16 de marzo de 2018

Géneros

Karina Bidaseca: “El inicio del fin del patriarcado está mostrando un patriarcado furibundo”

Doctora en Ciencias Sociales y especialista en en estudios poscoloniales, la académica argentina Karina Bidaseca plantea las formas extremas de crueldad de los feminicidios como una reacción a un cambio de paradigma. Por El Salto


El 8M te pilló aterrizando en Madrid. ¿Cómo has vivido la huelga feminista?

Mi impresión es que fue fantástica, multitudinaria y plural. Me impactó esta agenda feminista que está mostrando un cambio paradigmático, con generaciones jóvenes presionando en las reivindicaciones de la huelga. Pero también es interesante ver ciertas posiciones dentro del feminismo, como los feminismos negros o las posiciones de Afroféminas que fueron muy provocadoras y que también a mí me interpelan muchísimo.

El feminismo se está mostrando como un gran movimiento de mujeres plural, donde se escuchan las voces que han sido silenciadas por un feminismo más hegemónico, llamado feminismo blanco por las compañeras afrodescendientes. Luego me ha parecido muy impactante la posición de las kellys. De hecho tanto con Afroféminas como con las kellys he participado en las Universidad de Baleares en una jornada y me parece que llevan una agenda increíble.

Entonces, ¿ves esas tensiones como una fortaleza?

Exactamente. Esto no lo veo como una debilidad sino que creo que la posición que están tomando las compañeras supone un cambio paradigmático en la agenda feminista y esto hay que saberlo leer. Porque durante décadas las mujeres racializadas han sido representadas por una voz unívoca, un feminismo sin respeto por las diferencias entre las mujeres.

En los años 80 ya hay un quiebre con las mujeres de color en EE UU, pero también en América Latina con Lelia González, una de las grandes afrofeministas brasileras. Ella dice: “aquí estamos nosotras, mujeres, y no somos las garotas for export, las mujeres hipersexualidzadas de esos imaginarios racistas coloniales sexistas, sino que estamos agenciando nuestros cuerpos, agenciando nuestras posibilidades de emancipación”. Y eso es en los años 60, o sea, no es ahora.

Lelia González en los años 80 ya advierte de que el lugar de las madres negras, el lugar de nuestras niñas, es un lugar subalterno. Es un lugar donde las mujeres padecen esta triple subordinación por género, raza, clase… y triple y cuádruple por etnicidad, sexualidad…

La gran contribución del feminismo negro es justamente aportar una herramienta tan importante como es el concepto de interseccionalidad, el decir: la clase no es por sí sola la que nos va a ubicar en una estructura social sino que hay una intersección entre clase, género y raza que hace que nuestras opresiones se dupliquen o tripliquen. El proceso viene de largo y ha sido interrumpido por ciertos procesos que han sido en América latina los procesos dictatoriales, el avance de las derechas.

Necesitamos llevar a cabo un registro de feminicidios para dar cuenta de un genocidio y de una sistematicidad de esos crímenes

El #NiUnaMenos argentino ha sido una referencia constante en el proceso de la huelga feminista. ¿Qué ha supuesto en Argentina?

El #NiUnaMenos fue un gesto fundacional de un nuevo movimiento de mujeres donde lo que se abre es un compromiso visceral de todas y de gran parte de la sociedad que está acompañando al movimiento, y que está sensibilizando de la temática de la violencia contra las mujeres. También porque hay un vínculo muy fuerte con México, para nosotras Ciudad Juárez es el emblema de este movimiento #NiUnaMenos, aunque en México es muy interesante que se llame “ni una más”.

Pero no se trata solo de un tema de cuentas, sino de una necesidad de contar en el doble sentido de una cuenta numérica, porque necesitamos llevar a cabo un registro de feminicidios para dar cuenta de un genocidio y de una sistematicidad de eso crímenes y, por otro lado, porque necesitamos justamente narrarlo, contar, relatar. Estamos construyendo así una política de una memoria de los feminicidios, y eso se da en toda américa Latina.

Aquí la violencia de género suele identificarse con la violencia en pareja. Este concepto de feminicidio como genocidio de mujeres, ¿falta en el análisis?

Sí. Para América Latina el concepto de feminicidio se conoce fundamentalmente por la discusión de México y de la polémica que entablan diferentes posiciones acerca de si cuanto estamos ante asesinatos de muchas mujeres, como es el caso de Ciudad Juárez y del fallo del Campo Algodonero, se trata o no de un crímenes supuestamente aislados. Ahí ha dado mucha discusión y finalmente triunfó la posición del feminicidio.

