05/02/2018

“Mi hijo está enfermo”

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Javier Alagastino tiene 43 años y es de Dock Sud. Está diagnosticado por esquizofrenia desde los 15 años. El 18 de diciembre llamó al 911 desde su celular, dijo que quería matar al presidente y luego pasó su localización, y la ropa con la que estaba vestido a la policía para que lo fueran a buscar a la Plaza Alsina de Avellaneda. Lo fueron a buscar y desde entonces está detenido en el hospital de Ezeiza. “Mi hijo está enfermo. Presenté ante el juez Sergio Torres todos los diagnósticos, lugares de referencia donde fue atendido o internado, pero el juez no me escucha porque soy pobre”, denuncia amargada Isabel. Compartimos informe del espacio Libertad para Javier y entrevista realizada a la madre por Prensa Obrera.


Mi hijo está enfermo. Presenté ante el juez Sergio Torres todos los diagnósticos, lugares de referencia donde fue atendido y/o internado, pero el juez no me escucha porque soy pobre. Tengo defensa oficial, mi hijo permanece desde el día de su detención dentro del Hospital del penal de Ezeiza, si esa no es la confesión de que está enfermo no se qué más necesitan”, denuncia amargada Isabel, quien junto a su marido no se pierden una sola visita para que Javier sepa que no se olvidan de él.

“Esto no va a terminar el día que lo liberen, la situación posterior para él y para nosotros va a ser muy complicada. Este trauma no va a ser fácil de superar“, explica Isabel, la mamá de Javier

“Necesito que me ayuden a que el Juez Sergio Torres me escuche, y termine con esta causa en la que gastan plata sin ningún sentido. Mi hijo está enfermo, no puede cumplir con sus amenazas, que por otra parte son totalmente inverosímiles y la cárcel no es el lugar donde debe estar. Pido por favor que lo liberen urgentemente”

Isabel (mamá de Javier): 11-3260-9281

Imagen de tapa: Prensa Obrera


Otro preso del 18, esta vez un enfermo psiquiátrico (Por Prensa Obrera)

La historia de Javier Alagastino, diagnosticado esquizofrénico paranoide, detenido desde hace 50 días por el juez Torres.

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Desde la represión del 18 de diciembre, el juez Sergio Torres -el mismo que ordenó la detención y procesamiento de Dimas y César- mantiene encerrado en la cárcel de Ezeiza a Javier Alagastino, de 43 años.

“A Isabel la conocimos en la cola para hacer los trámites de visita en la cárcel de Ezeiza. Las dos esperábamos desde las cinco y media de la mañana, porque las oficinas abren a las 8”, relata Vanina Biasi. “Yo quería visitar a Dimas, que estaba detenido desde el 9 de enero.

Allí mientras hablaba con otras mujeres que hacían cola, me dijo: ´mi hijo Javier tiene 43 años. Está diagnosticado de esquizofrenia desde los 15. Con estudios, atención permanente, internaciones. Un tal Torres lo mantiene detenido acá desde entonces´. Pensé en la profunda impunidad con la que el poder judicial se comporta frente a la gente sin recursos”, cuenta Vanina de aquel primer encuentro.

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Luego de aquel primer encuentro, Prensa Obrera entrevistó a Isabel en su casa, en Avellaneda.

“Javier estaba descompensado porque no tomaba su medicación”, empieza el relato de Isabel Avella sobre el apresamiento de su hijo durante las jornadas contra la reforma jubilatoria de diciembre. Tiene 70 años y vive en un departamento de Dock Sud junto a su marido, que es trabajador ferroviario jubilado. La esquizofrenia paranoide, que es el diagnóstico que tiene Javier, es una enfermedad psiquiátrica que se caracteriza por el egocentrismo y el aislamiento, la pérdida de contacto con la realidad, ideas delirantes y trastornos de la percepción. Fue diagnosticado cuando era adolescente.

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“A él lo agarraron el día 18. Javier me decía: “˜Â¡Qué hijos de puta! A vos mami te quieren sacar la jubilación”. Promediaban las 14 hs, las imágenes sobre lo que ocurría en la Plaza de los Dos Congresos eran intensas y en ese momento Javier decide ir a manifestar solo a la Plaza Alsina, que queda a unas cuadras de su casa.

