1ro de febrero de 2018

NOA
Derechos Humanos

Oscar Delgado: “Tiene que ser más fuerte la indignación por lo que está sucediendo”

El pasado domingo 28 de enero se realizó en el Parque Centenario, Ciudad de Buenos Aires, un festival por el desprocesamiento y la libertad de todos los detenidos por protestar contra la reforma jubilatoria en diciembre. Allí dialogamos con Oscar Delgado, miembro de la organización de derechos humanos CAPOMA de Jujuy y comunicador popular de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA), detenido y procesado por la represión sufrida el 20 de diciembre por trabajadores del Ingenio La Esperanza. Conversamos sobre la situación social y represiva en las provincias del noroeste. Por ANRed / Imagen: Rosana de Fotografía a pedal.


“Somos una agrupación que tomamos el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Tenemos mucho contacto con Norita Cortiñas y Mirta Baravalle. Tomamos esa dirección de ser independientes, autónomos. No pertenecer ni a gobiernos ni a partidos políticos y siempre estar con las luchas y los reclamos populares. Venimos con la historia de las Madres, los sobrevivientes, ex presos y familiares de desaparecidos que comenzaron con las marchas reclamando por la impunidad del Ingenio Ledesma y sus dueños en la época de la dictadura, los Blaquier, y que continúan para que se enjuicien a los responsables civiles de la dictadura cívico - militar con la que hay continuidad actualmente”, detalló Delgado al referirse al origen del Centro Acción Popular Olga Márquez de Arédez (CAPOMA). El miembro de la RNMA se hizo prsente en el festival por el desprocesamiento de César Arakaki, Dimas Ponce y todos los detenismos en las movilizaciones contra la reforma previsional.

Ingenio La Esperanza

“En el Ingenio La Esperanza en San Pedro, Jujuy, durante todo el año pasado el gobierno de Gerardo Morales no puso en claro cómo apoyaba que siguiera produciendo con tranquilidad para los trabajadores, cuando esa fue su promesa de campaña electoral en 2015”, denunció. Delgado explicó que “este Ingenio tiene una historia de 20 años al borde de la quiebra y donde la parte administrativa es manejada por el Estado provincial (distintos gobiernos desde entonces hasta la actualidad) y la parte productiva la manejan los trabajadores. Es un Ingenio de 70 mil hectáreas en el que se siembra la caña de azúcar y que sigue llegando a cuota de producción y a veces la supera. Genera así fuentes de trabajo para la segunda ciudad de Jujuy. Hay más de 900 trabajadores en el Ingenio La Esperanza y es un motor económico que le da vida a la zona”.

El comunicador y militante de derechos humanos afirmó que “la oferta del gobierno era que se tenía que reducir la planta de trabajadores, pero les ofrecían trabajar dentro del Estado. Empezaron con un sistema de 100 puestos de trabajo y hasta hoy se concretaron diez y cobrando menos de la mitad de lo que actualmente están cobrando en el Ingenio. Entonces ahí ya hay una incertidumbre. Después, a fines de noviembre se despidieron 340 trabajadores. Hubo casi dos meses sin cobrar los sueldos cuando la zafra ya estaba prácticamente terminada. Hay mucha incertidumbre por el futuro, gente que está a punto de jubilarse no sabe si se le va a reconocer la antigüedad”.

Represión

“El gobierno jujeño faltó completamente a su palabra. Se hicieron diferentes marchas durante 2017, reclamándole al gobierno respuestas, dialogo por esto y no hubo nada. Eso decidió el corte de ruta que empezó varios días antes del 20 de diciembre. Como por única respuesta el gobierno metió una denuncia por robo de maquinaria (los trabajadores manejan todo el tiempo la maquinaria para producir y para el corte fueron con algunos tractores y un camión), la gente decidió ir a un corte de ruta más adelante en el puente sobre el Río Grande, pasando igualmente por caminos que las mismas fuerzas policiales iban desviando. Ahí es donde el 20 de diciembre nos estaba esperando un dispositivo muy grande de la policía de toda la provincia con más de 300 o 500 efectivos. Se produce el choque y la represión policial de una manera muy brutal. Vimos varios heridos. La mayoría de los heridos de bala de goma tenía heridas en la cara. Incluso vimos bombas de gas lacrimógeno yendo directo a las cabezas, por suerte no le pego a nadie. Sabemos que eso fue lo que mató Carlos Fuentealba y que días antes, en la protesta de Congreso, una persona quedó con el cráneo hundido por una de esas bombas”, advirtió.

