13 de noviembre de 2017

Géneros

Chicago: el feminismo socialista

Hastiadas de elitismos y personalismos, estas feministas decidieron empezar de nuevo y levantar las herencias del socialismo, la revolución, las luchas contra el racismo y el capitalismo y dar lugar a un feminismo interseccional masivo. Convocaron a las activistas, a las que habían abandonado el movimiento, a las que nunca habían estado a esto: luchar juntas. Por Mabel Bellucci.


La Unión de Liberación de Mujeres de Chicago (Chicago Women’s Liberation Union, 1969/1980), también conocida como CWLU, representó la más significativa de las uniones feministas socialistas que surgieron al calor del Movimiento de Liberación de la Mujer (Women’s Liberation) durante los años sesenta y setenta en Estados Unidos.

CWLU reconocía que la liberación de las mujeres no era posible a menos que también se pusiera contra las cuerdas al racismo y al capitalismo, y a favor de la liberación de homosexuales y lesbianas. Es decir: advertían que la lucha por los derechos de las mujeres no estaba aislada de otras luchas: género, raza, orientación sexual y clase.

El grupo fundacional estuvo compuesto por seis activistas. Casi todas provenían del movimiento estudiantil de la Universidad de Chicago. Muchas de ellas habían viajado a Vietnam del Norte, en 1967, en el apogeo de la guerra para comprender la magnitud de la maquinaria destructiva del imperio. Sus experiencias junto con las organizaciones vietnamitas las inspiraron a emular el ejemplo en su país. Otras, fundaron las Escuelas de Liberación para comprender su propia opresión cuando aún no existían los Estudios de la Mujer. Al mismo tiempo, promovieron un foro para difundir todo lo referente al Colectivo Jane. Este legendario grupo de feminista practicaba abortos clandestinos en hoteles contratados para ese fin, pese a que ninguna era profesional de la salud. CWLU no sólo integró sus filas sino también instó a generar cambios en el sistema de salud patriarcal. Mientras, algunas constituyeron en 1970, el Chicago Women’s Graphics Collective. Su objetivo era crear arte que reflejara los valores del nuevo movimiento de liberación de la mujer. Pintaba paredes y calles con coloridos mensajes revulsivos. Por último, estaban aquellas que sostuvieron el Centro de Maternidad de Chicago, una poderosa película documental que exponía el sexismo profundo y penetrante dentro de un establecimiento médico.

Hoy las llamaríamos interseccionales, en cuanto a que militaban en diversos frentes interconectados: contra el segregacionismo racial y los derechos civiles de los negros; la pena de muerte; el reclutamiento de varones para servir en la Guerra de Vietnam; la denuncia del sexismo y la discriminación, el alcance de un cambio social. Ellas fueron: Heather Booth, Day Creamer, Susan Davis, Deb Dobbin, Robin Kaufman y Tobey Klass.

Desde sus inicios, CWLU fundamentó sus argumentos a partir del escrito de Juliet Mitchell Mujeres: la revolución más larga, publicado en la revista de la nueva izquierda inglesa, New Left Review, en diciembre de 1966. Christine Riddiough, editora del periódico feminista y de lesbianas Estrella Encendida (Blazing Star), en su texto sobre la Unión de Liberación de Mujeres de Chicago y la misma Mitchell, relataba que “La teoría y la estrategia proporcionaron las convicciones y creencias de la organización, pero la organización, acción y el alcance fue la fuerza impulsora detrás de esto, la razón de ser. Mientras, estábamos lejos de ser doctrinarias. Las marxistas estamos de acuerdo con el sentimiento de Marx de que ‘los filósofos solo han interpretado el mundo, en varias maneras. El punto, sin embargo, es cambiarlo”.

En 1969 en la conferencia de fundación lanzaron un documento clave llamado la Declaración Política de Principios basada en tres puntos:

1. La lucha por la liberación de las mujeres es una lucha revolucionaria.
2. La liberación de las mujeres es esencial para la liberación de todas las personas oprimidas.
3. La liberación de las mujeres no se logrará hasta que todas las personas sean libres.

