22/06/2018

Parto respetado: otro derecho a conquistar en la salud pública

El parto respetado está consagrado en la legislación argentina. Sin embargo, su implementación efectiva es aún tarea pendiente. Reflexiones sobre el tema desde la Provincia de Mendoza. Por corresponsal popular para ANRed


En Argentina tenemos una ley que prescribe sobre cómo deberían orientarse las prácticas de los  trabajadores de la salud respecto a la atención de una mujer durante su embarazo, parto y pos parto: La ley 25929. En Mendoza respecto a este tema tenemos la Ley 8130.

En la necesaria implementación están trabajando distintos sectores de la sociedad: instituciones públicas, organizaciones sociales y políticas, trabajadoras, familias. Muchas trabajadoras de la salud, médicas, lic en obstetricias, enfermeras, neonatólogas, nutricionistas, trabajadoras sociales, sociólogas, están comprometidos en ello. Pero no es tarea fácil. El sistema de salud es uno de los que expresa mayor resistencia a estos avances. ¿Por qué? Porque desde que nació la medicina, la obstetricia y disminuyeron las muertes materno-infantiles gracias a los avances científico-tecnológicos, esto generó que el protagonismo en la atención de las mujeres se restringiera al saber médico especializado.

¿Y por qué esto puede ser un obstáculo? Nos preguntaremos. Como bien decía un médico obstetra hace poquito “el nacimiento antes era vivido como una fiesta en familia, cuando nació la obstetricia debía seguir siendo una fiesta y el obstetra un invitado para ayudar a que esa fiesta terminara bien. Pero ocurrió lo contrario”. La fiesta dejó de ser fiesta. Pasó a ser un evento de una institución y el invitado pasó a ser el  protagonista, y no la mujer que iba a parir.

¿Y qué consecuencias trajo esto a la salud de las mujeres? ¿Qué pasa cuando dejamos de ser las protagonistas de esa hermosa fiesta “deseada”? Pasa que sentimos que no somos personas, pasa que no nos escuchan, que no nos preguntan, que no nos cuentan cómo va la cosa. Que no le cuentan a nuestra familia que está esperando en la sala cómo estamos. Pasa que nos dejan en una camilla más de dos horas luego del parto, junto a otras mujeres en la misma situación, pasando frío, esperando con nuestro hijo acostado con nosotras que “terminen eso que tienen que hacer”: que venga el camillero, que se desocupen esas camas, que termine el médico de llenar nuestra historia clínica, que llene la cartilla de salud de nuestro bebé y… ¿por qué no hacen todo eso mientras esperamos en la habitación?

Pasa que cuando no somos las protagonistas de esa fiesta y queremos serlo, nos dicen mientras nos realizan una cesárea y estando solas: “ahora estas pibas porque han leído una ley quieren venir a decirme qué tengo que hacer yo que soy quien estudió”.

Pasa que las llamamos para saber que pasó y nos dicen “mamita esperá que están todos ocupados. Tenés que esperar. Esto no es así como una quiere”. Pasa que no nos tratan con respeto. Que no respetan nuestras decisiones. Decía una mamá “Si yo quiero que mi hija nazca sana y yo transitar el proceso lo mejor posible ¿Por qué me dice ‘tu hijo se va a morir si vos no haces lo que yo te digo´, cuando sólo les estoy diciendo que siento que puedo pujar, que esperen para ver si me llevan a cesárea? Y si tengo que ir a cesárea ¿por qué no me lo explican mejor y amablemente? ¿Por qué me quieren asustar?”.

Todas estar formas de no respeto nos hacen mal. Nos afectan tanto que el proceso no transcurre facilitando la expresión de nuestra fisiología psicofísica preparada para colaborar en que nuestra dilatación no se detenga, que nuestro bebé baje, que el dolor no se convierta en sufrimiento. Pasa que durante el trabajo de parto, si no nos respetan y nos tratan como un objeto producimos más adrenalina y ésta interfiere en la producción de oxitocina y endorfina, haciendo más difícil que el parto no sea asistido, y haciéndolo más doloroso. Haciendo que nuestro puerperio se cargue de angustias, de culpas, por lo que “yo no pude hacer”.

Queremos que esto avance. Las mujeres necesitamos que se avance en la “humanización” del parto. Y en ello el papel de las organizaciones sociales es fundamental.

Las maternidades públicas y privadas pueden ir modificando sus prácticas. Pero ello depende de una serie de circunstancias: personal comprometido con estos derechos, personal que sea interpelado para que deje de realizar esas prácticas que nos invisibilizan y violentan, autoridades que se hagan responsables de acciones institucionales que promuevan esos cambios en las prácticas del personal, infraestructura adecuada, mujeres y familias conscientes de estos derechos y de su impacto en la salud. Organizaciones sociales de mujeres que tomen la violencia obstétrica entre sus reivindicaciones.

Necesitamos que las mujeres que parimos y nos dimos cuenta que no nos respetaron, hagamos la nota al hospital exponiendo todo aquello que nos parezca pertinente. Necesitamos mujeres que expongan formalmente su malestar durante esa atención en la institución y soliciten una respuesta adecuada según lo que menciona la ley 26485, la ley 25929, la ley 8130, y la ley de derechos del paciente.

Juntemos todas esas notas. Hagamos historia. Volvamos a ser protagonistas de nuestros partos e invitemos a los especialistas de la salud a nuestra fiesta, pero no para que sean los anfitriones, sino para colaborar en que ese acontecimiento sea realmente una celebración.

 



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