Así fue como Javier despotricó en soledad contra el gobierno en la plaza céntrica de Avellaneda, y llamó desde su propio celular al 911, desde donde siguió despotricando contra el gobierno, amenazó a Macri. Dentro de su padecimiento, Javier se había hecho una representación correcta de lo que estaba en juego, en definitiva, la rebaja de la jubilación de su madre. La policía le pidió su localización y Javier se la dio, les indicó a los policías cómo estaba vestido y esperó. “Estaba en la Plaza Alsina, gritaba. “˜Si tienen huevos vengan”™”. relata Isabel. Allí lo fueron a buscar y desde entonces permanece detenido en el hospital del penal de Ezeiza.

“¿Cómo va a hacer un atentado contra Macri? Es una criatura indefensa”, afirma Isabel, quien ve a su hijo como una criatura porque con esa misma dedicación va a tener que cuidarlo toda la vida. Isabel ya ha sufrido el fallecimiento de otro de sus hijos. Los golpes han sido muy duros para ella y para toda su familia.

A Javier lo defiende una defensora oficial, que le pone dedicación a la causa e informa atentamente a su madre sobre los pasos que están dando. Quien con saña mantiene detenido a Javier es el juez ´garantista´ Sergio Torres, a quien claramente el destino de una persona pobre y enferma de Dock Sud importa poco. “Esto no termina con la libertad de Javier”, señala Isabel. “Vamos a tener muchas complicaciones para volver a estabilizarlo luego de semejante trauma”.

Como si faltaran confesiones de que se llevaron a un enfermo psiquiátrico, Javier permanece desde el primer día en el marco del Programa Interministerial de Salud Mental Argentina (Prisma), que es el área del Hospital Penitenciario Central (HPC) del penal de Ezeiza.

Cada día de visita en Ezeiza, ella y su marido deben atravesar el vía crucis del servicio penitenciario para que Javier sepa que está acompañado.

“Cuando salió Dimas en libertad, volvimos a vernos”, recuerda Vanina. “Esperábamos que llegara el Chino en la puerta del penal, porque querían darse un abrazo. Ella salía de visitar a su hijo. Luego me contó que ese día lo vio muy mal y que reclamó al servicio penitenciario, porque claramente no le habían dado adecuadamente la medicación. Pero frente al penal Isabel eligió alegrarse por la libertad de los compañeros, allí les contó su historia a los militantes del PO que habíamos llegado allí a recibir a Dimas. En su cara estaba dibujada la amargura de lo que hoy le toca atravesar”, relata.

Javier es rehén del juez Torres, de su desidia y desprecio. Javier vive en el Docke. A los hijos del poder, a los ´niños bien´, ni Torres ni ningún otro juez los haría pasar por esto.

Isabel nos cuenta que recién ahora han iniciado las gestiones para que peritos psiquiatras de su parte y de parte del juzgado diagnostiquen a Javier. En el medio pasaron 50 días de detención. Hasta ahora, el juez sólo valoró un peritaje de la Policía Federal para ordenar la detención de Javier, el único “diagnóstico” que contradice los múltiples diagnósticos presentados por la madre, provenientes de instituciones serias, e incorporados en la causa. Ni siquiera frente a esto Torres apuró las pericias forensas, que recién ahora se pondrán en marcha. En sintonía con lo dispuesto por el juez, la Cámara Federal de Apelaciones también denegó la excarcelación, una dinámica que durante todo el verano se repitió ante cada pedido de excarcelación que se hizo por los detenidos, tanto del 14 como los del 18.

Torres fabula la existencia de un “plan” para sostener la criminalización de las movilizaciones contra el robo a los jubilados y beneficiarios de la AUH. Pero él no tiene ningún diagnóstico psiquiátrico. Simplemente, con la impunidad propia de un juez federal, construye la figura de temerarios conspiradores o, en el caso de Javier, de un verdadero peligro para la integridad física personal de un presidente. Aunque la acusación es temeraria, sin embargo no instruyó ninguna medida de búsqueda de pruebas que esté a la altura del delito para establecer la entidad de las amenazas de Javier. Nada. Sus fábulas judiciales pretenden mantener una imagen frente al gobierno de turno y construir un imaginario social de terror y parálisis frente a la más brutal de las violencias, la que imparte el Estado.

“Ahora está mejor. Tiene que ser liberado”, dice Isabel, llena de amargura pero también de decisión para que este caso no permanezca más en el anonimato.

Libertad ya a Javier! Basta de persecuciones y armado de causas.



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