01/07/2018

#ANRedMundial Entre la vergüenza y la sorpresa: Argentina eliminada

La desazón tras la derrota 4 a 3 frente a Francia. Foto: AFP

En un mundial plagado de sorpresas, Argentina quedó eliminada con Francia tras una clasificación que había rozado el milagro. Pese al agónico triunfo frente a Nigeria y el disputado partido ante un rival superior, las falencias institucionales que desperdiciaron una generación de jugadores notables quedaron en evidencia. Entre las sorpresas, la eliminación de España se suma a la de Alemania en primera fase. Uruguay derrotó a Portugal 2 a 1 y también dejó a afuera del mundial a Cristiano Ronaldo. Por Ramiro Giganti para ANRed 

Los resultados sorpresivos generaron un clima revuelto susceptible de disimular falencias y papelones. Que el último campeón mundial, presentado como modelo por su estilo de juego y estructura colectiva, Alemania esté eliminado en primera ronda puede ser la excusa para disimular años de desidia institucional por parte de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). En un deporte apasionante por la posibilidad de imprevistos se puede ganar o perder, pero el trabajo colectivo reduce posibilidades. Alemania perdió, después de haber ganado su 4to mundial y es la primera vez en lo que va del siglo que se retira de un mundial sin jugar los 7 partidos (finalista en 2002, tercero en 2006 y 2010 y campeón en 2014). Es el fin de un ciclo exitoso que deja una estructura de cara a futuro con jugadores jóvenes que ya tienen rodaje (el año pasado Alemania ganó la Copa de las Confederación con un equipo de menores de 23 años, el mismo que obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016).

Otra notable generación de futbolistas se acaba de despedir del mundial: España.  Con una crisis surgida a partir de las irregularidades en torno a su ex entrenador, y su polémico contrato con el Real Madrid, España cambio de entrenador a 3 días de presentarse, pero el cambio de nombre no alteró su estilo de juego. La generación encabezada por Andrés Iniesta, y jugadores como Pique, Busquets, Sergio Ramos o Jordi Alva, entre otros se despide del mundial pero habiendo logrado que su selección sea por primera vez campeona y con dos Eurocopas en su haber.

Ambos procesos se caracterizaron por el juego colectivo, la tenencia de pelota y la dinámica en los movimientos con y sin pelota. También por la continuidad de los procesos y el trabajo desde las divisiones inferiores y sus torneos locales. Sus figuras, son el condimento final, pero no la razón de ser del equipo.  Ninguna de estas dos selecciones se formó desde la dependencia de un jugador, sino a partir del trabajo y las estructuras colectivas.  

La contractara (a pesar de algunas similitudes en recientes crisis en estas dos selecciones) es la Selección Argentina. A punto de quedar fuera en eliminatorias, logró clasificar por un partido memorable de Lionel Messi, concretando 3 goles y evitando así lo que hubiera sido el peor papelón de la historia del fútbol argentino. Mientras Alemania entre 2010 y 2018 sostuvo al mismo entrenador (que además había sido el ayudante de Jürgen Klinsmann en el mundial de 2006), Argentina tuvo 6 entrenadores distintos (Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli) que además tenían distintas metodologías de trabajo y estilos de juego, cuando lo tenían.

 

La generación desperdiciada

Si bien Argentina siempre se caracterizó por tener jugadores compitiendo en las más grandes ligas del fútbol mundial, por lo que inevitablemente siempre llega, en mayor o menor medida, entre la lista de selecciones candidatas, la generación que se está despidiendo es particularmente una generación de enorme prestigio por lo que cada jugador desarrolló en su carrera personal. Tras ganar los mundiales juveniles de 2005 y 2007, y la medalla de oro olímpica en 2008 la ilusión para lograr, quizás más de una vez, el máximo premio del futbol mundial, tenía su fundamento. No solo por la figura de Messi, 5 veces balón de oro, sino por un elenco que (incluso sin Messi) había ganado aquel mundial juvenil en 2007, con Sergio Romero, Gabriel Mercado, Ever Banega, Angel Di Maria, Sergio Agúero y otros que luego serían referentes de esta generación.

