22 de diciembre de 2017

Trabajadoras/es

La CGT en su laberinto: crisis y disputa de estrategias

El triunfo electoral de Cambiemos aceleró la puesta en marcha de un paquete de reformas regresivas. En contraste con la actitud triunfalista de los funcionarios, la imposición de cada una de esas medidas enfrentó oposiciones y resistencias varias, la mayor parte previsibles, que transcurrieron por los carriles habituales. La discusión parlamentaria de la Reforma Previsional catalizó un descontento popular difícil de pronosticar mirando solo el resultado electoral. La conducción de la CGT entró en una crisis terminal que expresa discrepancias de tácticas frente a las políticas del Gobierno. Por Julia Soul para ANRed


Movilizaciones masivas que el jueves 14 hicieron fracasar la sesión legislativa y el resurgimiento de los cacerolazos como modo de protesta en las principales ciudades del país, evidenciaron la desaprobación que estas medidas causan entre la población. Al mismo tiempo las movilizaciones fueron el escenario de operativos represivos de gran magnitud, que suman un motivo más a la necesidad de dar pelea por las libertades democráticas.

Esta batalla dejó varios heridos políticos. La conducción de la CGT entró en una crisis terminal que expresa discrepancias de tácticas frente a las políticas del Gobierno. Desde su conformación, el Triunvirato que conduce la central obrera ha mostrado serias limitaciones en la construcción de posiciones taxativas frente a una política que, a todas luces, avanza sobre las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora. En los inicios de la gestión macrista y bajo los argumentos de la gobernabilidad, la CGT – en contraposición con lo que había ocurrido hasta ese momento y en consonancia con las sugerencias papales - articuló su programa en torno “a los desocupados, los excluidos y los trabajadores informales” y la ley de Emergencia Social.

Iniciando el segundo año de gestión de Cambiemos, la CGT se vio obligada a realizar medidas de fuerza “por un plan económico que nos incluya a todos”, que convocó erosionando todo los posible el potencial disruptivo de la movilización. Un dato clave –como lo demostraron la concentración sin paro del 7 de marzo y los paros del 6 de abril y del 22 de agosto - es que la central sindical sigue conservando poder de movilización sobre importantes sectores de la clase trabajadora. Esas demostraciones dejaron en claro una disposición a la movilización y a la lucha defensiva por parte de sectores más amplios de la clase trabajadora.

La discusión de la Reforma Laboral se vio truncada, a pesar de la morigeración de parte del programa del Gobierno, cuando la conducción de la CGT – con sus diferentes terminales políticas en los bloques parlamentarios - no explicita cabalmente su apoyo al proyecto. La crisis consecutiva - alimentada por dos movilizaciones articuladas por núcleos sindicales y políticos vinculados con la Corriente Federal de la CGT y las CTAs y por el SUTNA, ATE nacional y otros - se desata en la coyuntura de la Reforma Previsional y evidencia un cisma que no es nuevo en la central obrera: la división entre “dialoguistas” y “confrontacionistas” en relación con las tácticas frente a gobiernos conservadores caracterizados por las políticas regresivas hacia los trabajadores.

Es así que el alejamiento de Francisco “el Barba” Gutierrez, y con él de la UOM, de la conducción de la CGT se produce en reclamo de una estrategia decidida de la central en defensa de un modelo productivo expresa las posiciones más confrontativas y dispuestas a la movilización; mientras que los “Gordos” y los “Independientes” siguen reclamando posiciones dialoguistas y se oponen terminantemente a la implementación de medidas de fuerza. Desde ambos polos, se erosiona la legitimidad de la conducción de la CGT, como fue evidente con el no acatamiento del paro por parte de los principales sindicatos alineados con los “Gordos”. Esta crisis “por arriba” empalma – con la mediación de alineamientos políticos y parlamentarios – con la agitación y movilización “por abajo” y defensiva, en los lugares de trabajo y en los barrios como continuidad de procesos organizativos que se fueron desarrollando previamente.

La crisis desatada por la aprobación de la Reforma Previsional hace visible la existencia de sectores dispuestos a la confrontación al interior de la CGT. Esta situación, sostenida por el proceso de protesta y movilización en curso, mejora las condiciones para la organización y la articulación de acciones defensivas para la clase trabajadora. Si el desarrollo de las acciones “por abajo” implica, además, la tendencia a suturar la dispersión y la fragmentación que atraviesan a la clase, crece el potencial para avanzar en la recomposición de fuerzas necesaria para consolidar la resistencia.




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