Con claridad posicionaban la liberación de las mujeres como parte y eje esencial de un gran movimiento revolucionario. Cabría recordar que Chicago, como pujante polo industrial, representó hacia finales del siglo XIX un foco de agitación revolucionaria, el centro más importante del anarquismo en los Estados Unidos. Por caso, desde esta metrópolis se propuso el Primero de Mayo como el “Día internacional de los trabajadores” para conmemorar y recordar a los sindicalistas anarquistas ejecutados en 1886. Seguramente, esa tradición de resistencia obrera impregnará a su feminismo con un corte más clasista que el de las demás ciudades.

A diferencia de otras corrientes feministas en danza, por caso New York, que consideraban a las estructuras organizativas opresoras y se componían en pequeños grupos cerrados, CWLU pensaba que la organización era esencial para que el movimiento involucrase y movilizase a aquellas mujeres que carecían de un rol activo y que aún no estaban radicalizadas. Sin más, armaron un comité de dirección que reunía a todas las membresías de Chicago. En efecto, se proponían un enfoque estructurado, que incluyese una planificación cuidadosa con objetivos específicos y estrategias bajo el propósito de incidir sobre las condiciones de vida materiales de sus congéneres. En 1971, establecieron una variedad de grupos de trabajo orientados a proyectos y a capítulos que hicieron el día a día de sus activistas. CWLU estaba siempre abierta a nuevas concepciones de resistencia e integración. Si una o un grupo planteaba una idea que podía ayudar a la causa, de inmediato, se formaba un grupo de trabajo. Así, de esta manera, en la práctica probaban su efectividad. Para ellas, las membresías condensaban el cruce entre grupos de sensibilización y estrategia política. Eran consideradas la columna vertebral del movimiento y se centraban en el activismo, la organización y la divulgación. A la vez, privilegiaban tres aspectos de la lucha: servicio, educación y acción directa.

Para aproximarnos a la multiplicidad de su militancia, su página web da cuenta de ello:

DARE (Acción directa por los derechos en el empleo) se sumó a la lucha contra la discriminación de género tanto en el trabajo como dentro de la AFL-CIO dominada por los hombres.

HERS (Servicio de Referencia y Evaluación de la Salud) consideraba que las mujeres tenían el derecho de controlar su propia atención médica. Así, fue que se distribuyó información de salud que con anterioridad no estaba al alcance.

BLAZING STAR (The Lesbian Group) luchó contra la homofobia y lesbofobia existente en ese momento. Sus miembras se aliaron con otras organizaciones de homosexuales en una campaña que al final logró la aprobación de una Ordenanza de Derechos Humanos para Chicago.

Jane (The Abortion Counseling Service) colectiva clandestina que realizaba aborto llevados a cabo en su mayoría por sus integrantes.

SECRET STORM desafió la exclusión sexista del Distrito de Parques de Chicago de los equipos deportivos femeninos en los parques del vecindario. Asimismo, ayudó a que las mujeres participen en atletismo a través de su organización deportiva.

En cuanto a la militancia del Grupo lesbiano (más tarde llamado Blazing Star) encarnó un ejemplo significativo. CWLU comenzó a abordar los temas de homosexuales y lesbianas desde el principio a través de Liberation School. Luego, en 1972, tal colectiva propuso la elaboración de un documento sobre el lesbianismo y feminismo socialista a partir de una enmienda política que apoyase los derechos de las minorías sexuales.

Ahora bien, CWLU fue también conocida por el folleto de 1972 “Feminismo socialista: una estrategia para el movimiento de mujeres“. Sus responsables eran Heather Booth, Susan Davis, Deb Dobbin Robin Kaufman y Tobey Klass. Circulaba a nivel nacional y se supone que fue el primero en usar la noción feminismo socialista. Ahora LATFEM, como homenaje a La Unión de Liberación de Mujeres de Chicago, publica varios pasajes escogidos de este icónico manifiesto que recorrió el mundo. Solo queda decir: a disfrutarlo.

FEMINISMO SOCIALISTA: UNA ESTRATEGIA PARA EL MOVIMIENTO DE MUJERES

Hemos escrito este documento para expresar y compartir con otras mujeres ideas para una nueva estrategia para el movimiento de mujeres. Actualmente hay dos polos ideológicos que representan las tendencias predominantes dentro del movimiento. Una es la dirección hacia nuevos estilos de vida dentro de la cultura de las mujeres, enfatizando la liberación personal y el crecimiento, y la relación de las mujeres con las mujeres. Dada nuestra verdadera necesidad de liberarnos de los viejos patrones -social, psicológico y económico- y dada la necesidad de nuevos patrones en la sociedad posrevolucionaria, entendemos, apoyamos y disfrutamos de esta tendencia. Sin embargo, cuando es el único énfasis, vemos que conduce más hacia un tipo de aislamiento sin forma más que a una condición en la que podemos luchar y ganar poder sobre nuestras propias vidas.