Para nosotras #NiUnaMenos representa comprender que estos cuerpos femeninos y feminizados son encontrados con huellas de tortura —vaginas cortadas, destrozadas con elementos cortantes, con piedras dentro de las vaginas en el caso de las mujeres africanas en el Congo— en lugares en los que las mujeres están viviendo una lucha territorial con las corporaciones transnacionales y con los grupos terroristas.

Cada vez más, los escenarios de conflicto armado se vuelven guerras difusas en las que las mujeres suelen ser botines de guerra. Pero también hay parámetros en común que nos permiten hablar de que cuando una mujer es encontrada asesinada por una expareja, o por un familiar, en las formas de crueldad con la que se encuentran… entonces también hablamos de feminicidio.

También hablamos de feminicidio, y lo elevamos a la categoría de genocidio, pese al fuerte rechazo del Poder Judicial a tipificarlo así, a lo que se conoce como las mujeres quemadas con ácido en Colombia. Son mujeres cuyo rostro es borrado, y si estamos ante un borramiento de rostro estamos ante un borramiento de identidad, por lo cual entraría dentro de la definición de Lemkin [Rapahel Lemkin, impulsor del reconocimiento del genocidio como delito internacional].

Por eso apelamos a que sí estamos frente a grados de sistematicidad: lo muestran lo datos y lo muestra la crueldad con la que se han encontrado los cuerpos, y también lo muestra la apelación a la necesidad de apelar a un apolítica de la memoria, de que esos crímenes no prescriban y que los responsables son los estados porque deben garantizar la vida de las mujeres en condiciones de libertad, igualdad y dignidad.

¿Qué ocurre con esa crueldad cuando se cruza con el factor de la raza?

Cuando hablo de raza y de cuerpos racializados la lectura proviene un ejercicio intelectual de ubicarnos en procesos colonizadores. La fase actual del capitalismo, dice el gran geógrafo David Harvey, es una fase de capitalismo por desposesión. El capital avanza desposeyendo territorios, desposeyendo cuerpos y afectando esos cuerpos, y además, afectando esas muertes, que es lo que Mbembe llama la “necropolítca”.

Esa es la tesis de mi nuevo libro, La revolución será feminista o no será, que trabaja sobre cómo los guiones de los fundamentalismos culturales, políticos e ideológicos se escriben en estos cuerpos feminizados encontrados con la crueldad que se los encuentran.

Es comprender también que son cuerpos racializados, porque cuando la raza se comprende como un dispositivo que para América Latina significó un proceso de conquista y colonización donde ese dispositivo justifica que la humanidad es clasificada en dos, humanos y no humanos. Los humanos se corresponden con los varones blancos burgueses y mujeres blancas burguesas, porque juntos van a reproducir al capital y la raza blanca, y los subhumanos o no humanos en realidad lo conforman las poblaciones desposeídas: indígenas, afrodescendientes, mujeres y varones, que conforman la no humanidad.

Esto quiere decir que tan así como el feminicidio aparece no puede ser explicado si no lo entendemos estructurado racialmente por un capitalismo que actúa justificando esas muertes a partir de una clasificación de humanidad o no humanidad.

Recuperar la memoria es una lucha constante con el Poder Judicial, que es un poder misógino y patriarcal.

¿Qué obstáculos encuentra la recuperación de la memoria?

Recuperar la memoria es una lucha constante con el Poder Judicial, un poder misógino y patriarcal, donde hay un retraso a toda capacitación por género, y una lectura muy conservadora de lo que se entiende por una mujer, en singular. Estas son las batallas que tenemos contra ese poder que, además, cuando uno llega a ciertas provincias y el propio poder judicial provincial desconoce o que significa “feminicidio”, cuando la Ley de 2012 lo tipifica. Entonces cuando aparece una mujer asesinada, por más que aparezca con huellas brutales, se pone homicidio, pero no se reconoce aún la carátula feminicidio. Por eso estamos ante un subregistro y es es uno de los grandes obstáculos que también tenemos.

Hablas de batallas. La condena a dos militares por el caso de Sepur Zarco en Guatemala es una batalla ganada. ¿Se están ganando otras?

Sepur Zarco es un parteaguas en la historia de la luchas de las mujeres indígenas. Es un testimonio a viva voz de un silenciamiento atroz por el cual han pasado esas mujeres indígenas subordinadas, subalternizadas a los mandatos militares y otro tipo de mandatos patriarcales, hasta que esa voz logra un espacio de enunciación y de escucha, y se llega a responsabilizar al Estado de Guatemala, es un hito histórico.

