16 de abril de 2018

Internacional

Armas químicas, la excusa para intervenir en Siria

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) todavía no ha logrado ninguna conclusión sobre si se produjo el ataque químico en Duma el pasado 7 de abril y menos aun se determino un responsable. La justificación de ataques por el uso de este tipo de armas ha sido una excusa constante utilizada por Estados Unidos, quien todavía es poseedor del principal arsenal de este tipo. Por ANRed


La excusa del ataque químico sobre población civil es el leit motiv que ha utilizado Estados Unidos para realizar intervenciones militares y hasta ocupaciones. Este fue el caso del desembarco en Irak en el 2003 con el supuesta fin de localizar y destruir un arsenal químico que nunca se encontró pero que justificó la guerra que dejo un millón de muertos. Esta misma fue la argumentación del representante boliviano, Sacha Llorenti, en la reunión de urgencia del Concejo de Seguridad de Naciones Unidas convocado el pasado sábado por Rusia. También denuncio la unilateralidad de la decisión de los “aliados” que bombardearon sin respetar las instancias de la ONU. Estados Unidos ha dejado de cumplir las etapas acordadas por el convenio para la no proliferación de armas químicas iniciada en la década del noventa (OPCW) y ha pospuesto hasta el 2023 su culminación. Mientras que Rusia en el 2017 anuncio la eliminación de su arsenal químico. Uno de los inconvenientes concretos son los gastos ocasionados que se necesitan para desmantelar estas armas de alta peligrosidad.

Pero la excusa es un recurso permanente que estaba vez fue utilizada en el supuesto ataque químico del pasado 7 de abril en la ciudad de Duma. Las fuentes son dudosas: entre los que informaron del ataque están los “Cascos Blancos” una ong financiada abiertamente por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y otros Estados enemigos de Damasco como Turquía. Desde allí llega la versión que un helicóptero arrojó un barril de gas sarín contra un suburbio y al menos unas 70 personas habrían sido asesinadas por el Gobierno de Al Assad. Esta organización con supuestos fines humanitarios es denunciada como un “caballo de troya” para las fuerzas de occidente. Lo mismo ocurrió el 2013 en la llamada “masacre de Guta”, cuando se comprobó que proyectiles químicos asesinaron a un número que osciló entre 350 y 1400 personas, pero nunca se pudo investigar desde donde habían provenido los disparos. El común denominador entre ambos hechos es la poca claridad con los datos, la falta de investigación y la inmediata respuesta de los Estados Unidos para intervenir en la guerra Siria.

En la “masacre de Guta” el ataque se da en medio de bombardeos, sin embargo, nunca se pudo demostrar la responsabilidad de Damasco en la acción. Incluso la misión de la OPAQ que debía investigar fue retenida durante días antes de hacer su labor. Algo similar ocurrió en Duma, porque el 14 de abril, cuando bombardearon los “aliados”, una comitiva de la OPAQ debía iniciar la investigación para determinar si hubo ataque químico. Mientras médicos zonales advirtieron que no habían atendido a heridos con síntomas que den cuenta de tal ataque. Las acusaciones de intentos de destrucción o implantación de pruebas en el lugar de los hechos partieron de las usinas de ambos bandos enfrentados.

La primera cuestión que surge es: ¿por qué el Gobierno de Damasco bombardearía la ciudad de Duma con agentes químicos sabiendo la reacción internacional y la siguiente represalia bélica? ¿Cuál sería el beneficio de agitar el avispero en una guerra que ya tiene controlada?. Según el director de salud de la provincia de Idlib, tales tácticas tienen como objetivo demostrar la impunidad del gobierno y desmoralizar a sus enemigos. Sin embargo, teniendo un panorama general, un ataque químico de parte de Al Assad no encuentra razones lógicas en el plano militar: en la instancia en que se encuentran los enfrerntamientos no existe motivo para abandonar las armas convencionales y disparar proyectiles químicos. Aunque los opositores al régimen continúan diciendo que tiene por fin generar terror en la población. Mientras, el ministro. Walid al-Moallem declaro que “el ejército sirio no ha usado ni usará este tipo de armas, no solo contra nuestra propia gente, sino incluso contra los terroristas que atacan a nuestros civiles con sus proyectiles de mortero".

Se acrecientan dudas cuando se observan las imágenes del pasado 14 de abril contra los objetivos bombardeados por los cohetes de los aliados; instalaciones en escombros donde se investigaban o almacenaban armas químicas, en ellas se ve a los rescatistas y bomberos no usar ningún tipo de protección. Las armas químicas a pesar de ser destruidas mantienen su peligrosidad contaminante. Todavía en Europa cuando se hallan viejos proyectiles químicos de la Primera Guerra Mundial, resulta arriesgado extraerlos por su residuo toxico. Incluso, continúan siendo letal el material químico que los ejércitos descartan en la profundidad del mar.

El ataque sobre el centro de investigación en Barzeh, el supuesto arsenal químico y la base militar situados en las proximidades de Homs habrían ya habían sido inspeccionas por la OPAQ, en el desarme que habían acordado con Damasco en el 2013 luego de las acusaciones de su uso en Guta.

Inmediatamente Trump salió a festejar el ataque que se realizó sin el consentimiento del Congreso, ni la aprobación del Concejo de Seguridad de la ONU, "la Misión está cumplida y los resultados no hubiesen podido ser mejores", declaro en las redes sociales, mientras recibía el apoyo de los “aliados” entre ellos el beneplácito de Mauricio Macri.

Mientras, Rusia a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, denunciaba a Estados Unidos y a sus aliados de bombardear sin esperar a que las organizaciones competentes investiguen las acusaciones de un ataque con armas químicas por parte del Gobierno en Damasco. La misma situación sucedió durante las denuncias de ataques en las ciudades de Jan Sheijun.

El embajador ruso en Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, destacó ante el Consejo de Seguridad de ese organismo internacional que en los hospitales de Duma no hay pacientes con síntomas de intoxicación ni hay pruebas de suelo que delaten el uso de sarín o cloro.




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