01/04/2018

Las huertas comunitarias crecen con fuerza en el sur del conurbano

Los espacios verdes en los que cualquier persona puede sembrar y cosechar sus alimentos de forma gratuita no sólo se multiplican, sino que trabajan en red para potenciarse y compartir experiencias. Por Movimiento Etiopía.

La falta de dinero y de espacio ya no son excusas válidas al momento de sembrar y cosechar alimentos. Al menos en la zona sur del conurbano bonaerense, donde las huertas comunitarias van creciendo en número y organización, e invitan a todas las vecinas y vecinos a sumarse de forma totalmente gratuita. Se desarrollan en terrazas, veredas, plazas y centros culturales en los que además se ofrecen charlas, talleres y ferias de semillas, entre otras actividades.

La red de zona sur ya suma nada menos que ocho huertas comunitarias que trabajan en conjunto: la Terraza de Apu (Lomas de Zamora), el Centro Integrador Comunitario (José Mármol), la Casita de Longchamps, los Monchos Murgueros (ambas de Longchamps), la Casa Carlos Fuentealba (Llavallol), la Huerta Barrio San José (Temperley), la Huerta Plaza Callegari y la Senzabello (ambas en Florencio Varela) se reunieron en octubre de 2017 para construir una red que sirve para realizar jornadas de trabajo en conjunto y, a partir de marzo de este año, acciones colectivas en plazas y parques, llamadas “Inter Huertas”, para acercar diferentes propuestas a los vecinos e invitarlos a sumarse.

“Las huertas comunitarias son espacios educativos, terapéuticos y sociales”, explica Nahuel, que participa en la Terraza de Apu, donde se preservan semillas autóctonas para generar un banco de semillas libre y soberano. “También son un lugar de encuentro y de aprendizaje colectivo”, agrega Luis, de la Casita de Longchamps.

En la Huerta Barrio San José, Federico comenta la propuesta de convertir al lugar en un punto de recepción de residuos reciclables y en una “compostera comunitaria”. ¿Qué es un compost? Una porción de tierra en la que se arrojan cáscaras de frutas, verduras y otros residuos vegetales, y que con el tiempo se convierte en una fuente de tierra fértil, como la que existe en la terraza de la Casa Carlos Fuentealba. “Todo es compost”, dice Matías, y se refiere a que casi todos los materiales que conocemos son reutilizables. Por ejemplo, neumáticos viejos y cajones de madera, que sirven como canteros de cultivo.

“Buscamos concientizar para lograr una transformación social”, afirma Tamara, que participa desde hace más de cinco años en las huertas de Florencio Varela, donde se brindan charlas de agroecología, alimentación y fitomedicina.

La siembra, es evidente, comenzó hace bastante tiempo, y la mejor cosecha sería que muchas más personas se sumaran a la Red de Huertas Comunitarias.

¿Cómo comunicarse? A través del facebook (buscar el grupo “Huertas Comunitarias Zona Sur”), donde también se puede conseguir mucha más información.



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