13 de agosto de 2013

Pueblos originarios

Ser indígena, ser mujer

"Cuando llegábamos a cada una de las comunidades wichí de Ingeniero Juárez, 460 km al oeste de la ciudad de Formosa, encontrábamos en primera instancia la mano extendida del cacique, algún hombre que representara a las familias de dicha comunidad. Y al rato de presentarnos y de charlar, nos llamaba mucho la atención como las mujeres permanecían en la periferia, sin decir palabra, sin opinar, pero escuchando, con mucha atención, cada una de nuestras preguntas…" Quinta entrega especial sobre los pueblos originarios de Formosa. Informe e imágenes: Esteban Ruffa, enviado a Formosa, para ANRed.


Cuando alguna de ellas se animaba, le preguntábamos cómo era vivir en el monte, cómo era criar, abastecer y organizar la vida de la comunidad, siendo mujer.

Resulta que la mujer cumple tareas muy importantes para la comunidad: es la encargada de velar por la seguridad de cada uno de los niños y niñas. Aquí las mujeres colaboran para que los niños no pasen hambre, no se enfermen, ayuden en las tareas cotidianas y crezcan aprendiendo los beneficios medicinales que les ofrecen los yuyos del monte, además de dedicarse a los juegos.

Además, la mujer tiene en sus espaldas una tarea sumamente importante: transmitir la cultura. La mujer wichi, es la artesana, la doctora, la madre, la maestra, la religiosa. Las mujeres enseñan el idioma, la lengua wichí, de origen de la familia lingüística mataco-guaycurú.

Desde muy pequeñas, las niñas wichí aprenden del chaguar y sus virtudes artesanales: el tejido es una actividad netamente femenina en la comunidad. Suelen moverse por el monte en grupos reducidos, buscando las mejores plantas de chaguar para cosechar. Ellas sacan la fibra de la hoja, hilan, tiñen y tejen.

Sólo utilizan la planta de chaguar que es ideal para el tejido, por su tamaño y por su calidad. “Ahora hay mucha sequía, y cada vez nos cuesta mas encontrar las plantas adecuadas para trabajarlas”, nos cuenta una mujer wichí, que no nos dio su nombre, pero si todo su conocimiento sobre el chaguar.

Uniendo hebras, van armando el hilado con veloces movimientos de las manos, rozando el muslo, luego la guardan y la trabajan en los tiempos nocturnos, ya que las mujeres durante el día quedan a cargo de sus ranchos, de los animales y de los niños de la comunidad.

Con el chaguar, hacen hermosos adornos, collares enarboladas con semillas de los árboles de la zona, o figuras de animales rellenas con barba de viejo (un yuyo que cuelga de las ramas altas del palo blanco), y espinas de palo borracho como narices o picos, además de hacer canastos, canastillos y bolsas de pesca o redes para que los hombres vayan a pescar.

“Trabajamos noche y día” - se ríe - “es trabajoso ser mujer en la comunidad, tenemos muchas responsabilidades”.

También nos contaban cómo, cuando van al pueblo a vender sus artesanías en chaguar, ellas son sometidas a una ley muy común en Formosa, donde la mujer wichí que vende no pone el precio, sino que el precio lo pone el comprador, por lo general criollos que luego venden en Salta, por un precio mucho mas elevado.

“Sufrimos abusos de todo tipo. Vivimos discriminadas. Muchas veces tiramos una manta en el centro comercial y viene la policía y tenemos que volvernos a la comunidad. No nos permiten vender”, denuncian. “Como mujeres estamos empezando a organizarnos - remarcan -, ya que cuando salimos de la comunidad, muchas veces somos atacadas o nos roban lo poco que tenemos, o aparecen mujeres golpeadas”.

Y dentro de los abusos hacia la mujer wichí podemos hablar del caso una mujer de 41 años, del barrio Obrero en Ingeniero Juárez, que fue violada y golpeada en un galpón abandonado del ferrocarril que atraviesa a la mitad al pueblo, hace aproximadamente 3 meses, quién luego murió en el hospital, producto de las lesiones. El ataque fue perpetrado por tres criollos del pueblo.

La discriminación en muy común hacia la gente que integra las comunidades, asi es como los wichis se ven amenazados, son asaltados cuando vienen al pueblo, y cuando se acercan a denunciar a la comisaría, las denuncias son desestimadas, o no detienen a los agresores.

“Pero estamos fuertes. Estamos unidas. Nos ayudamos y colaboramos en la comunidad. Y somos las primeras en resistir cuando la policía viene y nos quieren sacar de nuestras tierras, porque hace décadas estamos acá”, sostiene la entrevistada, orgullosa.

Así, a pesar de las dificultades, la mujer wichí sigue siendo mujer del conocimiento, maestra de la cultura, y madre de la lucha del pueblo indígena.




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