21/01/2018

El papa Francisco defendió a obispo acusado de encubrir a un cura pedófilo

1_-_francisco_en_chile.jpgLa visita de Francisco a Chile no sólo despertó poco entusiasmo, sino que generó indignación el apoyo que le dio al obispo Juan Barros. Ese gesto reafirmó que este no será el Papa que impulse las transformaciones de una Iglesia cuestionada por proteger a clérigos pedófilos. La manifestación pública de su “dolor”, “vergüenza” y “perdón” resulta insuficiente mientras no separe a estos sacerdotes de la comunidad católica. Por Liliana Giambelluca para ANRed.


“El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”, respondió molesto el papa Francisco a un periodista antes de celebrar una misa en Iquique, última escala de su viaje a Chile.

En un breve contacto que mantuvo con la prensa, el pontífice asumió una enfática defensa del obispo Juan Barros, denunciado por encubrir abusos sexuales a menores cometidos por el sacerdote Fernando Karadima cuando era su secretario en una parroquia de Santiago, puesto que ocupó durante más de 30 años.

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Aunque Karadima fue condenado en 2010 y suspendido de por vida por abusos sexuales a menores, el Papa descree de la complicidad de Barros y en 2015 lo nombra obispo de la ciudad de Osorno. Cuando en la Plaza de San Pedro un grupo de personas se quejan de tal designación, Francisco les dijo “Piensen con la cabeza y no se dejen llevar de las narices por todos los zurdos que son los que armaron la cosa”.

Barros participó en las tres misas masivas que el Sumo Pontífice celebró durante su paso por el país trasandino. El obispo contó a periodistas que hablaron después de la misa en Temuco y que Francisco “Me dijo palabras muy lindas de apoyo y cariño. El santo padre ha sido siempre conmigo muy cariñoso, muy apoyador y eso, como hijo de la Iglesia, como cura y obispo, a uno lo alegra y lo fortalece”.

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“Voluntad del Papa”

Si la presencia del cuestionado Barros en las misas produjo críticas por parte de víctimas abusadas y grupos católicos, la defensa de Francisco al obispo generó indignación.

“Como si uno hubiese podido sacarse una selfie o foto mientras Karadima me abusaba a mí o a otros con Juan Barros parado al lado viéndolo todo”, escribió de inmediato Juan Carlos Cruz en su cuenta de Twitter.

La organización Laicos de Osorno también lamentó el respaldo de Bergoglio a Barros, y lo acusaron de “indolencia” y “falta de tino”, para agregar que “no nos sorprende. Mantiene el status quo. Queda demostrado que la presencia de Barros en las misas no era una obstinación, sino una mera voluntad del Papa”.

Cuando el Papa ya se encontraba en Perú, tres víctimas de Karadima, José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y James Hamilton, leyeron una declaración en Santiago. “Francisco desaprovechó una gran oportunidad de escuchar a la comunidad de Osorno y a quienes afirmamos que el obispo Barros encubrió los abusos de Karadima”, señaló Cruz, y agregó que “el Papa ha desoído todos estos hechos y nos ha acusado de faltar a la verdad, de decir calumnias”.

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Por su parte, Hamilton sostuvo que “todo esto es de extrema gravedad, revela un rostro desconocido del Pontífice (“¦), lo que ha hecho es ofensivo y doloroso (“¦), es inaceptable lo que dijo contra los abusados, en particular los que han sufrido abuso clerical”. Luego aclaró que la lucha de las víctimas y del grupo de laicos de Osorno no es contra la Iglesia católica, sino contra el abuso sexual, psicológico y el silenciamiento.

Pedir perdón sin frenar la posibilidad de daño

Durante la recepción de la presidente Michelle Bachelet en el Palacio de la Moneda el martes 16, Francisco manifestó sentir “dolor y vergüenza por el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia” y que era “justo pedir perdón”.

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Según su vocero, Greg Burke, el Papa mantuvo más tarde una reunión privada de media hora en la nunciatura con “un pequeño grupo” de víctimas de abusos sexuales, a quienes “ha escuchado, rezado y llorado con ellos”. El vocero no dio detalles de la cantidad de víctimas que participaron del encuentro, como tampoco si se trataba de personas abusadas por el sacerdote Fernando Karadima.

No es la primera vez que Francisco se reúne con víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, ni que recibe denuncias de tales delitos. Sin embargo, la escucha en sí misma y el pedido de perdón son insuficientes si no frena la posibilidad de que los clérigos pedófilos continúen causando daños irreparables a integrantes de la comunidad religiosa. No separarlos de la Iglesia lo convierte en cómplice de los abusadores.

El caso más conocido en nuestro país es el del cura Julio César Grassi, quien en 2013 fue condenado a 15 años de prisión por abuso sexual agravado a menores, y aun así, mantiene su estado sacerdotal. El cura también afirmaba que los testimonios de los niños abusados que en 2002 lo denunciaron públicamente eran “calumnias”.

Está claro que el jesuita Jorge Mario Bergoglio, hoy jefe del Estado Vaticano, no es el hombre nuevo destinado a transformar la conservadora Iglesia católica. Su defensa al victimario la padecieron las Madres de Plaza de Mayo desde 1976, postura que reafirmó durante su estadía en Chile con su enérgica defensa a la moral de Barros y la solicitud de “pruebas” a las víctimas de abuso clerical para que sus denuncias dejen de ser “calumnias” hacia el obispo. Gesto pastoral que contradice la espiritualidad y misericordia cristiana de su pontificado.



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