03/10/2017

La grasa de las patronales

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En tiempos en los que la precarización laboral y los despidos se recrudecen es necesario escuchar las voces de lxs trabajadorxs. Federico, trabajador de la línea Este y Liz, trabajadora de la multinacional PepsiCo dialogan con Otro Viento sobre sus procesos de lucha, un análisis que refleja que hay un solo horizonte para lxs trabajadorxs: la unidad. Por Colectivo Cultural Otro Viento


PepsiCo Snacks es una multinacional estadounidense que se dedica a fabricar y comercializar comidas y bebidas y la Línea Este por su parte es una línea de colectivos urbana de la ciudad de La Plata ¿Qué tienen en común? La precarización laboral, el despido de sus trabajadorxs y guiarse por la lógica empresarial inescrupulosa.

Dos conflictos con sus particularidades dejan algo en claro, que detrás de toda empresa hay un gobierno que cuida sus espaldas sin dudar en implementar las fuerzas represivas del Estado en el afán de cuidar los intereses de lxs poderosxs, y que el Estado contratador también es responsable de la precarización y la terciarización de sus trabajadorxs. Resistiendo a la represión y la inestabilidad laboral están quienes salen a la calle a reclamar por sus puestos de trabajo, porque quieren trabajar (contra los diagnósticos de la derecha culpadora de “vagxs”) y quieren hacerlo en condiciones dignas, todo esto por algo que debería ser simple de entender: porque tienen derechos los que gracias a resistir conservan.

Octubre ardió rojo: el Este en lucha

El mes de octubre del pasado 2016 los choferes de la línea de colectivos Este empezaron un proceso de lucha, los motivos eran varios, entre ellos el despido de 17 trabajadores desde marzo de ese mismo año, de los cuales 5 eran candidatos a delegados gremiales, “cinco de nuestros compañeros, que tenían una medida cautelar, fueron los primeros en ser despedidos y por quienes se inició el conflicto, todo fue porque se presentaron para candidatos”, explica Federico.

Los cinco compañeros que Federico menciona, se estaban postulando por una agrupación gremial llamada “El Bondi”, la cual iba a competir en las elecciones con el oficialismo dentro de la Unión Tranviaria Automotor (UTA). No querían estar por fuera del sindicato, sino ser independientes dentro de UTA respondiendo a los mismos trabajadores. Entre los motivos por los que surge esta agrupación Federico menciona: “Nos organizamos porque el oficialismo de la UTA permite las condiciones malas de servicio, los micros en mal estado, el pago en negro de las horas extras, permite que la patronal arrase con nosotros”.

Una buena pregunta podría ser ¿a quién responde la UTA?, responde a los intereses de tres grupos empresariales que tienen todos los servicios de la ciudad: Unión Platense, La 9 de Julio y Grupo Dota. A estos servicios deberían acceder mediante una licitación, cosa es que no sucedió sino que fue cedida.

La organización de trabajadores era entonces, un palo en la rueda para este monopolio. Frente a los cinco despidos, los trabajadores se organizaron y salieron a la calle. La respuesta fue: represión. El 24 de octubre, cuando los trabajadores se encontraban de paro ocupando la principal terminal de la línea, el juez de Garantías, Juan Pablo Masi, dio orden de “liberar la entrada”.

“Nos golpearon, atacaron directo, la orden decía que no tenían que desalojar sino abrir la entrada, y ellos entraron a golpear derecho, la realidad es no íbamos a abrir porque claramente era nuestra resistencia, pero ellos entraron a dar palo de una” , recuerda Federico quien fue uno de los que resultó detenido.

Esto no hizo más que reforzar la lucha y lograr así que en noviembre de ese año se firmara un acta acuerdo en el Tribunal de Trabajo Nro. 1 de La Plata en la cual se comprometían a reincorporar a todos los despedidos y abrir una mesa de diálogo. A pesar de este acuerdo, “después del supuesto triunfo, en noviembre cuando debíamos arrancar, ya hubo compañeros que no empezaron”.

