Divididos, dos décadas después
«La Era de la Boludez” se lanzó en julio de 1993. Está atravesado por la potencia rockera característica de la banda de El Palomar y su evidente tono irónico sobre el momento social y político. Además se ven influencias de Yupanqui, los Beatles, el funk y el reggae. Repaso por las canciones de un indispensable que siempre vale la pena escuchar. Por El Caminante
Corrían los primeros años de los 90″™. Hoy se menciona casi automáticamente (y en muchos casos, de forma acrítica) todo lo que significó esa época. Todas sus consecuencias políticas, sociales y económicas están, todavía, a flor de piel.
La desocupación creciente, con números que mostraban aumentos exponenciales al final de la década, privatizaciones a mansalva de las empresas estatales, precarización en las formas de empleo, drástico endeudamiento público y crecimiento sin límites de la pobreza y la indigencia son conceptos clave para analizar estos 90″™. También lo son la farandulización de la política (la vida de Maria Julia Alsogaray, retratada cual si fuera una estrella del espectáculo, o la imagen «cool” de Carlos Menem arriba de su Ferrari), la vida de los lujos, la ostentación, el champagne y los viajes al exterior para hacer shopping.
Dentro de este coctel que significó la última década del siglo XX, Mollo, Arnedo y Gil Solá, mostraron lo que podían dar. Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerper lograron el desarrollo de un disco íntegro, con buen manejo del humor, un despliegue artístico acorde al clima de época y la solidez musical que caracteriza al trio . Un trabajo que, a fuerza de su variedad y su calidad, consolidaron como uno de los mejores discos de nuestro rock en esos años 90″™s.
Divididos retrataba gráficamente, ya desde el mismo título de su placa, uno de sus trabajos más reconocidos por la prensa: «La era de la boludez”. La estrofa de su primera canción, «Salir a asustar”, incluso dice: «Salir a asustar te protege más, en esta»¦ la era de la boludez”. Con los tapones de punta, de movida.
Ese funk, criollo y agresivo desde la retórica, y su ambición de generar un efecto de golpe en quien lo escuche, deja las puertas abiertas para variadas incursiones musicales en las que se pasa del simpático y risueño «Ortega y Gases” hacia el «himno” de Atahualpa Yupanqui, «El Arriero”. La canción conserva su tono de denuncia, de expresión de una cultura castigada, como la de los pueblos en el interior del país pero resalta el poder de la guitarra y el bajo, como sólo Mollo y Arnedo pueden hacerlo.
El sarcástico «Salir a comprar” es seguido por uno de los hits del disco. «¿Que ves?” se convirtió en un éxito comercial, no hubo radio de FM que pudiese saltear esta canción en su programación diaria. Se trata de una especie de reaggae duro en cuanto a la guitarra, mientras la base foguea hacia el folclore. El sonido del charango, le añade expectativa al desarrollo de la canción. La coda se reparte entre el malambo y el vuelo guitarrístico de Ricardo Mollo. Hay un trabajo de las voces preciso: justo cuando callan la batería y el bajo luego de la coda.
En la mitad del disco, «La era»¦” abarca la instrumentalidad de «Pestaña de camello”, y pasa a la potencia del sonido de «Rasputín” y el «homenaje beatle” de Hey Jude.
Por su parte, «Dame un limón” le otorga nuevamente tranquilidad al encadenamiento de melodías, con el contrabajo y el slide guitar, y con el trombón, la trompeta y un aire risueño en el que se enmarca la situación de la canción.
El sonido estridente de «Paisano de Hurlingham” es seguido por «Cristófolo Cacarnu” e «Indio dejá el mezcal”. Estas dos, de fuerte impronta reggae, y letras por demás contestatarias, guardan una visible analogía de despilfarro de los sectores de poder en la sociedad por parte de la aristocracia, en contraste con la situación de los desposeídos, con la realidad del indio («Que pensás reina Isabel de la papa y el cacao, de esos indios en bolas y los picos del tucán”).
El disco concluye con otro homenaje. Galeano y su pluma «quita máscaras” se plasman en la chacarera «Huelga de amores”, dejando expuestos a la elite política que por esos años gobernaba («Patriotas importados, nativos sin orejas, la muerte grita tierra y el canto chacarera”).
El clímax final lo brinda «Tajo C”, un montaje de frases inconexas, que a simple oír nada podría agregar sobre los personajes y los momentos de la época.
Es que pensado en forma separada y fragmentaria poco se podrá pensar y reflexionar realmente sobre el momento histórico de la Argentina en el que el poderoso «La era de la Boludez” dio a luz.