9 de agosto de 2017

Culturas

Ferdydurke, “una payasada metafísica”

Todos los jueves a las 21.30 Hrs se presenta el en teatro Tadrón (Armenia ) la obra Ferdydurke. Basada en la novela homónima de Witold Gombrowicz Ferdydurke encarna la cachetada metafísica y existencial contra la madurez, contra una sociedad que domestica el deseo bajo máscaras de respeto y apariencia, de tradiciones y antiguas formas que modelan las emociones y los sentimientos. Por Andrés Manrique y Hernán Bayón para ANRed


¿Cómo adivinar que en fondo (Ferdydurke) era algo así como una payasada metafísica en la que delirantemente estaban en juego los más graves dilemas de la existencia del hombre? John Updike

Nunca el deseo luchó tanto contra las riendas de la madurez. Y nunca esa lucha se transformó en algo tan delirante. Basada en la novela de Witold Gombrowicz, Ferdydurke no es otra cosa que una batalla existencial entre la inmadurez y la madurez, entre los moldes del deber ser y el deseo que fisura las máscaras de la impostura.

El cálculo será, entonces, la lección fundamental para sostener la burguesía.
Ambientada en 1930, en una escuela, un grupo de adolescentes se resiste a la educación normativa. Uno de ellos es adulto, pero lo devuelven al colegio, so pretexto de su inocencia, ya que se niega a vivir las experiencias que le impone la sociedad. Mientras otros, como El Polilla, quieren vivir de acuerdo a su deseo. Las autoridades, grotescos representantes del universo adulto, abusan de un poder que no saben manejar y que imponen por la fuerza. No hay diálogo posible entre estos universos; se acatan órdenes o se eluden para mantener la facha. ¿Y qué es la facha sino la cara visible de una puesta en escena, siempre para otros? Dejarse golpear en la facha es ceder al código de la burguesía: el de ser a costa de otro, colocarse por encima; poner los pies sobre la cabeza de alguien y aspirar a aquello que no se es. Si el peón no se somete habrá que echarlo, o algo peor: todo gesto de humillación será ejemplificador.

FERDYDURKE, en versión de Alejandro Genes Radawski, es dos obras en una: el aula en la que convierten al teatro durante la primera parte (que podría funcionar perfecta autónomamente) y la casa de campo, donde los protagonistas terminan su aventura. 

La risa es una mala palabra en el Arte. Sólo es aceptada póstumamente. Todo aquello que la despierte debe ser marginado o expulsado al jardín de infantes. El humor apenas será tolerado si es cruel, cínico o negro. Toda otra clase de humor será considerada ingenua. El artista que quiera destacarse deberá medirse todo el tiempo; y sólo podrá aplicarlo con cuentagotas.
Aunque entre las mejores obras argentinas, buena parte haya sido construida sobre la base del humor, preferimos dejarlo a un lado y seguir hablando del famoso canon, de un puñado de creadores. Será por eso que cuando nos toca hablar del arte de afuera no olvidamos nunca a Rabelais, ni a Cervantes, ni a Lezama Lima, tal vez a Gombrowicz (Y sólo después de que fuese celebrado en el extranjero). Pareciera que en ellos el humor es cualidad; atributo destacado, mientras que en nuestros autores es error, es falla.

¿Pero qué nos desata la risa? ¿Es cierto que el sueño de la ficción en Ferdydurke nos espabila y perdemos el hilo, o nos lleva a regiones que nuestra melancolía no conoce? ¿Es de nuevo el miedo a circular en otra zona, menos conocida, la que nos incita a quedarnos en el vacío de la angustia, antes que en el desenfado de la carcajada? ¿Qué desencadena la risa? ¿Será el Río de la Plata y su vena melancólica, será nuestra manera de tomarnos en serio para disimular lo poco serio de nuestros actos? ¿Por qué la seriedad es más importante que la gracia?

Ferdydurke es una refutación plena a estas preguntas. Es una obra de teatro donde casi arrancamos riendo para terminar con una mueca rara, con una risa que queda impregnada a los bordes de la cara contra un fondo de injusticia.

Nos preguntamos por qué el director ha conformado un elenco de actrices, si el universo que cuenta Gombrowicz es completamente masculino. Y aproximamos una respuesta, que acaso se deba a la noción de inacabado que subyace en toda la obra del polaco. Quizás se atenga al hecho de que las identidades y el género también son máscaras, roles que cumplimos, funcionales a un modelo de sociedad. La elección es un hallazgo porque las cuatro actrices se destacan en sus múltiples máscaras, haciendo de nueve hombres y tres mujeres que en su fisicalidad construyen un grotesco con más verdad que lo real. Haciendo de lo que no son, se vuelven ciertas, verdaderas. El “como si” funciona y nos vamos llenos.

Representando a esos jóvenes que andan a caballo entre la infancia y la madurez, podemos asomarnos a eso que siempre estamos dejando de ser, para volver a ser otra cosa.

Ficha técnico artística

Autoría:
Witold Gombrowicz

Dramaturgia:
Alejandro Genes Radawski

Actúan:
Lujan Bournot, Natalia De Elía, Verónica Galeotti, Antonela Marcello

Vestuario:
Antonela Marcello

Escenografía:
Marko Bregar

Iluminación:
Ricardo Sica

Fotografía:
Mora Escolá

Diseño gráfico:
Moncho Burgue, Maribel Lacco

Asistencia de dirección:
Marko Bregar

Dirección:
Alejandro Genes Radawski

TADRON TEATRO Y CAFÉ
Niceto Vega 4802 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4777-7976
Web: http://www.tadronteatro.com.ar
Entrada: $ 200,00 - Jueves - 21:30 hs - Hasta el 07/09/2017 




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