La otra dirección es aquella que enfatiza un análisis estructural de nuestra sociedad y su base económica. Se enfoca en las formas en que las relaciones productivas nos oprimen. Este análisis también es correcto, pero su estrategia, tomada aisladamente, puede fácilmente convertirse, o parecer ser, insensible a la vida total de las mujeres.
Como feministas socialistas, compartimos el análisis personal y estructural. Vemos una combinación de los dos como esenciales si queremos convertirnos en un movimiento de masas duradero. Pensamos que es importante definirnos como feministas socialistas y comenzar a organizarnos conscientemente en torno a esta estrategia. Esto debe hacerse ahora debido al estado actual de nuestro movimiento. Hemos llegado a un punto crucial en nuestra historia.

Por un lado, las fortalezas de nuestro movimiento son obvias: se ha convertido en una fuerza importante de nuestro tiempo, y también ha tenido éxito en proporcionar servicios y apoyo para las necesidades inmediatas de algunas mujeres. Miles de mujeres se ven a sí mismas como parte del movimiento; una “conciencia de mujeres” vagamente definida se ha difundido ampliamente a través de grupos de rap, demostraciones, proyectos de acción, actividades contra-institucionales y a través de los medios de comunicación. Las mujeres en el movimiento tienen una comprensión creciente de la opresión común y el imperativo de las soluciones colectivas. Al darnos cuenta de que lo que vimos como problemas personales eran en realidad problemas sociales, hemos llegado a comprender que las soluciones también deben ser sociales. Al darnos cuenta de que todas las mujeres carecen de control sobre sus vidas, hemos llegado a comprender que ese control solo puede obtenerse si actuamos juntos. Hemos llegado a comprender las necesidades específicas de varios grupos de mujeres y que los diferentes grupos de mujeres tienen diferentes formas de luchar por el control de sus propias vidas.

Por otro lado, el movimiento de mujeres actualmente está dividido. En la mayoría de los lugares se divide en pequeños grupos que son difíciles de encontrar, difíciles de unir y difíciles de entender políticamente. Al mismo tiempo, los empresarios conservadores pero organizativamente inteligentes se están uniendo al movimiento y están empezando a determinar la política de un gran número de personas. Si nuestro movimiento es sobrevivir, y mucho menos florecer, es hora de comenzar a organizarse para obtener poder. Necesitamos convertir la conciencia en acción, elegir prioridades para nuestras luchas y ganar. Para hacer esto, necesitamos una estrategia.

La estrategia de nuestro movimiento debe crecer a partir de una comprensión de la dinámica del poder, con la comprensión de que aquellos que tienen el poder tienen un gran interés en preservarlo y las formas institucionales que lo mantienen. Arrebatar el control de las instituciones que ahora nos oprimen debe ser nuestro esfuerzo central para que la liberación de la mujer logre sus objetivos. Para llegar a la mayoría de las mujeres debemos abordar sus necesidades reales y sus propios intereses.

En este momento, creemos que es importante abogar por una estrategia que logre las siguientes tres cosas: 1) debe lograr reformas que mejoren objetivamente la vida de las mujeres; 2) debe dar a las mujeres un sentido de su propio poder, tanto potencial como en la realidad; y 3) debe alterar las relaciones de poder existentes. Argumentamos aquí para las organizaciones feministas socialistas. No estamos abogando por una organización específica, sino por el desarrollo exitoso de las organizaciones para que podamos aprender de la experiencia y llevar nuestro movimiento a su potencial.

Para hacer este argumento, hemos escrito este documento. Ha sido diseñado de la siguiente manera:

1. Feminismo socialista: el concepto y lo que se deriva de la tradición de cada padre.
2. Poder: la base del poder en esta sociedad y nuestro potencial como mujeres para obtener poder. Un ejemplo aplicado de nuestra estrategia.
3. Conciencia: la importancia de la conciencia para el desarrollo del movimiento de mujeres, sus limitaciones y su lugar en una ideología feminista socialista.
4. Problemas y preguntas actuales que enfrenta nuestro movimiento: un enfoque feminista socialista para responder y desarrollar un contexto para nuestros programas y preocupaciones.
5. Organización: la importancia de crear organizaciones para el movimiento de liberación de la mujer y algunas reflexiones sobre las formas de organización.

