07/03/2018

Trabajadoras desobedientes: Este no era un trabajo para mujeres

Foto-entrevistas a mujeres con oficios históricamente ejercidos por hombres: Silvia, pizzera; Yami, electricista y Valeria, chef. Por Quilomba!

Pizzeria al paso, nicho de hombres si los hay. ¿Quién se hubiera imaginado cincuenta años atrás que la hija de Don Pirillo, por entonces una niña que jugaba dentro del local, iba a estar al frente del negocio familiar? Hoy en día, Silvia Vizzari es dueña junto con su hermana de Pirillo, heredado de su padre. Ella atiende al público, realiza la producción y corta la muzza como ninguna. En un hábil movimiento, corta una porción y agarra una servilleta (de las grises, las de antes) para entregar las porciones minuto a minuto entre lxs que entran y salen. Vemos a Silvia seria, concentrada en los pedidos que recibe, hasta que le contamos que no vinimos a comer, que venimos a verla a ella porque es famosa en el barrio. Las paredes de Pirillo están llenas de homenajes y de historias albergadas en este localcito sobre calle Defensa, casi Independencia.

Silvia tiene un ritmo práctico y seguro. Se hace unos minutos entre pedidos para conversar con nosotras y nos cuenta que San Telmo es su barrio de toda la vida. La pizzería fue fundada en 1932 por Don Pirillo. “Yo me crié acá desde que nací, de chica fui mirando y aprendiendo. Después, a eso de mis quince o dieciséis años empecé a trabajar para tener mi propia plata, empecé a formarme para aprender cómo era el manejo del negocio”.

Hoy Silvia tiene 54 años y lleva casi 40 de oficio. “Una sabe como moverse”, dice respecto a cómo se lleva con lxs clientes, que en su gran mayoría son hombres. Según ella los desubicados son los menos: “Contados con los dedos de las manos”.

Respecto a la diferencia salarial, Silvia refiere no estar al tanto de cuánto gana un pizzero hombre, pero sabe que la diferencia existe. “En nuestro caso, acá somos mi hermana y yo quienes llevamos adelante a Pirillo; son los varones los que nos asisten”.

 

El #8M del año pasado tanto Silvia como su hermana marcharon junto a la gran marea de mujeres, lesbianas, travestis y trans en aquella jornada histórica. Respecto a este jueves 8 de marzo dice contenta: “Ya dijimos, los empleados se van a quedar y nosotras vamos al paro. Paramos para reclamar que sea más igualitario a todo nivel. Si vos pones una empresaria y un empresario, a la mujer siempre la van a tratar de esto, aquello y lo otro. El tipo puede ser lo que sea y nadie le va a decir nada. Por eso te digo, te hablo desde el nivel más bajo al nivel más alto. El trato tiene que ser igual para todxs”.

Dimos con Yami Naza gracias al grupo de facebook TransFeministasTrabajando. “Grupa” virtual donde se comparten distintos servicios, por mujeres disidentes y para mujeres disidentes. Yami es electricista, entre mate y mate nos cuenta que es de Santa Cruz, que tiene veintiséis años y que vive en Buenos Aires hace tres. Allá estudió turismo, lo cual la llevó a trabajar en un Parque Nacional donde además de atender al público realizaba tareas de mantenimiento: “Siempre me interesó la parte práctica. Aprendí pintura, carpintería y mantenimiento de vehículos”. Estando ya acá y mientras trabajaba en un restaurant (también cocina) recibió de una amiga la información respecto a cursos del Ministerio de Trabajo de la Nación: Formación para mujeres, en oficios no convencionales. Y dentro de las opciones había un curso de electricidad.

