18 de abril de 2017

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No son barrabravas, son machos violentos

La muerte de Emanuel Balbo en el estadio Kempes el domingo por la tarde, expone otro caso de relaciones violentas, en esta modernidad. Su muerte no se explica solamente por el contexto en el que se cometió el crimen: un estadio de fútbol al que concurren barrabravas. Su muerte deja en evidencia la estructura violenta que la produce: el patriarcado. Por ANRed


El domingo no fue una fecha mas en el torneo de fútbol argentino. Mientras se disputaba el clásico cordobés entre Talleres y Belgrano, durante el entretiempo en las tribunas ocurria un asesinato.

Emanuel Balbo tenía de 26 años. Fue atacado por un grupo de varones, que lo arrojaron desde una de las tribunas hacia el vacío. Al caer, golpeó su cabeza y sufrió fractura y hundimiento de cráneo. Hizo un paro respiratorio llegando con vida al hospital, donde finalmente falleció luego de agonizar durante más de un día.

Existen dos versiones que explican los motivos de la agresión sufrida. Los medios de comunicación comenzaron a circular la información de que el ataque surgió a raíz que Balbo estaba en las tribunas de los hinchas de Belgrano como “infiltrado” y que alguien lo reconoció como hincha de Talleres, lo que desencadenó la furia de los simpatizantes. La otra versión, que cuenta el papá de la victima, afirma que su hijo no era hincha de Talleres y que el enfrentamiento en la grada se dio cuando Emanuel Balbo se encontró con Óscar Gómez, seguidor de Belgrano, quien cuatro años antes atropelló y mató a un hermano de Emanuel.

Sin embargo, a pesar de la información brindada, nada explica porque en una tribuna de un estadio de futbol, frente a camaras de seguridad y de televisión, varones a cara descubierta, atacan de manera brutal a otro varon, frente a la mirada espectante de cientos de varones, que nada hacen para ayudar al agredido. Asimismo, al caer inconsciente, robaron sus zapatillas mientras Emanuel agonizaba.

La violencia es familiar a los varones. Porque aprenden desde muy chicos a ejercerla, y es parte constitutiva del ser masculino.

No se trata de un caso de muerte por intereseses económicos entre barrabravas, es un asesinato que expone la violencia machista.

La antropóloga argentina Rita Segato define que la masculinidad es un mandato que exige a los varones que constantemente pongan a prueba sus atributos: potencia bélica, potencia sexual y potencia económica “el mandato de masculinidad es un mandato de violencia, de dominación, el sujeto masculino tiene que construir su potencia y espectacularizarla a los ojos de los otros. O sea, la estructura de la masculinidad, la estructura de género, la estructura del patriarcado son análogas a la estructura machista. Son como el guante a la mano. El mandato de masculinidad le dice al hombre que espectacularice su potencia ante los niños, ante los compañeros, ante los primos, ante los hermanos, delante de los ojos del padre, en sociedad.”

Los varones deben de rendir constantemente examenes de masculinidad, probar ese estatus que no es dado sino que tiene que ser constantemente reproducido. Y es en las situaciones vulnerables donde ese estatus se adquiere por la vía de la fuerza, de la violencia. La relación entre varones, expresa este mandato de masculinidad afirma Segato, y las mayores violencias sobretodo hacia las mujeres y niños, ocurren cuando los varones están en bandas, “barras” porque algo tiene que ser probado, tiene que ser demostrado: la capacidad de crueldad ante los ojos de los otros, de los pares, de lo que Segato llama la “cofradía masculina”

El espacio que genera el espectáculo futbolístico, negado a las mujeres, resulta el escenario ideal para expresar las potencias masculinas. Llamamos pasión, a la violencia estructural patriarcal. Los cantos entonados desde las tribunas son arengas que invitan a la guerra, a la destrucción del “enemigo” con camiseta opuesta, o violarlo por medios sexuales.

Por lo tanto, la muerte de Enmanuel, no es un fenomeno excepcional, sino que murió en manos de machos violentos y a la vista de otros tantos que asistieron al espectáculo sin sentir empatía por la victima. La exhibición de la violencia, es constitutiva de la masculinadad, y es letal.

El feminismo, hace sus intentos de convencer aún cada vez mas a los varones que esta estructura patriarcal también los esclaviza, que resulta urgente abandonar esta forma de construirse como sujetos, abandonar el mandato de masculinidad, para construir nuevas formas de relaciones genéricas, menos violentas y mas humanas.




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