Las ideas que presentamos probablemente sean compartidas por muchas mujeres en el movimiento, pero hasta ahora no han sido articuladas o identificadas a nivel nacional. No estamos organizados en parte porque nuestra tolerancia hacia diferentes enfoques, que nuestra ideología alienta, hace que sea difícil presentar una posición nueva o contraria. Además, ciertos factores en nuestro movimiento funcionan en contra de cualquier tipo de organización. Los temores de elitismo, el énfasis en las alternativas personales y las fortalezas, el miedo al fracaso, la incredulidad en la posibilidad de ganar, e incluso el miedo a ganar, han jugado un papel en nuestra indecisión.

Estamos dirigiendo el documento ahora a las mujeres que comparten nuestras ideas de feminismo socialista, ya sean mujeres que trabajan en el movimiento, mujeres que nunca han estado activas, mujeres que han abandonado el movimiento o mujeres que trabajan en organizaciones mixtas. Esperamos que pueda proporcionar un lenguaje común en el que podamos comenzar a hablar, un contexto en el que podamos reunirnos para planificar cómo avanzar.

I. FEMINISMO SOCIALISTA

Elegimos identificarnos con la herencia y el futuro del feminismo y el socialismo en nuestra lucha por la revolución. Del feminismo hemos aprendido la plenitud de nuestro propio potencial como mujeres, la fuerza de las mujeres. Hemos visto nuestro propio interés común con otras mujeres y nuestra opresión común. Habiendo encontrado estos vínculos reales como mujeres, nos damos cuenta de que podemos confiar el uno en el otro mientras luchamos por la liberación. El feminismo nos ha movido a ver más concretamente qué sucede con las personas configuradas por las condiciones sociales que no controlan. Encontramos que nuestro amor y odio se centran a través de nuestro feminismo, amor por otras mujeres atadas por las mismas condiciones, odio por la opresión que nos une. Una gran fortaleza que encontramos en el feminismo es la reafirmación de los valores humanos, ideales de hermandad: cuidar a las personas, ser sensibles a las necesidades de las personas y desarrollar su potencial.

Del feminismo hemos llegado a comprender un sistema institucionalizado de opresión basado en la dominación de los hombres sobre las mujeres: el sexismo. Sus contradicciones se basan en las relaciones sociales hostiles puestas en vigencia por esta dominación. Este antagonismo puede estar mediado por la cultura y la flexibilidad de las instituciones sociales, de modo que en ciertos momentos y lugares parezca una relación estable. Pero los antagonismos no pueden eliminarse y saldrán a la superficie hasta que ya no exista un sistema de dominación.

Pero compartimos una concepción particular del feminismo que es socialista. Es uno que se enfoca en cómo se les ha negado el poder a las mujeres debido a su posición de clase. Vemos al capitalismo como una forma institucionalizada de opresión basada en el beneficio para los propietarios privados de la riqueza que se trabaja públicamente. Pone en movimiento relaciones sociales hostiles en las clases. Esas clases también tienen sus relaciones mediadas a través de la cultura y las instituciones. Así, las alianzas y las divisiones aparecen dentro de las clases y entre ellas, a veces nublando la intensidad o la claridad de su contradicción. Pero la naturaleza hostil básica de las relaciones de clase estará presente hasta que ya no exista una minoría que posea los recursos productivos y se haga rica con el trabajo remunerado y no remunerado del resto.

Compartimos la visión socialista de un mundo humanista posible a través de la redistribución de la riqueza y el fin de la distinción entre la clase dominante y los gobernados.

Hemos llegado a entender que solo a través de una respuesta colectiva organizada podemos luchar contra un sistema de este tipo. La hermandad también significa para nosotros una lucha por el poder real sobre nuestras propias vidas y las vidas de nuestras hermanas. Nuestras relaciones personales y nuestra lucha política se fusionan y crean nuestro sentido de feminismo. A través del concepto de hermandad, las mujeres han tratado de responder a las necesidades de todas las mujeres en lugar de a unas pocas y apoyar, criticar y alentar a otras mujeres en lugar de competir con ellas.

Fuente: latfem.org




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