5 de diciembre de 2017

Derechos Humanos

La hija que dos jóvenes universitarios nunca llegaron a conocer

Los padres de la nieta recuperada 126 estudiaban Ingeniería en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y formaban parte de Montoneros cuando fueron secuestrados por los militares. Ella estaba embarazada de siete meses, pero su beba fue ilegalmente apropiada al nacer. Hoy, recupera su verdadera identidad. Por ANRed


Hace apenas dos meses, la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) realizó un acto homenaje, en el que le entregó a los familiares de los alumnos de esa unidad académica que fueron asesinados o desaparecidos durante la última dictadura, los legajos reparados de las víctimas.

En la lista, de un total de 36, se encontraban Edgardo Garnier y Violeta Graciela Ortonali, los verdaderos padres de Adriana, la nieta recuperada nº 126, que hoy fue presentada oficialmente por Abuelas de Plaza de Mayo. A Violeta la secuestraron el 14 diciembre de 1976, embarazada, mientras que su pareja “cayó” dos meses después, el 8 de febrero de 1977, luchando por encontrarla.

"Estoy feliz, plena. Se me completó la vida", dijo Adriana emocionada cuando le tocó hablar ante los medios de prensa. Hace cuestión de días, la mujer de 40 años comenzó a conocer su su verdadera identidad, y seguramente tendrá un largo camino más por recorrer, acompañada de los familiares que la estuvieron esperando todo este largo tiempo.

"La sensación es muy distinta que pensar que había sido abandonada, no deseada, que sentir que fui una persona muy querida, muy buscada y que tengo una familia hermosa", expresó emocionada, acompañada por la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y otras integrantes de la organización, junto a su tía Silvia y su prima Marcela.

En reiteradas ocasiones, la mujer remarcó la felicidad de ser una nieta restituida. "Estoy muy orgullosa de serlo. No pudieron, esta vez no pudieron y el amor le ganó al odio", sostuvo, a la vez que consideró que "el amor es más fuerte que el odio, siempre”. Alrededor, todo estalló en aplausos.

Los padres de Adriana se conocieron en La Plata, donde estudiaron ingeniería química en la facultad de la UNLP. A la par, decidieron participar primero como militantes universitarios y luego se incorporaron a la organización Montoneros, de la que formaban parte hasta el día en que fueron secuestrados.

Cuatro décadas más tarde, las vueltas de esta injusta etapa de la historia Argentina se alinean una vez más con la lucha inclaudicable de los organismos de derechos humanos, para devolver a la pequeña que esos jóvenes estudiantes nunca pudieron tener en sus brazos.


Edgardo Garnier y Violeta Graciela Ortolani




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