31 de enero de 2018

Internacional

Los mensajes de Puigdemont: ¿Final de la Catalunya Republicana?

La prensa española ha filtrado un cruce de mensajes de Whatsapp entre el ex “President” Carles Puigdemont, y el ex “Conseller” Toni Comín, donde el mandatario reconoce el “fin de la Catalunya Republicana”. Por Santiago Torrado para ANRed.


La lucha política entre el estado Español y Catalunya se ha convertido en las últimas semanas, y tras la victoria independentista en las elecciones del 21-D (impuestas por el ejecutivo español que disolvió el gobierno “separatista” y encarceló a casi todo el gobierno), en un sainete kafkiano.

Un gabinete de gobierno encarcelado y un presidente a la fuga en Bélgica, donde se encuentra la sede del parlamento europeo, garantía democrática suprema del derecho a la autodeterminación de los pueblos, el estado de derecho, etcétera. Pues nada de eso.

Europa aplaude maravillada la “resolución” del “conflicto” catalán, zurcida a medio camino entre la ocupación policial y la represión, la disolución e intervención de las instituciones, y una brutal campaña mediática contra todo lo que oliera a independentista, aunque no lo fuera.

“Esto se ha terminado, nos han sacrificado” reza el mensaje del ex mandatario tras el fracaso de ayer en la sesión del parlamento catalán, donde debía ser investido nuevamente como presidente, lo que finalmente no sucedió, según Esquerra Republicana porque “No hay plan de gobierno, no sabemos que composición tendría el ejecutivo” (elPeriódico, 30-1).

"El plan de Moncloa triunfa. Solo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque si no, el ridículo histórico, es histórico..." añade. (El País, 31/1)

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El teléfono del ex Conseller Toni Comín recibiendo los mensajes del ex presidente.

Se abre un panorama desfavorable: fisuras en el bloque legislativo soberanista, presidentes y consejeros fugados, militantes sociales y dirigentes políticos encarcelados, el ejecutivo y la monarquía brindando con cava (seguro catalán), el inicio de una vergonzosa capitulación política.

No obstante, hay un elemento que no podemos dejar pasar por alto: la persistente, tozuda e incontenible movilización popular que sigue ostentando banderas “estelades” y consignas por la emblemática ciudad condal. A pesar de la probable deserción (anunciada para algunos) del ala conservadora del independentismo, la clase trabajadora catalana no renuncia a su proyecto político, pues mientras las fisuras políticas entre partidos daban lugar a los mensajes de marras, los manifestantes que habían acudido a la investidura decidieron irrumpir en el Parque de la Ciudadela, aledaño al congreso, a pesar de la represión de los Mossos d’Esquadra.

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Tras el anuncio de suspensión del pleno de investidura, los manifestantes coparon el palacio de gobierno. Foto: Jordi Borras.

Con el mismo énfasis salieron masivamente a votar el 1º de octubre, organizaron los piquetes de las dos huelgas generales posteriores, aguantaron las intervenciones de las instituciones, la prisión y las elecciones impuestas. En definitiva, el independentismo catalán como tendencia histórica no depende tanto de su dirección política circunstancial, como de la firme voluntad popular de ser libres.




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