De acuerdo a Delgado “después de la represión, cuando ya nos estábamos retirando, se produce la cacería donde se distribuyen en abanico todas las fuerzas policiales. Estaba desde la caballería que avanza con látigo, los cuerpo GEO con tropas ya militarizadas (tropas de asalto), la infantería policial y los agentes comunes. Toda policía provincial, pero con un criterio de militarización. Tienen conducta militarizada y eso ya es bastante grave porque están apuntando a la persecución de la protesta social de los trabajadores y no a la supuesta delincuencia que ellos dicen combatir. Se produce esta cacería donde caemos 25 trabajadores. Fuimos con otro compañero de nuestra agrupación de derechos humanos a cubrir y a acompañar los reclamos populares. Fuimos detenidos de la peor forma tirados en el suelo y esposados. También a gente mayor, con heridas bastante graves, le pasó lo mismo. Cuando estábamos tirados en el suelo y esposados en la espalda se empieza a producir la golpiza. A mí me abrieron la ceja izquierda con golpes en la cabeza, patadas en el estómago y hematomas en la espalda. Al señor Arroyo, que tenía heridas profundas (cortes) en las rodillas e incluso golpes de Ithaca en las costillas, le metieron patadas en los ojos (se los dejaron rojos)”.

“En el medio del jaleo se me cayó la credencial de prensa, pero en el momento de la detención, todo el tiempo desde que se me tira encima el primer policía, decía “soy de prensa y de derechos humanos”. Cuando me encargaron al móvil se los seguía diciendo. No sólo no importó, sino que la respuesta era la golpiza”, denunció.

La cárcel

“Siempre con mentiras. Nos decían que íbamos a estar 24 horas por averiguación de antecedentes y se produce, sin informar a los familiares ni a las organizaciones, un traslado a las 12.30 de la noche cargados en un camión con furgón, amontonados como animales, precintados con las manos hacia atrás en la espalda. Muchos de los ex presos de la dictadura nos decían que les recordaba aquella época, de cómo los cargaron en la Noche del Apagón, que fue famoso y donde el Ingenio Ledesma intervino facilitando los vehículos y proporcionando la lista de gente a secuestrar”, contó Delgado.

“Así anduvimos en medio del campo y de la oscuridad, sin golpizas pero tratados bruscamente. Nos trasladaron a la jefatura policial primero y después al penal de Alto Comedero. Allí pasamos nueve días presos con acusaciones más serias. Tenemos una causa abierta justamente por daño agravado y atentado y resistencia contra la autoridad, sólo por una protesta por los derechos de los trabajadores. Nosotros como una organización de derechos humanos y comunicadores queríamos acompañar para que se escuchen las voces”, remarcó.

El comunicador añadió que estuvo preso nueve días: “Primero liberaron un grupo de 21 trabajadores el día de Navidad y quedamos cuatro: dos dirigentes sindicales (Bautista y Juárez), un hijo de un trabajador que también estuvo preso y fue liberado, y yo. Decimos que es claramente una persecución política, porque nuestros compañeros del Grupo CAPOMA ya habían sido imputados unos diez días antes por el corte de ruta de los trabajadores del Ingenio Ledesma del 28 de septiembre, luego de 24 días de paro. Entre esa gente que estuvo en el corte de ruta en Ledesma hay como 20 imputados, tan sólo por acompañar a los trabajadores. Claramente hay una persecución a los trabajadores que se organizan y protestan, además de a medios de comunicación popular o de otras organizaciones que se solidarizan con los reclamos. Eso es algo inadmisible que suceda en democracia y más de la forma en que nos han tratado reeditando prácticas dictatoriales. Ese día que nos cargaron en el camión, nuestros compañeros se enteraron como a las 2.30 de la mañana por gente que lo había visto. Inmediatamente, en medio de la madrugada, estaban desesperados por saber a dónde nos llevaban (con gente malherida y mayor con problema de presión), porque no informaron a nadie. Podría haber pasado cualquier cosa como un paro cardíaco. No tuvimos atención de primeros auxilios, ni limpieza de herida, ni nada”.

“Solamente cuando llegamos al penal empezó ahí un poco la atención, debido a toda la movilización de protesta de las organizaciones que acompañaron tanto desde Jujuy y Salta como desde todo el país. En la cárcel, en principio estaba el tema de la incertidumbre, no saber qué te va a pasar. Eso es algo que te hace pensar mucho, con tu familia afuera preocupada. Tenemos que reconocer que el trato del grupo penitenciario fue correcto, con respeto. Sólo una noche hubo una especie de abuso, creemos por digitación de la policía provincial de Jujuy. Nos despertaron pasadas las 12 de la noche, cuando ya a las 10 nos entraban a la celda y quedamos durmiendo hasta las 6.30 de la mañana. Nos despertaron de improviso con una requisa como la que hacen muchas veces a los presos comunes. Una requisa bastante brusca donde te hacen desnudar, te tiran todas las cosas y nos hacen pasar y dicen ‘bueno, vayan en fila que los está esperando la policía’. No sabíamos a qué atenernos. Ahí nos traen una nota donde nos notifican que pasamos de la condición de ‘demorados’ a ‘detenidos’. Eso fue a la segunda noche que estábamos en el penal de Alto Comedero. El horario, todo, con la función de intimidar, amedrentar”, señalo el periodista.

