10/02/2018

Preparen, apunten, fuego y amén

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Un trabajador discute con sus compañeros de trabajo sobre el caso Chocobar y el gatillo fácil. La posición de los trabajadores, que profesan el cristianismo, se coloca en favor del accionar del policía. Compartimos un relato cotidiano sobre un debate actual: la pena de muerte y la moral de algunos cristianos. Por Santiago Menconi para ANRed.


Esta tarde tuve un debate interesante con un grupo de compañeros cristianos. Hablamos de Chocobar, del gatillo fácil y de dos crímenes puntuales: el de Jesús de Nazaret y el de Pablo Kukoc.

Les pregunte si Jesús estuvo bien asesinado, me respondieron que no. Les pregunte si Kukoc estuvo bien acribillado, me respondieron que si. Les pregunte por qué, y argumentaron: “Lo que pasa es que Jesús vino para morir”, “Ojo, yo no estoy a favor de la muerte. Pero no juzgaría al policía, estoy a favor del policía”, “Estoy a favor de que lo haya matado”, “Así como esa gente no tiene piedad, yo tampoco la tendria”.

Entre discusiones, propuse analizar a fondo el asunto: Jesus de Nazaret fue arrestado por blasfemia, juzgado por el Sanedrín de Jerusalén, flagelado y crucificado. Pablo Kukoc fue sorprendido robando, tras haber acuchillado a un turista, y fusilado por la espalda por Luis Chocobar. Hace dos mil años, Jesús tuvo derecho a un juicio; en pleno siglo XXI, Kukoc no lo tuvo. Hace dos mil años se rescató la figura de la víctima, hoy se premia al asesino.

¿Y por qué no tuvo un juicio Kukoc? Por el Evangelio según Mauricio. El presidente manifestó públicamente sentirse orgulloso con el proceder de Chocobar “hiciste lo que hay que hacer”. En la misma línea se explayó la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich: “siguió los protocolos de la nueva doctrina que hemos elaborado”. La nueva doctrina consiste en seguir sumando crímenes a los 725 casos relevados por la CORREPI en 721 días de gestión. El mismísimo diablo estaría encantado.

Entiendo que no todos los cristianos deben pensar igual; habiendo tantas iglesias para un mismo profeta, es lógico que cada cual lo intérprete a su manera. Sin embargo, y por más vueltas que le dé, sigo sin entenderlos. Me sigue sonando extraño que eleven oraciones por un crimen de hace dos mil años y que, al día de hoy, sigan defendiendo la pena de muerte.



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