14 de junio de 2017

Culturas

De recuerdos y sus sombras: “Madre e hijo: la sombra de las palabras”

La vuelta al pueblo natal puede remover un pasado que se creía enterrado. Pero, ¿qué hechos se representan? ¿En verdad sucedieron? ¿Están enterrados o siguen reconstruyéndose? “Madre e hijo: la sombra de las palabras” es la adaptación por parte de Susana Rivero de la única obra teatral escrita por César Aira. Se presenta todos los sábados de junio a las 21:00 en el Centro Cultural Borges y, durante julio y agosto, en Belisario Club de Cultura los viernes a las 23:00hs. Por Nadia Salinas, para ANRed.


Los textos de César Aira nunca pueden pasar desapercibidos. No podría esperarse un destino diferente para su única obra teatral. Menos aún, para su adaptación. Si lo desopilante y lo absurdo en lo cotidiano son calificativos recurrentes en Aira, en “Madre e hijo: la sombra de las palabras” son aciertos. La obra de Susana Rivero, aparentemente inconexa y sin sentido, acaba formando un entretejido complejamente perfecto de recuerdos y vivencias que, recordemos (valga la redundancia), son distintos.

Un escritor, César, vuelve a su pueblo, Pringles, a visitar a su madre, viuda. Rápidamente se nos sitúa en el terreno de lo autorreferencial de Aira, que abunda, también, en su literatura. Este registro realista juega desde el comienzo con nuestras expectativas, ya que no se construye ni una escena que se acerque a lo real. El gran logro de la obra se encuentra en que no se produce un pasaje o un corte abrupto entre una supuesta realidad de una visita del Hijo, interpretado por Ale Schijman, a su Madre, Rosanna Sirchia. Sino que, como queda planteado en el comienzo, se trata conversaciones sobre lo que pasó y no pasó en la vida de César, junto con una madre que ayuda a mezclar o aclarar recuerdos de la infancia. La veracidad de esos recuerdos es la problemática principal. Y como el arte pregunta pero también responde, su resolución se encuentra en la obra misma. Porque quizás la esencia de los recuerdos es la distorsión y, al igual que la literatura, no son hechos, sino ficciones, narraciones, construcciones que hace cada persona de una vivencia. César sostiene que “Escribir es como un secreto”, mientras que su Madre se burla afirmado que se trata de un “Secreto a voces”. Es en esa puesta en palabras donde se produce un cambio y se deja lugar a la subjetividad, a lo que uno decide recordar o cree que recuerda. La imaginación a veces se apodera de los hechos. Y este problema está a la vista de todos. Mientras conversan madre e hijo, hay una máquina de escribir arriba de la mesada. Este detalle puede pasar desapercibido o ser aquello que nos autorice a pensar que las que luego se representan son, efectivamente, las sombras de esas palabras que intercambian ambos personajes. Recuerdos, distorsión y absurdo. La Madre en un momento afirma que los escritores están todos locos. ¿Y si tiene razón?

Si bien el absurdo es una constante en la obra, este entra en tensión con el contexto en el que tiene lugar la infancia de César. Se habla constantemente de la Revolución Libertadora y del peronismo, en ese entonces, proscripto. Los límites de ficción y realidad se vuelven a borrar y la crisis institucional entra por la ventana. Y, como si fuese poco, los personajes comienzan a hablar con el público. Así, la realidad se encarga de romper dos veces con el absurdo. El corte con la ilusión teatral nos recuerda a nosotros mismos que se trata todo de un juego, de una puesta en escena. El costo: la crisis de la representación, la memoria, el peronismo, la verdad, la medicina, la escuela y la escritura.

Pero en vez de simplemente plantear el caos, de la mano de los brillantes actores, el arte surge como un posible refugio de esa coyuntura donde ni Perón ni Papá están. Esas faltas son el motor de la obra y permiten al absurdo típico de Aira ocupar su lugar. Lo mágico del absurdo es su capacidad de jugar con los límites, y en ese carácter lúdico siempre presente la obra encuentra su clave: la risa. Ante la crisis, la respuesta es la risa que provoca el absurdo. Así, se pasa de un César, escritor consagrado que retorna a su pueblo natal, al tarado de Aira de la escuela primaria, como bien dice su Maestra. O, también se va de un pollo vivo en una olla a la muerte de la madre en manos del ave sobrenatural. Porque, aparentemente, así (de absurda) es la vida.

“Madre e hijo: la sombra de las palabras” se presenta todos los sábados de junio a las 21:00hs en el Centro Cultural Borges, Viamonte, esquina San Martín. Durante julio y agosto los viernes a las 23:00hs en Belisario Club de Cultura, Av. Corrientes 1624 (CABA)
Localidades: general $170 | Jubilados y estudiantes: $120.

FICHA TÉCNICA:
IDEA Y DIRECCIÓN: Susana Rivero
DRAMATURGIA: Cooperativa QuienesQuien
ELENCO: Rosanna Sirchia y Ale Schijman
ASISTENTE DE DIRECCIÓN: Aldana Barqui
ARTE Y FOTOGRAFÍA: Raúl Pesce
ESCENOGRAFÍA Y POP UPS: Pablo Andrés Bolaños
UTILERÍA: Fernando Cano y Eva Bertaina
DISEÑO DE VESTUARIO: Fernando Cano
REALIZACIÓN DE VESTUARIO: Stela Maris Arguello
ASISTENTE: Rosa Ortiz
CONFECCIÓN DE SOMBREROS: Fernando Cano
MÚSICA: Liza Casullo
VIDEO: Charlie Paz
PRENSA: Cakatúa




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