasta dormirme.
Desarrollé una especie de actitud negativa hacia mis padres y me declaré públicamente homosexual en el colegio, pensando que tal vez si decidiera declararme como trans tendría un menor impacto. A pesar de que mis amigos reaccionaron positivamente, mis padres se enfadaron. Ellos pensaban que estaba atacando su imagen y que lo que quería era avergonzarlos. Querían que fuese el perfecto niño cristiano normal, y eso obviamente no era lo que yo quería.
Así que me sacaron del colegio público, se llevaron mi ordenador y mi teléfono y me prohibieron utilizar cualquier tipo de red social, aislándome completamente de mis amigos. Este fue probablemente el momento de mi vida en el que más deprimida estuve, y me extraña que no me suicidara. Estuve completamente sola durante cinco meses. Sin amigos, sin apoyo ni comprensión, sin amor. Sólo con el desacuerdo de mis padres y la crueldad de la soledad.
Al final del año académico, mis padres finalmente me devolvieron mi teléfono y me permitieron volver a las redes sociales. Yo estaba emocionada, por fin tenía a mis amigos de vuelta. Ellos estaban sumamente emocionados de verme y hablar conmigo, pero sólo al principio. Con el tiempo me di cuenta de que no se preocupaban lo más mínimo por mí, y me sentí todavía más sola de lo que me había sentido en un principio. A los únicos amigos que pensé que tenía, sólo les gustaba porque me veían cinco veces por semana.

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Después de un verano, prácticamente, sin amigos, más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para mudarme, mantener mis notas, ir a la iglesia cada semana y sentirme como una mierda porque todo el mundo allí estaba en contra de todo por lo que yo vivía, decidí que había tenido suficiente. Nunca voy a poder tener una transición existosa, ni siquiera cuando me mude. Nunca voy a ser feliz con la forma en que me veo o sueño. Nunca voy a tener suficientes amigos. Nunca voy a tener suficiente amor. Nunca voy a encontrar a un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. Viva el resto de mi vida como un hombre solitario que desearía ser una mujer, o viva el resto de mi vida como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay forma de ganar. No hay salida. Ya estoy lo suficientemente deprimida, no necesito que mi vida se convierta en algo peor. La gente dice que mejorará, pero eso en mi caso no es verdad. Va a peor. Cada día estoy peor.
Este es el quid (punto esencial), es por lo que siento ganas de suicidarme. Disculpa si no es una razón lo suficientemente buena para ti, pero para mí lo es. Respecto a mi voluntad, quiero que el 100% de todo lo que legalmente poseo sea vendido, y el dinero (junto con mi dinero en el banco) sea donado a movimientos por los derechos civiles de los transexuales y grupos de apoyo, no me importa un capullo a cuál. La única forma de que descanse en paz es que un día la gente transexual no sea tratada de la misma forma que yo lo he sido, sino que sean tratados como seres humanos, con sentimientos válidos, con derechos. El género debe ser enseñado en los colegios, cuanto más temprano mejor. Mi muerte debe significar algo. Mi muerte debe sumar en el número de gente transgénero que se ha suicidado este año. Quiero que alguien se moleste en mirar ese número y diga esto está jodido y lo arregle. Que arregle la sociedad. Por favor.
Adiós,
(Leelah) Josh Alcorn»

A pesar de la contundencia de la carta de Leelah, su madre siguió encerrada en sus creencias religiosas y en la negación de los hechos, y en una publicación que hizo en su perfil de Facebook se refirió al suicidio de su hija como un accidente en el cual fue atropellada por un camión durante una «una caminata en la mañana» y que ahora estaba en «su casa del cielo», además de seguir referiéndose a Leelah aún por el nombre que ella y su marido le habían elegido: Joshua Ryan Alcorn.

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«»Si eres una persona trans en crisis, puedes llamar a la «Línea de Vida Trans”»

Como claramente lo expresó Leelah en su carta, el de ella no fue un caso aislado, sino estructural, y que se mantiene en el tiempo. Se estima que el 40 por ciento de la población trans se suicida, mientras que su expectativa de vida no supera los 40 años en promedio debido a los crímenes de género, la marginalidad, el desempleo, la prostitución y la pobreza.

Como muestra de esta problemática podemos mencionar al grupo de San Francisco, California, EE.UU, que lanzó una línea telefónica de prevención del suicidio dedicada particularmente a las personas trans.

El proyecto se llama «Línea de Vida Trans” («The Trans Lifeline”) , fue fundado por Greta Gustava Martela, activista y lesbiana trans, y busca abordar y dar contención a las personas trans que se encuentran en crisis debido a la alarmantemente alta tasa de suicidios entra esas personas.

«De acuerdo a las más recientes y confiables estadísticas disponibles, el 41% de las personas trans intenta suicidarse al menos una vez en su vida, y las cifras se disparan al 50% si su condición trans es conocida o expuesta. Quisiéramos bajar ese número a cero”, declaró hace poco Greta Martela.

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La principal diferencia entre la tradicional línea de ayuda al suicida estadounidense y la que ofrece «Línea de Vida Trans” es, como su sitio web indica: «Nuestra línea está formada por un equipo con verdadera experiencia de lo que significa ser trans ya que ellas mismas son personas trans. Si eres una persona trans en crisis, puedes llamar a la «Línea de Vida Trans” al 8777-565-8860 (número de EE.UU).

Según informa el sitio Akntiendz Chik este tipo de hecho sucede en otros países, y con las mismas características: «en el Reino Unido la tasa de intentos de suicidio entre jóvenes trans se caba de elevar al 48% debido, de acuerdo a la activista trans Sarah Savage, a la indiferencia del sistema de salud con listas de espera larguísimas para la atención para las transiciones físicas y encima la transfobia generalizada de la sociedad«. Asimismo, el sitio informa que en ese mismo país » ‘Transadvocate’, que es el grupo más peligroso y mejor organizado de trolls de ese país ha venido anunciando su proyecto de exterminio de las personas trans especialmente de las mujeres trans a través de una «implosión” incitándolas al suicidio a través de internet. En el caso de las personas trans han anunciado que, sabiendo que su depresión está presente en muchos casos, buscan demostrarles que «no son ni nunca podrán ser” del género que reconocen como propio, incitarlas a quitarse la vida y luego promocionar esos suicidios de la froma gráfica más violenta posible, para generar una espiral de autodestrucción».

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Mientras, sigue sonando el eco del ruego de Leelah en su carta: «Mi muerte debe significar algo. Mi muerte debe sumar en el número de gente transgénero que se ha suicidado este año. Quiero que alguien se moleste en mirar ese número y diga ‘esto está jodido’ y lo arregle. Que arregle la sociedad. Por favor.».


Para seguir leyendo sobre el tema:

 Akntiendz Chik



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