26 de julio de 2017

Teatro
Culturas

El mundo es más fuerte que yo


Hace unos años, el director de teatro Juan Coulasso entró a escena con "Cynthia Interminable", una obra que explora las relaciones de familia alrededor de una mesa - a la vez zona de peligro y campo de batalla - donde todos los vínculos se ponen en jaque atravesados por una gramática del discurso televisivo de las series de los´80. Ahora estrena "El Mundo es más fuerte que yo", donde apunta a los bordes del sentido de la ficción. Es en Roseti 722, Ciudad de Buenos Aires, los sábados a las 18.30, ese momento en que la luz se acaba de ir y en el que se fue del todo. Por Andrés Manrique, para ANRed .


Un aturdido sismógrafo

Entendimos que ya nada podía pronunciarse sobre el presente si no era volviéndonos a levantar después de que todo hubiera caído. Habría que convertirse para ser. La identidad no está dada ni es fija. No hay más opción que ser aquello que inventamos. La otra, será quedarse girando en el vacío como un sonámbulo alrededor de los escombros o, en el mejor de los casos, esperando a que te elijan para responder sí, no o tal vez.

Si nos dicen puntual, llegamos antes.

Minutos antes de la hora pautada, una cola espera en la puerta de Roseti. Llego con mi hijo que va a cumplir once años en tres meses. Después resulta que lo cago a pedos cuando en el desayuno del lunes quiere que sea viernes. Pero necesito que crezca, pienso. Yo soy el que quiere que tenga 11 ó 20. ¿Y cuando tenga 20, tendré chances de que aún le interese mi mundo? Porque hoy me sale mal ir al suyo y a la vez lo necesito cerca del mío. El mundo que él me invita está demasiado lleno de Pikachus. Su mundo ya es más fuerte que yo, pero yo llevo más tiempo juzgándolo que participando de él. ¿Chocan los mundos?

Dan sala.

Las sillas están patas arriba, colgadas de la pared, clavadas en el aire, armando pequeñas arboladuras en medio del mar. De fondo hay voces que vienen de otro tiempo como una reverberación de ese Roseti que es sala y es teatro y abriga decenas de ensayos y clases a la semana: las paredes nos hablan. Las sillas no son sillas: son arañas que nos pican, que se pueden clavar y mordernos la piel.

Nos acomodamos a la orilla de las tarimas, intentamos no tocar el equilibrio de las sillas en falsa escuadra. Cosas y personas convivimos en riesgo hasta que la asistente, Flor Sánchez Elía, y el director, Juan Coulasso, empiezan a organizar el espacio, a zurcirlo, a normalizarlo. Las sillas empiezan a tomar el lugar de las personas arriba de las tarimas y las personas de golpe estamos sentadas en las sillas: los dados están echados.

Voy al grano: el tema no es el desencuentro entre la ficción y la realidad, el blanco al que apunta parece ser el mundo que nos mueve el piso, que manifiesta su inquietud, su frenesí. Que se aleja de nosotros, vertiginosamente. De este nosotros que ya no sabe del todo cómo encajar. Personas y mundo se incordian. La medida de la fuerza habla del desencuentro. El mundo no se mide por su fuerza, pero como no lo entendemos vamos al gimnasio mientras allí afuera todo se achica y se deforma y el mundo se queda dando vueltas tembloroso en un espacio que no lo contiene. Entonces el terremoto, el momento en que el todo desborda a las partes y las semifusas desmenuzan el espacio como un cardumen de pirañas.

Las identidades, las máscaras cambian tanto como los mil y un rudimentos que el baterista; Matías Coulasso, despliega en escena. El espacio escénico recupera un lugar entre los espectadores y puede aparecer Ifigenia, Victoria o la actriz (Vitoria Roland) que hace de una u otra. Y es el terremoto arrancándonos la comodidad porque elige a cualquiera y a cualquier cosa para transformarla en sí, en no, en tal vez. Estamos obligados ahora a correr alrededor nuestro o tendremos que abandonar la comodidad para entender algo de esta fuerza.

La batería contrasta con el romanticismo de Schubert, con el clima terso en la voz de Victoria. La música no acompaña ni es un personaje más, mentiras. La música es la verdadera voz, el sonido y la furia de los tambores y los platillos con tachuelas son el desconsolado balbuceo de este mundo.

Entonces me arrepiento, desearía inventarme una señal que me conjure, que me agrupe, que me haga sentir cerca de otros, gregario. Aunque la de la cruz me atrofie el brazo, aunque haya olvidado para qué lado va la del espíritu santo. Cómo hago para protegerlo, me pregunto, si yo lo metí acá. Si yo lo invité a este tembladeral a él que tiene sólo diez años. Si yo lo invité a este mundo.

Se abren las cortinas, se encienden las luces de emergencia en el pasillo. Escapamos rápido. Ya no sé cuánto más me va a aguantar la realidad.
Lo mejor será pensar que fue un accidente.


Ficha Técnica:

ACTRIZ: VICTORIA ROLAND / ASISTENTE EN VIVO: FLOR SÁNCHEZ ELIA / BATERÍA EN VIVO: MATIAS COULASSO / ENTRENAMIENTO VOCAL Y ASESORAMIENTO ARTÍSTICO Y MUSICAL: BARBARA TOGANDER / ASESORAMIENTO COREOGRÁFICO Y COLABORACIÓN EN DIRECCIÓN: CARMEN PEREIRO NUMER / DIRECCIÓN DE ARTE Y DISEÑO DE VESTUARIO: ENDI RUIZ / REALIZACIÓN DE VESTUARIO: EMILIANA DE CRISTÓFARO Y LUISA VEGA / FOTOGRAFÍA: NORA LEZANO / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: ALEJANDRO PIPPA / DISEÑO DE LUCES: MATIAS SENDON / REALIZACIÓN DE VIDEO Y TRAILERS: NADIA LOZANO / OPERADOR DE SONIDO: JOSÉ FELICIANO RAMIREZ / GESTIÓN DE SUBSIDIOS: BELEN COLUCCIO / COLABORACIÓN EN DIFUSIÓN: IGNACIO PEREYRA LEON / ASISTENTES DE DIRECCIÓN: NADIA LOZANO Y MARINA OLLARI / DISEÑO SONORO: MATIAS COULASSO / TEXTO: VICTORIA ROLAND Y JUAN COULASSO / DIRECCIÓN: JUAN COULASSO.




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