Esa formación gratuita y organizada en módulos cuatrimestrales se vio truncada con la llegada del macrismo. Junto a muchos otros programas de educación y formación profesional, se cerró el curso. Se quedó sin la opción de seguir avanzando en el plan de estudios para llegar a ser una electricista matriculada y profesionalizarse en Industria. “Fue muy fuerte lo que pasó porque habremos terminado el curso diez compañeras y tres varones. Los tres varones salieron trabajando y de nosotras creo que solamente yo terminé trabajando formalmente de electricista.” Este año se anotó en un Centro de Formación Profesional para poder obtener la matrícula, pero todavía está esperando que se libere un cupo. Como tantas otras compañeras, cuando fue a anotarse días previos al cierre de inscripciones, ya no había lugar. Las listas se llenan de varones que se anotan antes, por tener mayor disponibilidad de tiempo.

Yami se complementa junto con su amiga Miru, quien realiza trabajos de albañilería y plomería. Prefieren trabajar juntas en casas de mujeres y están buscando encarar obras, reformas u otros proyectos más grandes. “Políticamente, mi recomendación y siempre que paso mi contacto es no a varones cis, sólo disidencias y mujeres. Encuentro que trabajar para disidencias y mujeres es mucho más valioso que trabajar para varones que tienen todo el resto del mercado para ellos”.

“El trabajo para mí es gran parte de mi vida y de mi día, es donde más me relaciono con la gente. Me copa mucho esto, gracias a mi trabajo puedo conectar gente más allá de conectar eléctricamente las cosas. Por ejemplo, mañana voy a trabajar a la casa de una médica cardióloga, y al otro día conozco a una piba que necesita y no tiene obra social y le puedo pasar el contacto. Pasado puedo trabajar en la casa de una panadera que labura por su cuenta y después conozco a alguien y puedo recomendarla. Eso es lo que más me gusta del laburo y también el recibimiento de las personas, que es bueno porque quienes me contratan están buscando ese servicio, sentirse seguras en su casa, alguien a quien poder pedirle que haga el trabajo”.

Le preguntamos si gana lo mismo que un hombre y nos explica que como trabajadora no oficial es peor. Los trabajadores varones ganan casi un 50% más de lo que percibimos nosotras, las mujeres. “Y no es porque yo lo decida así digamos, mis precios los guío mediante la página del gremio de electricidad. Cobro según lo que dice el gremio. Pero a la hora de una contratación, si una persona quiere tomar a varias personas electricistas para hacer una obra, ahí sí es cuando perdemos porque somos pocas y nos pagan menos”.

 

Yami nos cuenta que de cara al próximo Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, sí va a parar el 8. “No sé cuáles son todos los ítems, pero por lo menos los que más se están nombrando, como igualdad salarial, aborto legal, que son cosas que vienen ya de hace mucho tiempo, me parecen que estan piolas. Y más que igualdad salarial, yo considero que es importante valorar cómo trabaja cada persona. Yo podría cobrar lo mismo que cobra un electricista varón, pero realmente puedo decir que mi trabajo es más prolijo y lo puede decir cualquiera que me haya contratado. Es un valor agregado que debería considerarse más allá de ser igual a otrx. El jueves marcho, no milito en ninguna organización, creo que mi militancia es el laburo. Y lo que comparto con mis compañeras, me parece que es una forma de decir que esto se puede.”

 

Valeria nos recibe en Padre, un restó palermitano con mucha onda, esquina Borges y Soler. Ella es jefa de cocina, y si bien es lunes, su único día franco, nos dedicó tiempo para poder visitarla en su cocina y charlar tranquilas. Vale es uruguaya y vino a vivir a Buenos Aires hace poco más de nueve meses. Formó parte del equipo de Padre desde el momento previo, cuando armaron el proyecto y prepararon la carta. Ya llevan seis meses desde la apertura. Nos cuenta que desde la cocina que dirige apuntan a comidas clásicas pero que sean lo más gourmet posible, que se sientan todos los sabores, usando productos frescos, lo que a la gente le gusta.