Eso no sucedió, por ejemplo, en el fallo del Campo Algodonero en México, donde no se alcanza a un a reconocer feminicidio como una tipificación y además el Estado no se responsabiliza porque, según el argumento, no se encuentran agentes del Estado en los lugares donde las mujeres fueron asesinadas.

Por eso Sepur Zarco es un hito histórico, como lo es para Argentina el que las víctimas de la dictadura cívico militar logren exponer su caso, después de 40 años de ser silenciadas, y de ellas no haber comprendido que los vejámenes en los centros de deportación y tortura eran crímenes de lesa humanidad. Fueron pioneras en esa batalla que liego toma Chile. Son batallas que se van alcanzando: “ni una más” en México, #NiUnaMenos en Argentina, la huelga mundial de mujeres… va resonando y replicando en otros contextos.

Hablas muy optimistamente de un “fin del patriarcado”. ¿Lo ves cerca?

Hablo de un inicio del fin, yo no sé si yo lo voy a ver. Es muy provocador y esperanzador, y creo que se va a alcanzar. Estamos trabajando para que las jóvenes tengan una vida mejor que la nuestra, es un legado generacional. Hace siete años que vengo trabajando en dos investigaciones en paralelo: una es sobre feminicidios y otra sobre vulnerabilidad de los cuerpos afrodescendientes de la trata esclavista. Empecé a reunir los hallazgos de una y de otra, y ahí empecé a comprender la lógica de esa colonialidad del poder y del género.

La esclavitud es tan antigua como la humanidad. El proceso que habilita la conquista y la colonización de América ha tomado la raza como el dispositivo por el cual esos cuerpos van a ser clasificados como no humanos. Si esos cuerpos son esclavizados, yo soy el amo y tú el esclavo, yo objetivo, lo convierto en una cosa, le quito el nombre, lo bautizo con un nuevo nombre, lo someto a trabajo esclavo, a la trata, le quito todos los derechos y termina siendo un objeto de mi pertenencia... Es algo similar a lo que ocurre con las mujeres feminizadas: cuando esa mujer es asesinada, ese varón se convierte en el amo, ha tomado el control de la vida de esa mujer, como se siente dueño de ese cuerpo lo puede exterminar.

La trata de mujeres es eso, un nuevo proceso de esclavitud. Que haya finalizado el sistema esclavista no significa que lo haya hecho la esclavitud, de hecho Sepur Zarco ha dado mucho que decir sobre cómo esas mujeres indígenas han sido sometidas a procesos de esclavitud sexual.

Por eso yo ayer citaba a Anna Harendt, que decía que el sistema totalitarista lo que hace es crear seres superfuos, y esos seres que crea son seres sin pensamiento. El pensamiento es el último bastión de soberanía de nuestro cuerpo, cuando nos lo quiten ya nos seremos más libres. Mientras ese pensamiento tenga posibilidad de liberación toda esperanza va a estar fundada.

Las mujeres han soportado siempre tratos muy crueles de los varones, lo que diferencia este nuevo tiempo, como dice Rita Segato, es justamente esa crueldad

En uno de tus textos hablas de un “patriarcado furibundo”. ¿Hay una reacción ante ese posible inicio del fin del sistema patriarcal?

Esa justamente es la tesis que yo trabajo. El inicio del fin del patriarcado lo que está mostrando es un patriarcado furibundo. Las mujeres han soportado siempre tratos muy crueles de los varones, lo que diferencia este nuevo tiempo, como dice Rita Segato, es justamente esa crueldad. Se encuentran las mujeres asesinadas en los hogares y los rastros de eso cuerpos, las lecturas que hay son de crueldad extrema.

Tenemos muchas proximidades entre guerras que se están librando por recursos naturales en el Congo, con mujeres sometidas a tratos muy crueles —como se ve en el famoso vídeo de Ouka Leele Un banquete cruel. PourQuoi?— y cómo son encontrados asesinados en otros países, en escenarios que se dan en llamar guerras difusas, guerras por el narco por ejemplo. El feminicidio es la punta del iceberg que está dando cuenta de esa extrema crueldad de este patriarcado extractivista, estructuralmente racializado.

Estás aquí como ponente en un curso sobre feminicidio. ¿Qué tres autoras crees que son claves para entenderlo?
Rita Segato, Marcela Lagarde, Kimberly Crenshaw, Diana Russel, Julia Monárrez...




¿Un mensaje, un comentario?

moderación a priori

Este foro es moderado a priori: tu contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién eres?
Tu mensaje
  • Para crear párrafos, deje simplemente líneas vacías.