Culpables
Fernando Grenno es la única persona sobre la que pesa un procesamiento por un hecho vinculado con la desaparición Jorge Julio López. Está por iniciársele un juicio por haber pintado aparición con vida ya. Pero no es el único caído en desgracia. El perro Kintín es señalado por jueces y fiscales como el culpable de que la investigación sea un fracaso.
El primer elevado a juicio oral
Quien está próximo a ser sometido a un juicio oral no es ni un agente del Servicio Penitenciario acusado por entorpecer los allanamientos al penal de Marcos Paz ni ningún policía bonaerense de los que embarró la cancha, como denunciaron los organismos de Derechos Humanos. En realidad, quien deberá pasar por los tribunales es Fernando Grenno, un estudiante que osó pintar en una pared el reclamo de aparición con vida ya de Jorge Julio López.
Próximamente, deberá sentarse en el banquillo de los acusados del Tribunal Oral Criminal 18. Se le imputa que con su pintada efectuó un daño contra la propiedad. El delito por el que deberá dar cuenta tiene una pena entre tres y cuatro meses. Su elevación a juicio pone en tela de juicio el principio de economía procesal que manejan los jueces.
El caso de Grenno lo está siguiendo la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI). Desde esa organización, resaltaron que los jueces que deberán juzgar al estudiante son los mismos que tiempo atrás absolvieron al policía Justo José Luquet, acusado por el homicidio de Marelo Báez. Lo que para CORREPI era un claro hecho de gatillo fácil, para la jueza María Cristina Camiña fue un «desgraciado suceso».
Kintín, el peor de todos
En enero de este año, la Justicia debió repetir el operativo llevado adelante en Atalaya a seis días de la desaparición de López. Tal como aportó Justicia YA!, el expediente señalaba que se llega a esa localidad supuestamente siguiendo el rastro de los perros, que conducen al personal policial a una finca que resulta ser propiedad del delegado municipal de Atalaya, Rubén Darío Durso. Una vez dentro de la casa uno de los perros huele y marca que Julio López podría haber estado en el lugar, señalando unas prendas del baño y un colchón.
Las irregularidades estuvieron a la orden del día. «El acta fue elaborada describiendo el segundo procedimiento realizado en el lugar, el cual culmina por una decisión hasta hoy inexplicable a las 22:50, siendo que los perros marcaron rastros relevantes exactamente en el lugar en que horas antes personal policial dijo haber visto a alguien muy parecido a López. Esta información no fue registrada en ningún acta», denuncia una presentación hecha por el colectivo. Y prosigue:«Lo que se omite informar en el acta de referencia es que por la tarde se había realizado un procedimiento en el mismo lugar, violando las más elementales normas de actuación, más aún cuando un rastro da positivo. En declaraciones posteriores los policías reconocen que por la tarde habían aceptado la invitación a tomar mate en el interior de la vivienda y que estuvieron allí durante una hora mientras los perros quedaron fuera de la finca». Como expondría Durso, uno de los efectivos policiales que merendó en su casa, había entrado con una zapatilla del testigo desaparecido en la cintura, elemento que se usaba para orientar a los canes.
Claro está, el culpable de haber orientado mal a los agentes de la Bonaerense y de haber generado una postergación imperdonable en la investigación no sería otro que el perro Kintín. Días atrás, el mismo juez Arnaldo Corazza que entiende en la causa le dijo a Página/12 que «ese perro no puede seguir ningún rastro, no era apto».
Pero la opinión de Corazza sobre la ineptitud de Kintín, también es compartida por otros magistrados. Aún cuando la Cámara Federal de La Plata decidió separar a la Bonaerense de la investigación, toda la culpa recayó nuevamente en el perro. «En los fundamentos de ese fallo parece echarle toda la culpa del fracaso de la investigación al perro. Apunta a instalar la idea de que la Bonaerense no consiguió nada por inoperante, por inútil y no por complicidad. Ordenan separar a la Bonaerense pero no ordenan investigar a los responsables, salvo a Kintín», apuntó Adriana Calvo, integrante de la Asociación de Ex Detenidos- Desaparecidos.