Insultados por perder 3 finales consecutivas (cuando no siempre se llega a jugarlas) y con un entorno institucional que lejos de reconstruirse tas la muerte de Julio Humberto Grondona perpetuó las peores practicas heredadas de su gestión. Mientras las barras bravas (también devenidas en fuerza de choque cuando un gobierno o institución necesita reprimir sin policía) se siguieron adueñando de clubes y ya ni siquiera hay hinchadas visitantes, las estructuras de trabajo en divisiones inferiores se fueron deteriorando y el mercado destrozó los tiempos de trabajo. La banalidad y violencia física y verbal de las tribunas se expandió incluso a los medios de comunicación y, si bien, el fascismo y el machismo en las tribunas no son una novedad, en pleno siglo XXI, donde son puestos en cuestionamiento, la “futbolización de todo” puso en evidencia la brutalidad conservadora de un importante sector del país.

Volviendo a la selección, los papelones, fruto de la soberbia y la desidia, tampoco son una novedad en la historia del fútbol argentino. Desde la no participación en los mundiales de 1950 y 1954 y el papelón de 1958, Argentina tropezó más de una vez con la misma piedra. En aquella ocasión, una selección local embriagada de soberbia tras ganar el sudamericano de Lima en 1957 y de contar con numerosas figuras que brillaban en el fútbol local, viajó a Suecia creyéndose campeona antes de competir. Incluso se dio el lujo de prescindir de 3 de sus máximas figuras que habían brillado en aquel sudamericano apodados “los carasucias de Lima”: Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Enrique Omar Sívori, por haber migrado al fútbol europeo. Ninguna reglamentación les impedía sumarse al seleccionado argentino para jugar el mundial, pero desde la dirigencia local se optó por prescindir de ellos.

Aquel, no había sido el único gesto de soberbia que atentó contra el seleccionado: la falta de trabajo táctico y de información sobre los rivales jugó un papel elemental. En el primer partido de aquel mundial (donde la selección argentina tuvo que jugar con una camiseta amarilla prestada por el Club “IFK Malmo” de Suecia, por no haber llevado indumentaria suplente), Argentina presento un dibujo táctico que era tradicional en las competencias locales, pero que ya era vetusto en el fútbol europeo: el “2-3-5” (dos defensores, 3 mediocampistas, y 5 delanteros) mientras que en Europa ya predominaba el 4-2-4, innovación de la notable selección de Hungría subcampeona en 1954. Nadie en Argentina había visto jugar a los alemanes, no conocían a su rival, mientras que el entrenador alemán había visitado Argentina unos meses antes y presenciado partidos de fútbol para tener conocimiento de su futuro adversario. Argentina perdió 3 a 1. Tras recuperarse y derrotar a Irlanda del Norte, Argentina llegó a su último partido frente a Checoslovaquia con posibilidades concretas de lograr la clasificación. Con un juego “socialista” (caracterizado así, no solo por ser un país que venía del otro lado de la cortina de hierro sino por su trabajo colectivo en el centro de la cancha)  los checos aplastaron a los argentinos desde lo táctico y lo físico logrando superioridad numérica en la mitad de cancha y rápidas jugadas ofensivas, dejando en ridículo al notable arquero Amadeo Carrizo. El resultado final fue 6 a 1, y es, hasta el momento, el mayor papelón de la historia del fútbol argentino en mundiales.  Los “machos argentinos” volvieron fracasados y fueron recibidos a “monedazos” por una masa de manifestantes indignados por la derrota.

A 60 años de aquel episodio, Argentina parece no haber aprendido nada. Entre notables logros, como las dos copas mundiales y las numerosas copas sudamericanas y logros de varios clubes, se alternaron algunos papelones fruto de la soberbia: el 0-5 contra Colombia en 1993, que desembocó en la vuelta de Diego Maradona para jugar el repechaje contra Australia y llegar al mundial de Estados Unidos de 1994 con otra notable generación de jugadores con un triste final más que conocido. El 0-4 contra Alemania más cerca en el tiempo, en Sudáfrica 2010, donde la selección también se vio superada en la mitad de la cancha dejando a la defensa en inferioridad numérica ante los atacantes alemanes.