“Mi vínculo con la cocina nació desde chica, mi papá es Chef, en mi casa siempre cocinó él. Yo no lo ayudaba mucho, pero lo observaba y me gustaba lo que hacía. Y me encantaba comer, ¡de hecho me encanta! Y después empecé a experimentar ¿viste que hubo como un auge de programas de cocina? Me la pasaba colgada viendo todo. Si bien estudié otras cosas. Empecé dos carreras, pero no las terminé (Filosofía y después Psicología). Hasta que dije bueno no voy a renegar más. Lo que me gusta es la cocina ¡ya fue! Me decían: ‘¿Estás segura? Mira que es re esclavizante, vas a estar ahí los domingos, los feriados’. Y bueno sí, lo hice, y listo. Es lo que realmente me gusta”.

Valeria vino con más de tres años de experiencia, estudió en la escuela del Gato Dumas en Uruguay durante cuatro años. Migró para este lado del Río de La Plata a probar suerte también en un sentido cultural: además de la cocina hace teatro. “Empecé trabajando como todxs de ayudante de cocina, de bachera. Y en mi último trabajo sí fui jefa de cocina de casualidad, se dieron ciertas circunstancias y el chef que estaba se fue y quedé yo. Acá pasó algo parecido, el chef que iba a manejar todo se terminó yendo. Así que como por naturaleza me sale organizar las cosas, estar atenta a lo que hace falta y acá hay que resolver todo el tiempo cosas que surgen, pasó un tiempo hasta que llegó el ofrecimiento formal del cargo”.

Respecto a la diferencia salarial, sabe de experiencias anteriores en las que no sólo el salario es diferente sino también el trato. “El respeto es diferente, lo que una tiene que hacer para que la respeten más, que te den la razón después de que pasaste diez pruebas. Mismo mi viejo, al principio tenía problemas con él por el tema de la cocina, me decía: ‘No. ¡que vas a estar ahí! Eso no es un trabajo para una mujer’, hasta que le terminé ganando. Cuando tuve una primer entrevista me pasó que le dije que tenía experiencia en cocina y el jefe me contestó: como todas las mujeres. Viste cuando decís, bueno ¿qué hago? ¿me levanto y me voy? Hay que lidiar con esas cosas todo el tiempo. Una tiene que estar demostrando permanentemente. Por ahí decís: Yo sí sé hacer tal cosa, ‘ah ¿Y cómo lo hacés?’. Le explicás y te dicen ‘ah bueno, a ver…’, con una mirada de desconfianza. Eso estoy segura que a un varón no le pasa. Lo que me pasa a mí ahora es que laburo con todos hombres en la cocina, y son re buena onda porque me ven laburar y van viendo cómo trabajo. Vamos aprendiendo entre todxs también”. En cuanto al entorno le han llegado comentarios positivos respecto a sus platos, “el otro día leí una crítica en Google que decía: lo mejor que tienen es el chef. Se imaginan que es un hombre.

“Para el #8M2018 voy a participar, voy a marchar, no milito en ningún lado acá pero estoy al tanto. La acción de parar me parece compleja, por todo lo que conlleva, me parece que el paro tiene que tener la máxima adhesión posible para que pueda ser realmente sentido. No que sólo paren las personas que están en el sindicato y demás. El 8M pasado estuve en la marcha en Uruguay, pero fui después. Este jueves no sé si paro porque estuve preguntando. Algunas me dicen que sí se llama al paro en el gremio, otras me dicen que no. Pero a la marcha sí voy, de hecho voy a ir con unas compañeras de acá”.

Vale nos comparte una última reflexión antes de terminar: “el otro día nos preguntábamos con una amiga ¿Por qué es loco que una mujer sea Jefa de cocina? ¿Por qué no hay tantas, cuando es lo más normal que la mujer cocine? Pero el tema es que esa normalidad, es de las puertas de la casa para adentro. Eso sí es normal. Ahora, cuando la mujer sale a cocinar afuera y a que le paguen por eso, ahí está la diferencia. Claro, porque para la mujer cocinar era su laburo cotidiano, trabajo invisibilizado. Capaz hay mujeres que cocinan mucho mejor que yo, sin estudio, pero nadie se los reconoce. Afuera, el hombre, asalariado y en las fotos. Adentro, la mujer trabajando gratis.”

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8M

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