17 de junio de 2017

Culturas

“Generar una sensación de presencia del espectador”

Este jueves 15 de junio se estrenó Legado del Mar, una película de Gastón Klingenfeld que transcurre en Bahía Camarones, provincia de Chubut, y retrata la vida, los sueños y los miedos de los pescadores. ANRed dialogó con el realizador. Por Nicolás Rijman, para ANRed.


La película de Klingenfeld es una historia de personajes -en especial, la familia Iglesias, donde la profesión de la pesca se va trasmitiendo de generación en generación-, pero también de objetos (barcos, redes, cajones, cadenas), sonidos, contemplación y movimiento. El inmenso mar, con la atracción y los temores que despierta, es el gran personaje.

Legado del Mar ya se estrenó en Rawson, Puerto Madryn, Ushuaia, Trelew y Caleta Olivia. Ahora llegó al Cine.Ar Sala Gaumont, ubicado en el barrio porteño de Congreso. ANRed hablo con el documentalista.

“En el 2011 yo estuve haciendo un viaje alrededor del país. En ese viaje llegue a un puerto que se llama Bahía Camarones, que queda en la provincia de Chubut y es un puerto menor, de transición que usan los pescadores. Ahí había amarrado un barco y, de curioso, me acerqué a hablar con los tripulantes. Me invitaron a subir a la cubierta y, entre mate y mate, me fueron contando un poco cómo es su dinámica de laburo. Quede muy enganchado con esa temática y, por la organización de viaje que tenía, no pude embarcarme y salir a navegar”, señaló Klingenfeld.

“A mi vuelta a Buenos Aires, tenía muchas ganas de contar una historia propia. Me muevo siempre dentro del área documental, tengo una formación vinculada a formatos televisivos de docurealities. Baje de mi cabeza las historias que más me atrajeron y me había quedado con esta necesidad y deseo de conocer como es el oficio del pescador aguas adentro. Armé un proyecto documental, unas carpetas de desarrollo y de producción y las presentamos en el INCAA. Accedimos a un subsidio para la producción de películas documentales que cubrió parcialmente el costo total”, contó el realizador.

En relación al equipo humano, Klingenfeld contó que “armamos un equipo que estaba conformado por el director de fotografía Nicolás Richat, que tiene muchísima experiencia en filmar este tipo de proyectos, y a la vez me complemente con gente propia de la provincia. Tenía el deseo y me parecía que estaba bueno darles la oportunidad de trabajo a personas del lugar de origen donde se iba a filmar. También por el hecho de que era una película que sucedía en un puerto, en el mar, y quería gente que pudiera colaborar con sus conocimientos de vivir ahí. Entonces contratamos una productora local de Lisandro Crespo, llamada Fotoplomer, y un sonidista, también nativo de Trelew aunque alterna su estadía en Buenos Aires. Complementamos el equipo con Rosalía Ortiz de Zárate, productora ejecutiva del proyecto que reside en Buenos Aires y le dio forma a todo”.

“Desde la puesta en escena, nosotros teníamos una premisa en cuanto a la dirección de fotografía (el uso de la cámara, los encuadres) que era tratar de generar una sensación de presencia del espectador en el momento en que estaríamos filmando. Eso se puede ver en algunos encuadres y en algunas decisiones. La cámara es casi como una cámara registro, de seguridad, bastante pasiva, no interfiere en la acción de los personajes. Después, con algunas puestas bien puntuales, de ubicar la cámara sobre los objetos o de tratar de trasmitir cierta sensación cruda o buscar la belleza en alguna imágenes que reflejen esa naturaleza que da la Patagonia”, relató el documentalista.

“Con el sonido, la búsqueda fue también similar: tratar de registrar un poco los ambientes sonoros del mar, de la Patagonia, del puerto. El puerto es un universo sonoro increíble. Tenés cadenas, cajones que se revolean para todos lados, gente que va y viene, camiones. Un mundo con mucho sonido y también quisimos hacer hincapié en trasladar esta misma sensación que hicimos con la cámara, de protagonismo del espectador en algunas escenas”, comentó.

