10 de septiembre de 2017

Derechos Humanos

El clima represivo y el problema de fondo

Para el autor de este artículo, "todo lo que rodea la desaparición de Santiago Maldonado, aunque efectivamente significa una profundización de la represión estatal, no representa una ruptura con la gestión kirchnerista". Por Ignacio Cucchi, para ANRed.


Da la sensación que desde que Mauricio Macri asumió la presidencia del país las fuerzas represivas (particularmente policía y gendarmería) dieron rienda suelta a pulsiones contenidas en los años anteriores. Desde la represión a una murga infantil hasta la desaparición de Santiago Maldonado (dando por hecho, como todo indica, que fue responsabilidad directa de Gendarmería) la sensación de que las “fuerzas del orden” tiene carta blanca para actuar a discreción, está instalada. Las detenciones al boleo producidas el 1º de septiembre luego de la masiva movilización para exigir la aparición con vida de Santiago Maldonado, pusieron el tema en la mesa de todos los medios de comunicación masivos, así como en las redes sociales. Creo que esa sensación de que “la cosa se está poniendo fea” responde a una realidad concreta: no tengo dudas de que la cosa se está poniendo fea. Sin embargo, escuchando y leyendo a periodistas kirchneristas y a simpatizantes y militantes de la gestión anterior, daría la sensación de que hemos pasado de un estado de derecho ideal, a la peor de las dictaduras. El riesgo de dejarse arrastrar por esta premisa falsa, es peligroso y preocupante. Voy a tratar de explicar por qué me preocupa tanto.

Todo lo que rodea la desaparición de Santiago Maldonado, aunque efectivamente significa una profundización de la represión estatal, no representa una ruptura con la gestión kirchnerista. Detenciones arbitrarias por policías de civil, infiltraciones en movilizaciones, presos políticos, excesivo uso de la fuerza estuvieron presentes durante los doce años de kirchnerismo. Por no decir el proyecto X, la ley antiterrorista y las detenciones en Campo de Mayo por parte del otrora Ministro de Seguridad Sergio Berni.

La desaparición de Luciano Arruga, realizada por la policía bonaerense, a pesar de no haberse realizado en el marco de un operativo oficial (como en el caso Maldonado) no puede dejar de salpicar fuertemente al poder político responsable de la mayor fuerza represiva del país: igual que con Maldonado, el Estado (y el gobierno) es responsable.

También es una continuidad con años anteriores el contexto de fondo en el que se inscribe el caso Maldonado: el reclamo de los pueblos originarios por sus tierras ancestrales, inmerso en un avance de la extranjerización de la tierra, en el marco de un modelo extractivista: petróleo, soja, explotación forestal y minería. Bennetton, Lewis y los demás grandes terratenientes no usurparon tierras desde octubre de 2015, es un proceso que viene de larga data y por el que el kirchnerismo no mostró gran preocupación. Ni hablar del maltrato y represión a los pueblos originarios, siendo el caso más emblemático el asesinato de los Qom en la Formosa de Gildo Isfrán.

Celebro la unidad de acción en los hechos y en las calles que nos estuvo reuniendo a quienes pertenecemos a, por decirlo de alguna manera, “la Izquierda” y a la militancia kirchnerista y filo peronista. El rechazo al 2x1 a los genocidas como el reclamo por Santiago Maldonado hicieron lo que no se pudo (o no se quiso hacer) en las marchas por el 24 de marzo: la unificación de los organismos de Derechos Humanos, acompañados de partidos políticos, sindicatos, y una gran cantidad de “independientes” en las más grandes concentraciones populares de los últimos años. Creo que al campo popular en su conjunto es algo que no debe dejar de entusiasmarlo.

El temor que me invade es que no podamos arrancarle a esta coyuntura algunos aprendizajes que creo son vitales para el pueblo trabajador. El primero de ellos y más concreto es visualizar la fuerza y la trascendencia mediática (y su consecuente peso en la realidad de los hechos políticos) tanto a nivel nacional como en el exterior, de un accionar en conjunto del campo popular. Sería interesante en este sentido, poder vislumbrar unidad de acción en reclamos populares más allá del ámbito de los Derechos Humanos.

Lo segundo que creo se debe poder dejar en claro y es el eje de este artículo, es que la represión a la clase trabajadora trasciende el signo partidario del elenco gobernante. Las elites dominantes (empresariales, financieras y mediáticas) cuentan con el respaldo incondicional de amplios sectores de la sociedad argentina para mantener a raya los reclamos populares y han demostrado a lo largo de la Historia no tener escrúpulos para mantener y ampliar privilegios de clases. Sin duda que la gestión política condiciona a las fuerzas represivas, pero de lo que se trata es de convencerse que detrás de un menor o mayor clima represivo, se esconde siempre la dinámica que hará a la represión mantenerse siempre viva: la lucha de clases.




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