19 de octubre de 2014

Especiales

A 60 años de “La historia me absolverá”

El pasado jueves 16 de octubre, se cumplieron 61 años de la “La historia me absolverá“. El Alegato histórico que escribe Fidel Castro en su enjuiciamiento luego de ser detenido por los asaltos de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo. En aquel juicio Fidel decide asumir su propia defensa pronunciando un histórico discurso que sería plataforma para los años de revolución y daría inicio al movimiento 26 de julio. Por ANRed/Marta Rojas Rodríguez


El 26 de julio de 1953 un grupo de opositores a la dictadura de Fulgencio Batista, divididos en tres columnas comandadas por Fidel Castro, Raúl Castro y Abel Santamaría realizan el asalto al cuartel Moncada. El ataque fracasa cobrándose muchas vidas, pero significo el inicio del movimiento 26 de julio que luego desembarcara en mítica Sierra Maestra.

Fidel Castro que era licenciado en Derecho Civil, es detenido y enjuiciado, motivo por el cual decide asumir su propia defensa pronunciando “La historia me absolverá”. En el documento Fidel, señala los problemas que acechan a la isla de Cuba.

Este documento trascendió a la historia de América Latina, puesto que denunciaba los horrendos crímenes y el programa político revolucionario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de aquel año, se convirtió en una pieza oratoria jurídica sin precedentes .

En 1953, Fidel declaraba que en el sumario de la causa constaban las cinco leyes revolucionarias que serían proclamadas de inmediato de haberse tomado el Moncada, las cuales se divulgarían por la radio. Enumeró las leyes contenidas en el referido sumario judicial y con ellas hizo un pronunciamiento, igualmente inusitado en aquel año, el cual decía textualmente:

“Se declaraba además, que la política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente y que los perseguidos políticos por las sangrientas tiranías que oprimen a naciones hermanas, encontrarían en la Patria de Martí, no como hoy, persecución, hambre y traición, sino asilo generoso, hermandad y pan. Cuba debía ser baluarte de la libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo”.

Las cinco leyes enunciadas se referían a la devolución al pueblo de la soberanía expresada en la Constitución de la República, defenestrada por el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 perpetrado por Batista; al derecho de la tierra de todos los colonos, subcolonos, arrendatarios y aparceros y también a la necesidad de organizar cooperativas agrícolas: la Reforma Agraria tendría la prioridad. Otra ley que habría de implantarse, beneficiaba a los obreros y los hacía copropietarios de la industria y para los colonos azucareros había otros preceptos puntuales que los beneficiaban. En la quinta ley se ordenaba la confiscación de todos los bienes de todos los malversadores de todos los gobiernos y a sus causahabientes.

Muy pronto la Revolución triunfante el Primero de Enero de 1959 comenzaría a hacer realidad aquel programa.
El escritor Alejo Carpentier unos años más tarde escribía sobre la trascendencia de este documento y su confirmación en la práctica en los años de la revolución:
“Ocurre a menudo, que los textos políticos envejecen pronto, al ser rebasados por contingencias nuevas que hacen olvidar las contingencias en que fueron concebidos; es decir, la historia presente hace olvidar, a menudo, las circunstancias históricas en que, en un momento dejado atrás, por el correr del tiempo, se pronunciaron determinadas palabras. Lo sorprendente con el texto de La Historia me absolverá, es su vigencia, su actualidad, el interés de su estudio presente. Todo lo que anunciaba, se ha realizado; todo lo que presentía, se ha cumplido; todo lo profetizado, con firme decisión política del futuro, se nos hizo tangible”.

“Cuando recordamos que Fidel Castro, en uno de los párrafos iniciales de su discurso, afirmaba que el campamento de Columbia debía convertirse en una escuela e instalar allí, en vez de soldados, diez mil niños huérfanos, nos hallamos ante la jubilosa realidad de que, en 1959, hace ya siete años, en el año llamado "de la Liberación", el campamento de Columbia, símbolo de la tiranía de Batista, fue convertido en el Centro Escolar "Ciudad Libertad", donde actualmente, estudian, efectivamente, más de diez mil niños de toda la Isla.”

En el texto Fidel señalaba el problema de la tierra en Cuba que luego sobre las contingencias de la revolución ira expropiando; “En Oriente, que es la provincia más ancha, las tierras de la United Fruit Company y la West Indian unen la costa norte con la costa sur”, dijo.

El documento también expresaba la necesidad de educación para la isla, se indignaba que un 30% de los campesinos no estaba en condiciones de firmar demostrando la necesidad imperiosa que padecía el pueblo cubano. Una vez concretada la revolución, las “campañas de alfabetización” lograban aquel objetivo.

El escrito plantea seis puntos medulares que cuestionaban a la vieja dictadura cercenadora de las libertades democráticas. Las problemáticas eran puntos a solucionar en el futuro posible, solo a través del cambio político y social del total de una estructura lograda por medio de la revolución de 1959. El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud.

En sus últimos párrafos Fidel preveía la cárcel y la muerte. Pero las diferentes circunstancias lo empujaron al exilio, oportunidad que tendría para continuar con la historia, para conducir el proceso revolucionario que ya se estaba dando en la isla. Nacía el movimiento 26 de julio.
“En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la Historia me absolverá.”

Fuentes:

Alejo Carpentier, "El juicio del Cuartel Moncada y La Historia me absolverá"

Marta Rojas Rodríguez, “Fidel y la historia me absolverá”




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