-¿Cómo fue el trabajo con la banda sonora?

-Para la banda de sonido, especialmente para la música, trabajamos con Omar Giammarco, que es un músico con mucha trayectoria en lo que es música para películas. Yo tenía unas referencias que me gustaban vinculadas a la música balcánica, a la música klezmer también, un poco por la sensación que me trasmitía ese puerto y particularmente el modo de vida de Juan Iglesias. Sentía que es un personaje con ciertas reminiscencia gitana en su proceder y entonces fuimos alineando la música y la inspiración para ese lado. Un poco por mi origen, la música klezmer me representaba. Hicimos una conjunción que sirvió para que Giammarco trabaje con referencias que le fui pasando. Esa es la pieza central, el leit motiv de la película. Después hay piezas menores que Omar iba proponiendo a escenas que le pasaba y generó algunos climas que siento que apoyaron dramáticamente la narración.

Para la banda de sonido en general, por fuera de la musical, trabajamos con Sebastián Andreatta, del estudio Orange. La idea fue tratar de hacer crudos y que tenga protagonismo el sonido del puerto y que ciertos ambientes tomen valor sólo desde el registro sonoro. Tratamos de trasmitir el registro del viento o de estar inmersos en el mar.

-¿Cómo fue el estreno de la película en Rawson?

-El estreno allí fue una sensación espectacular para mí. En cuatro funciones que hicimos convocamos a más de 600 espectadores, que para una sala de cine arte como la que hay en esa ciudad es importante por la cantidad de habitantes. Y dentro de esos espectadores contamos en muchas de las funciones con los mismos protagonistas de la película. A la sala vino la familia Iglesias, vino Juan con sus hijos, su ex mujer Anita que también aparece y su familia, y otros pescadores y gente vinculada al puerto. Ver la cara de ellos cuando se veían en pantalla y que ya en las primeras imágenes eran un mar de llanto de la emoción que tenían, fue muy gratificante para mí, una misión cumplida.
A las funciones asistieron espectadores no portuarios, público en general, cuyos comentarios me fueron muy llamativos, porque es gente que vive hace 40 o 50 años a minutos del puerto y jamás se imaginó que sus vecinos, la gente que vive de la industria de la pesca, llevaban ese ritmo de vida y el sacrificio que hacen para llevar sustento a sus casas durante la temporada de pesca.

-Algo que no se ve en la película: ¿cómo es el trabajo y la vida de estos pescadores en invierno?

-Les puedo contar de cosas que pregunté pero que no viví, porque las veces que fui fue en la temporada de pesca. Lo que les puedo decir es que los que son patrones de pesca, propietarios de barcos, los sacan del agua para hacerles el mantenimiento, porque durante la temporada de pesca, salvo que tenga un desperfecto mecánico o técnico, el barco no para, todos los días entra y sale para dar su máximo rendimiento. Al finalizar la temporada lo sacan y lo envían a algún astillero para reacondicionarlo, para ir preparando la temporada siguiente.
Con respecto a los pescadores o a los marineros más rasos, los chicos más jóvenes, así como sucede en otras industrias de recolección, ellos van por otros puertos del país buscando la temporada de pesca de otros peces. Nosotros registramos la pesca del langostino que se da entre noviembre y marzo. El resto del año migran a otro puerto a buscar merluza, lenguado u otro tipo de barco que pueda llegar a lo que se dice “aguas profundas”, que no tiene estos condicionamientos como la flota amarilla de Rawson, que son barcos artesanales que no pueden estar en el agua trabajando dos o tres meses

Legado del Mar se puede ver a las 13.30 y 20.30 horas en Cine.Ar Sala Gaumont (Av. Rivadavia 1635, ciudad de Buenos Aires); a las 20 horas en Cine.Ar Sala Choele Choele (San Martín y Gobernador Tello, Choele Choele, provincia de Río Negro); y a las 17 horas en Cine.Ar La llave (Onelli y Sobral, Bariloche).




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