28/01/2018

Despidos y ajuste para atraer inversores

0028427659.jpgLos despidos crecen, en el INTI, en los Yacimientos de Carbón, en el Hospital Posadas, entre los más mencionados; acompañado con cierres de empresas. Son situaciones que generan incertidumbre en miles de familias de trabajadores y trabajadoras. Al mismo tiempo, el Presidente y sus Ministros declaran en Moscú, Davos o París que todo funciona viento en popa y con gran futuro. Por Julio Gambina.

¿Cuál de las dos realidades expresa el funcionamiento de la economía?

La primera, despidos y cierres, es expresión del ajuste del capital contra el trabajo, algo que está detrás de la segunda, el discurso optimista del gobierno y del poder económico.

Por ende, no son dos realidades, sino dos caras de la misma moneda.

Macri necesita atraer inversores externos y para eso muestra el ajuste desde sus políticas, que necesitan del “gradualismo” para que la sociedad lo soporte, al tiempo que otorga señales de la reestructuración empresarial en curso.

Esta reestructuración opera tanto en el capital privado como en el público, el que se lleva adelante desde el área de “modernización”, crecientemente asociado al achique, el ajuste o los despidos.

Todo bajo un discurso moderno, de eficiencia, que encubre la necesidad de bajar el salario para reducir los costos de producción y mejorar la ganancia.

En ese sentido opera la cotización del dólar, la suba de las tarifas y las pretendidas restricciones a la actualización salarial. ¿Por qué?

Cotización en alza

El dólar alto es demandado por grandes empresarios, productores y exportadores, del campo y la ciudad, que si no subía la cotización seguían guardando sus cosechas, especulando con el precio y así demoran las ventas externas y reducen el ingreso de divisas al país.

Se genera así una situación que agrava un déficit comercial de 8.500 millones de dólares para el 2017 y unos 10.000 millones previstos para este 2018. En el horizonte supone más endeudamiento para cancelar ese déficit externo.

Además, un dólar más alto está asociado a la baja de tasas de interés que promueve el cambio de las metas de inflación dispuesto a fines de diciembre pasado.

Especuladores contentos pueden ahora apostar sus capitales al dólar, a las tasas o a bonos y acciones.

El accionar especulativo continúa definiendo el rumbo económico de la Argentina, especialmente con un Estado Nacional que juega su destino con el endeudamiento externo.

Tarifas exigidas por las empresas privatizadas

Las tarifas tienen que aumentar, así lo exigen las empresas y es el programa a seguir desde la asunción de Macri a fines del 2015. La idea es que sean equivalentes a un precio de mercado, que es monopólico por cierto.

Quien no pueda pagar perderá el servicio, es la norma del mercado que se define contra el derecho al agua, la luz, la electricidad, la energía, el transporte, la salud, la educación, etc.

La definición gubernamental, con consenso electoral y complicidad de los poderes del Estado, legislativo y judicial, apunta a la mercantilización de la cotidianeidad, algo contradictorio con una concepción de derechos.

Salarios en baja

Para completar la ecuación se requieren salarios en baja, algo que con todas las letras demanda el FMI en sus comentarios relativos al futuro de la Argentina.

Dicen textualmente en el Fondo: “La inflación seguiría retrocediendo, suponiendo que haya una moderación salarial.”

No hay dudas que el poder económico requiere de la baja salarial y para ello pretende disciplinar al movimiento obrero, que en diciembre pasado, como en marzo, pudo evidenciar la fortísima capacidad movilizadora y de protesta modificando el escenario de la política.

Si luego de las elecciones de octubre, el gobierno confiaba en regresivas reformas previsionales y laborales, a costa de un importante descrédito avanzó contra las jubilaciones a fines de diciembre.

Luego postergó para febrero el tratamiento de la ley laboral y ahora morigera el ritmo reformista para avanzar con algunos cambios y en modo “gradual” tratar de cumplir con el objetivo, no solo afectando ingresos laborales, sino capacidad de acción sociopolítica de organizaciones sindicales y territoriales de trabajadores y trabajadoras.

Macri en Moscú, Davos y París

Toda esta realidad es la que Macri presentó con escaso éxito en Moscú, Davos o París.

Fue festejado por grandes empresarios, los organismos internacionales y saludados por sus colegas del capitalismo desarrollado, pero con escasas “efectividades conducentes”.

Resulta que los inversores necesitan confirmar el diagnóstico, especialmente esperando la derrota del movimiento obrero y popular, algo que aún está en veremos.

La inversión inicia el ciclo del capital

El capitalismo funciona con base en inversiones, que el Estado está imposibilitado de encarar y el capital local es huidizo al riesgo, acostumbrado al subsidio y al sostén estatal.

Solo queda el capital externo, ruso, francés o global, que elige sus destinos con base en ganancias seguras y con libre disponibilidad de movimiento.

Por eso no sorprende que Macron, el gobernante francés interponga el interés nacional a la presión ideológica de Macri por avanzar con los acuerdos entre la Unión Europea y el Mercosur.

El presidente argentino sostiene un discurso ideológico a favor del libre comercio y el colega francés le dice “primero Francia”. Es el mismo lenguaje de Donald Trump: “First América”.

Dirían en el barrio que Macri es más papista que el Papa y es cierto, ni EEUU, ni Francia, ni la Unión Europea, ni ningún país con pretensión o realidad hegemónica subordina el discurso del libre cambio a la realidad del capitalismo y la dominación.

Claro que también, junto a la voluntad “gradual” de reaccionarias reformas, existe la iniciativa política popular asentada en el descontento y una creciente protesta popular, que puede ser masiva como en diciembre y modificar el ritmo del accionar político del gobierno o del ajuste pretendido por el gran capital: los ansiados y esperados inversores.



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