18 de agosto de 2017

Culturas

Próximo o El amor en tiempos de millenials

Amor. Quizás por ser a la vez lo más misterioso y codiciado de nuestra existencia estamos condenados a intentar abordarlo una y otra vez. Sin embargo, buscarle un sentido a lo inabarcable implica comprenderlo, o al menos ofrecer una postura que nos acerque a lo eternamente indescifrable. Con Próximo el director Claudio Tolcachir ofrece una visión del amor en tiempos de millenials, en un contexto de hipercomunicación que nos permite conectarnos con lo impensado, con un otro e incluso, con uno mismo. Se presenta los viernes 23hs, sábados 20.30hs y domingos 19.30 y 21hs en Timbre 4 (México 3554, CABA). Por Nadia Agustina Salinas, para ANRed.


Dos actores conversan en un mismo escenario. El diálogo ronda la misma temática, las respuestas son pertinentes. La comunicación es efectiva. Sin embargo, a riesgos de que los espectadores nos sintamos engañados, el espacio que comparten los actores es el mismo, aunque luego entendemos que no se encuentran en el mismo lugar. Las brillantes actuaciones de Lautaro Perotti (Pablo) y el español Santi Marín (Elián), con sutiles indicios nos hacen entrar en su mundo. Uno en Australia, el otro en España, pero, en definitiva, juntos, compartiendo su día a día con una pantalla mediante que los conecta más entre ellos de que lo que alguna vez estuvieron conectados con su propio contexto inmediato. Nunca se encontraron, pero se conocen. Nunca se tocaron, pero se vieron. Ninguno sabe lo que hace, pero sí lo que siente. Y eso, ¿es suficiente? Quizás ese sea el planteo principal de la obra: ¿Qué es una pareja? O, mejor dicho, ¿qué hace que una pareja sea verdad? En un mundo en el que las redes sociales funcionan como documentos de lo que hacemos, aunque con filtros y Photoshop que obstaculizan cualquier alcance de lo verdadero, podemos preguntarnos: ¿si se está en la computadora, se está en la realidad? La respuesta es no, porque se está en la realidad virtual, efímera, intocable. Pero para Pablo y Elián la realidad está en esa pantalla. La obra nos permite cuestionar si aquellos que comparten el mismo huso horario son capaces de amar con mayor entrega y sinceridad que aquellos que se comunican por videollamada, pero caminan como si estuviesen a la par. ¿Qué los conecta? Más allá de los dispositivos tecnológicos, ellos hacen lo que la mayoría no: se escuchan. Para Pablo y Elián, internet no es un fin donde se plasma lo cotidiano, sino, más que nunca un medio de comunicación donde la vida se desarrolla y crece.

Sin embargo, como a muchas parejas, caer en un lugar común que en un principio los unía los lleva a alejarse. Paradójicamente en Próximo ocurre lo contrario: esa lejanía que se opone a una convivencia corriente amenaza con arruinarlo todo. Así es que estamos ante una historia de amor, pero por sobre todas las cosas, de espacios, de un juego con el aquí y el ahora que el teatro siempre pudo jugar, pero que la vida todavía no está capacitada para hacerlo. Un olor, un abrazo son irremplazables, pero para Tolcachir la cosa aparentemente pasa por otro lado. De hecho, el encuentro asusta a Elián, el cuerpo espanta. Pero siempre la conversación y la comprensión de un otro permite conocerse a sí mismo, a su propia familia o a lo que verdaderamente se quiere en la vida. Incluso si esa persona se encuentra en otra parte del mundo. Los logros: menos es más. Dos actuaciones impecables que con poca pero muy acertada escenografía logran componer un amor no tanto imposible, sino absurdo, pero que en definitiva es lo único verdadero que Pablo y Elián tienen, pero cuya concreción siempre queda para el próximo encuentro.




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