17/02/2018

Muchas dudas sobre la consistencia del plan económico

macri_4-2.jpgEl inicio del año trajo gran incertidumbre sobre una economía muy vulnerable a los movimientos globales y crece la idea de que deberá ser recalibrada nuevamente. Nadie logra explicar la consistencia de las medidas y solo hay una certeza: la calle vuelve a hacerse oír. Por Eduardo Lucita.


El ingreso del gobierno de Mauricio Macri en el nuevo año no pudo ser más desalentador. Arrastra el rechazo a la reforma previsional, el fracaso de la política antiinflacionaria, las inversiones que no llegan, el dólar que se dispara y el impacto del “affaire” Triaca. Por si algo faltara el saldo de su “exitosa” gira internacional es prácticamente nulo. ¿Cuál es la consistencia del programa económico en curso?

Un periodista de buena pluma escribió semanas atrás “El escenario de octubre cambió en diciembre”. Aludía así a que la euforia provocada por los últimos resultados electorales -que llevó incluso a que variados analistas dieran ya por descontada la reelección en 2019- mutó rápidamente por los acontecimientos que se sucedieron a partir de mediados de diciembre pasado.

Otra percepción política

¿En que se basa esta afirmación? En que se percibe una mirada crítica bastante extendida sobre la imagen y capacidad de gestión del gobierno, así como de las expectativas sobre la inflación y la economía en general, tal como surge del último relevamiento de mercado (REM) que periódicamente hace el BCRA.

Diciembre acumuló algunas de las razones que explican esta rápida mutación. El rechazo a la llamada reforma previsional, que convocó a ciento de miles de personas así como la represión estatal en un nivel inusitado. El reconocimiento del fracaso de la política antiinflacionaria y el cambio de metas; la debilidad del momento económico y la ausencia de inversiones suficientes; el fiasco de su gira internacional, especialmente en cuanto a un acuerdo con la Unión Europea que ya daban por descontado. Más adelante se sumaría el “affaire” Triaca -se puede agregar también el del ministro Etchevere- que dio de lleno en el corazón del relato macrista de ser moralmente superiores al kirchnerismo.

Encuestas al por mayor

Las encuestas de diversas consultoras, cercanas o no al oficialismo, a las que es tan adicto el gobierno, incluso sus famosos “focus groups”, dan cuenta de esta rápida mutación del humor social y dan la razón a aquellas afirmaciones. Por ejemplo un sondeo de la consultora Synopsis nos dice que la imagen de la gestión del equipo gubernamental cayó 13 puntos mientras que la imagen negativa subió 11. Otros datos de la misma fuente registran que el 60 por ciento de los consultados rechaza la reforma previsional y que casi el 50 hace lo mismo con la laboral. En tanto para la consultora Query, en su evaluación económica para el año, el 46 por ciento piensa que estará peor, el 24 mejor y el 17 igual. La consultora D”™Alessio Irol/Bernstein tiene datos similares. Todos coinciden: la imagen esperanzadora, caballito de batalla del oficialismo, ha caído fuertemente. El porcentual de quienes hoy apoyan al gobierno pensando que este garantizará “un futuro mejor” es similar al obtenido electoralmente por Cambiemos en el 2015.

Recalibrando

Recalibrar es el nuevo eufemismo acuñado por el ministro de Hacienda en la conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado. Allí se anunció una meta más “realista” de inflación llevándola de 10 a 15 puntos en todo el año y una baja de tasas que, de conjunto provocaron una nueva devaluación, reclamada por los exportadores y tolerada por el gobierno.

En los últimos dos años el BCRA analizaba el proceso inflacionario desde una óptica exclusivamente monetarista. Eso ahora cambió y fue el equipo económico el que impuso una visión predominantemente fiscal que incorpora un componente de costos. El resultado es una suerte de shock heterodoxo que combina fuerte reducción de subsidios, la sanción de un mega DNU, que busca ampliar los márgenes de maniobra de los empresarios, tope y revisión de las paritarias y despidos en el sector público, con un gradualismo pragmático en la baja de otros componentes del gasto público y de la presión tributaria a las empresas; la fragmentación de la reforma laboral y ahora también del mega DNU.

La variable salarial

En el nuevo esquema el nivel salarial es parte importante del gasto público y de los costos empresarios y por lo tanto sería determinante del nivel de inflación. Veamos: en esta visión son tres las variables que inciden en los costos: el tipo de cambio -determina en última instancia el precio de los bienes que se negocian en el mercado mundial-, las modificaciones tarifarias y por último la variación de los salarios.

El tipo de cambio se lo supone controlado por una flotación “sucia” y no sujeto a otras variaciones que las que admite el BCRA, los incrementos tarifarios están explicitados y son fácilmente calculables, quedan los salarios que son fijados en paritarias y por lo tanto sujetos a relaciones de fuerza. Por lo tanto en el nuevo enfoque será la tasa de variación de los salarios la que determine la tasa de inflación.

En esta lógica cuando el gobierno modifica al 15 por ciento la tasa de inflación anual lo hace no porque sea más realista -todo el mundo ya calcula un porcentaje mayor- sino para fijar un tope a los acuerdos paritarios, especialmente en el sector público mientras que para los privados busca imponer el 15 por ciento o levemente superior y una modificación en la formula de ajuste. Ya no sería la cláusula gatillo que se impuso el año pasado, que garantizaba el ajuste automático, sino la revisión de la paritaria. Significa que si la inflación supera lo acordado en la paritaria ésta se reabriría para discutir cuánto y cómo de la diferencia se incorpora al salario sin garantía de ajuste alguno.

Incertidumbre al por mayor

Todo está en veremos. El presupuesto aprobado a fines de diciembre pasado ya es letra muerta. El crecimiento de la economía proyectado en 3,5 puntos está ahora siendo recalculado al 2,5-2,8, pero como habrá un arrastre de cerca de un punto, producto del fuerte crecimiento del último cuatrimestres 2017, el alza real puede ser solo del 2 por ciento. El tipo de cambio en un primer momento fue llevado a 20 pesos por dólar por la recalibración de la economía del 28 de diciembre, pero ahora está siendo fuertemente afectado por las turbulencias financieras producto de la suba de tasas de la Reserva Federal estadounidense que desató una nueva trepada que obligó al Banco Nación a vender 500 millones de dólares para frenarla. Parte de esta suba se trasladará a precios, nadie sabe en qué porcentual pero ya se habla de una inflación que recupera fuerzas, impulsada por el alza de tarifas y tasas y la devaluación.

Mientras aquí ya hay quienes hablan del triple 23 (tipo de cambio, inflación y tasas) en Wall Street comienzan a circular dudas sobre la consistencia del programa económico y miran con preocupación la disputa creciente entre el equipo económico y el titular del BCRA. Un capítulo aparte lo constituye la sequía que perjudica la cosecha, se supone que ingresarán 3.000 millones de dólares menos por pérdida de exportaciones y que afectará el precio de los alimentos, especialmente leche y carne (bovina, porcina o avícola), sin computar todavía la pérdida de ingresos fiscales por menores retenciones. Así las paritarias son una verdadera incógnita.

El inicio del año se caracteriza por una gran incertidumbre respecto de una economía muy vulnerable a los movimientos del mercado mundial y crece la idea de que deberá ser recalibrada nuevamente. Nadie logra explicar la consistencia de las medidas en curso. Solo hay una certeza: la calle vuelve a ser ámbito de las protestas sociales de masas.

Es que aún en pleno carnaval la realidad no admite enmascaramiento alguno.

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda)



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