La lección de 2010 fue aprendida a medias y con un planteo más defensivo, el entonces entrenador Alejandro Sabella, sin un fútbol vistoso, desarrolló un esquema táctico que le permitió a Argentina quedar a minutos de su tercera gesta mundial y que esta generación de notables jugadores vuelva a poner a Argentina por primera vez en 24 años en una final mundial. Con un planteo más acorde al fútbol ofensivo y el antecedente de haber jugado una final, se esperaba que el proceso siguiente, encabezado por Gerardo Martino, pudiera agregarle un juego más vistoso y ofensivo a una selección competitiva que buscaría revancha. Pero para eso hacía falta un proceso con continuidad, algo que posteriormente que no se desarrolló.

 

De la soberbia a la desidia institucional

Resulta pertinente señalar que el fracaso no se reduce solo a la soberbia de algunas personas sino a toda una estructura mafiosa y displicente. Tras caer en las dos finales de las siguientes copas América en los años 2015 y 2016, y en un contexto de acefalía por la muerte de Julio Humberto Grondona, Gerardo Martino abandonó el cargo en medio de una crisis que incluso generó una momentánea renuncia de Messi al seleccionado. Un improvisado seleccionado Sub 23 pasó vergüenza al ser eliminado en primera ronda en los Juegos Olimpicos de Rio de Janeiro en 2016. Las divisiones inferiores sumaron papelones, como al participar de un mundial juvenil en Nueva Zelanda bajo la conducción técnica de Humberto Grondona (el “hijo de…”) y quedar prematuramente eliminado con un plantel que no llevó ningún jugador que juegue de “Marcador de punta”, es decir un puesto del que se pedía la formación de jugadores en la selección mayor, por no tener recambio, un seleccionado juvenil no desarrolla el trabajo pertinente.

Bajo una “comisión normalizadora” al frente de la AFA se designó como entrenador a Edgardo Bauza, de un perfil y estilo de juego más defensivo totalmente opuesto a Gerardo Martino. Sin haber tenido ni siquiera un partido amistoso como ensayo, Edgardo Bauza encaró parte de las eliminatorias con resultados dispares y un juego muy poco vistoso y duramente criticado. A un año de jugarse el mundial, y sin la clasificación asegurada, con una nueva dirigencia encabezada por Claudio “chiqui” Tapia y Daniel Angelici, tras el bochorno del “38 a 38” (votación donde 75 dirigentes iban a elegir la nueva gestión, pero que terminó con ese número demostrando las irregularidades hasta un nivel que supera el ridículo), Edgardo Bauza es despedido (actualmente la AFA sigue pagando su remuneración ya que el contrato era hasta después del mundial). Por capricho de Daniel Angelici, quien había intentado meses atrás contratarlo como entrenador de Boca, Jorge Sampaoli es designado como nuevo entrenador de la Selección Argentina. Para ello, además de la suma millonaria que supone su contrato, la AFA tuvo que pagar un millón y medio de euros al Sevilla F.C. por la cláusula de recisión que el entrenador tenía con el club andaluz. Sampaoli firmó un contrato por 5 años, por lo que de ser despedido la AFA debería abonar una suma cercana a los 20 millones de dólares, es decir, los 5 años de contrato.

Con este despilfarro de dinero que la AFA, organismo público, gasta por no respetar contratos o por malas incorporaciones, se podría mantener, por ejemplo, a los 354 trabajadores despedidos de la Agencia Télam. Un dirigente que forma parte del PRO, como es Angelici, no parece cuidar el dinero público mientras el gobierno que él apoyo ajusta a la clase trabajadora.

Si bien Sampaoli dijo en conferencia de prensa, tras la derrota con Francia, que no pensaba abandonar el cargo, cada vez son más fuertes los rumores sobre su renuncia, que sería formalizada el próximo martes 3 de julio.

Mientras tanto, una generación de jugadores se despide de la posibilidad de concretar el sueño de ganar la copa del mundo. Para la próxima copa a disputarse en Qatar en el año 2022, Lionel Messi tendrá 35 años. Probablemente siga en actividad, pero sin duda su edad de plenitud va a haber terminado.

La posibilidad de tener (al menos en la superficialidad del espectáculo deportivo) una alegría acaba de pulverizarse. Entre los responsables se encuentran las mismas instituciones que gobiernan y deciden las medidas económicas, los despidos en el sector público y las políticas de ajuste y aumento de tarifas que tanto castigan a la mayoría trabajadora.

 



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