Contexto social y represivo

“Es fundamental visibilizar la situación y la gravedad de las cosas que están pasando, tanto en Jujuy como en Salta. Otro caso: el 1 de enero la policía de Salta mató a Nahuel Salvatierra de 17 años en el barrio Solidaridad. Un caso de gatillo fácil en el que estaban vestidos de civil, fuera de su horario de servicio. Lo fusilaron directamente en la calle y, no conformes con ello, cuando los amigos y familiares de este chico le hicieron una gruta en homenaje a los dos días de la muerte en el lugar donde lo mataron y estaban reunidos, cortaron la luz como en la época de la dictadura y aparecieron cuatro móviles de infantería, siete patrulleros policiales y empezaron a reprimir a la gente. Balazos de goma, golpes y hasta mataron un perro de una familia de esa cuadra amenazando que ya se habían llevado uno y podían llevarse otro”, relató.

Según Delgado, “las fuerzas de seguridad se sienten muy avaladas y que pueden hacer cualquier cosa impunemente. Esto es grave que siga pasando en democracia. El 8 de enero hubo una movilización bastante masiva en ese barrio Solidaridad que representa actualmente lo que está pasando en el norte. Por ejemplo, la persecución a los pueblos originarios. En Formosa, el 1 de enero hubo una represión donde hirieron a nenes wichis. Aun hoy hay mujeres que fueron heridas en esa represión y ahora me entere que hace unos días hospitalizaron a una de ellas porque tiene secuelas de esas heridas. Y esto no trasciende en las grandes ciudades. En el norte prácticamente estamos ante un Estado de sitio, casi dictatorial. Esto está siendo avalado por los gobiernos provinciales y apoyado por un gobierno nacional en plena escalada represiva y de persecución contra los trabajadores, los campesinos y los pueblos originarios”.

“Hoy el Ingenio Ledesma sigue presionando a sus trabajadores. Hay una persecución política. Despidieron a 30 trabajadores en diciembre y la mayoría de ellos estuvieron en el paro de 24 días. Lo mismo en el Ingenio Tabacal, que tiene una especie de acuerdo con el Ingenio Ledesma. El Tabacal es una multinacional norteamericana, la Seaboard Corporation, y que despidió a 81 trabajadores. También el cierre del Ingenio San Isidro en Salta. Hay como una política de concentración de estos grupos oligopólicos y de persecución a la organización de los trabajadores, intentando acallar sus voces para ellos seguir concentrando las riquezas y que los sectores de abajo se la banquen callados. No puede ser que esto hoy esté pasando en el siglo XXI. Así que desde ese lugar acompañamos la unidad de las luchas entre el ayer y el hoy, porque hay una continuidad, que se escuchen nuestras voces, que podamos decidir nuestro destino, y no lo hagan estos grupos feudales y monopólicos del norte como el gobierno de Macri, que consideramos está digitado por el Fondo Monetario Internacional y las grandes potencias del Hemisferio Norte que quieren decidir sobre nuestro país”, caracterizó.

Delgado no sabe “si ellos pensarán que con esto inmovilizarán la lucha, en alguna gente quizás lo consigue, pero creemos que tiene que ser más fuerte el tema de la indignación por estas cosas que están sucediendo. No tenemos que arredrarnos, sino que defender nuestros derechos que por algo se ha luchado por décadas por ellos, mucha gente derramando su sangre y esfuerzo. Como sea, tenemos que defender el Estado de Derecho que está en la Constitución Nacional y no puede que nos quieran retrotraer a principios del siglo XX o XIX para que los privilegios los disfruten unos pocos y nosotros desde abajo les estamos bancando todo eso con sacrificio”.

“La causa sigue. Ahora está la feria judicial, pero seguimos imputados como muchos otros compañeros por otras luchas. Lo que queda es hacer los reclamos legales para pedir el desprocesamiento o la absolución, porque lo único que se estaba defendiendo ahí era el derecho a una vida digna, protegido por la Constitución, y a acompañar esos reclamos, lo que es nuestra función. Ahora estamos con todas las organizaciones que están sufriendo lo mismo para fortalecernos y apoyarnos mutuamente en el sentido de que se cumpla el Estado de Derecho”, contó el militante y comunicador.

En relación a su visita a la ciudad de Buenos Aires, Delgado comentó que “en este viaje, como siempre, mantenemos el contacto con todas las organizaciones nacionales, incluso latinoamericanas y hasta hermanas de otros lugares del mundo para mínimamente defender nuestros derechos, consolidarlo y tratar de construir una sociedad más digna. Desde ese lugar es la lucha por los derechos humanos. No es como ese discurso que han tratado de meter por los medios masivos, y lamentablemente difunde la gente, de que ‘los derechos humanos defienden delincuentes’. No, todos tenemos derecho a una vida digna y el Estado tiene que garantizar eso, no para perseguir a la gente y en especial a la más humilde y vulnerable. Desde ahí nos hermanamos con todas las organizaciones que están en situaciones iguales, como las de la Patagonia, donde pasaron los gravísimos casos de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel, asesinatos terribles que pasaron en democracia y con la participación directa de las fuerzas de seguridad en operativos represivos”.




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