Además, como nos tiene acostumbradxs la lógica empresarial, empezaron a desplegar todas sus estrategias intimidatorias para romper la organización. “En todo ese tiempo UTA quiso comerle la cabeza a los trabajadores para bajar la lucha con frases como “˜no te expongas tanto”™, “˜esto va a cambiar”™, “˜los que quieren continuar en conflicto están con las organizaciones de izquierda”™”¦ y así se fue desgastando todo”, comenta Federico.

En el mes de enero volvieron las suspensiones y ya en febrero los despidos. “A esta altura ya había un desgaste del proceso, parecía que lo que habíamos hecho no servía para nada, el grueso de los compañeros se fue debilitando, se debilitó la militancia”, relata Federico quien además recuerda que hay compañeros que tienen causas penales que “crean para dar miedo”.

Federico fue uno de los despedidos más recientes. Luego del desgaste y frente a la coyuntura abrió una pizzería llamada “Papo” y tal como nos cuenta sus compañeros de lucha lo siguen apoyando: “Vienen todos a comprar, por suerte nos mantenemos muy unidos más allá de todo, de la represión se generó unión, más que compañeros ya somos hermanos de lucha si alguno le falta algo algún compañero lo va ayudar”.

Fuerza obrera: PepsiCo no retrocede

La cronología de los hechos empieza el 20 de junio cuando la empresa multinacional alimenticia PepsiCo Argentina cierra sus puertas. La explicación se encontraba en un papel pegado en la entrada: “Cese de las operaciones y la relocalización de la producción en otro establecimiento”.

La empresa decidió cerrar la planta ubicada en la localidad de Florida en Vicente López alegando que era “inviable” por cuestiones logísticas y operacionales, dejando a 600 trabajadorxs en la calle. La organización obrera ya existía dentro de la fábrica bajo la agrupación “Bordó Leonardo Norniella”, entonces lejos de aceptar la indemnización y quedarse con las manos cruzadas un gran grupo de trabajadorxs decidió empezar una lucha que hasta hoy continúa.

El 26 de junio, ante la falta de respuestas, se decide la inminente toma de la planta. La respuesta, una vez más, como pasó con el Este, fue: una brutal represión. La Policía bonaerense y Gendarmería Nacional, con orden de la jueza Andrea Rodríguez Mentasty, desalojaron la fábrica, “fue una salvajada le dieron el visto bueno para que nos barran de la fábrica en la forma en que lo hicieron”, contó Liz una de las trabajadoras que hace siete años estaba en la fábrica.

“Después de la represión nos encontramos recontra curtidas, nos dieron con todo, con palos, con balas de goma, con piedras, con gas pimienta”, recordó Liz que con énfasis declaró que lejos de debilitarse se reafirmaron en la lucha: “¡Estamos más fuertes que nunca!”.

Pero esa fortaleza no era nueva, las trabajadoras ya venían organizadas por las constantes violencias que sufrían dentro de la fábrica, “era la única fábrica donde las mujeres tienen la categoría más baja en la tarea de empacadora, que es operario calificado”, contó Liz quien agregó también que eran varias las tareas extras (limpieza de las máquinas, desarme de máquinas, lavarlas, control de calidad, armado del producto) que se veían obligadas a realizar.

“Las mujeres estamos paradas de otra forma y eso en la cotidianeidad te hace plantarte distinto, tanto laboral como afuera”, dijo Liz describiendo el empoderamiento que como mujeres vivieron tanto dentro de la fábrica como luego en la lucha.

Siembra lucha y crece organización, un lema que lxs trabajadorxs siguieron al pie de la letra: plantaron una carpa blanca frente al Congreso nacional, fueron a las escuelas, hospitales a contra qué estaba pasando, se contactaron con otras fábricas como Madygraf y hasta lograron que se presente un proyecto de expropiación por parte de Nathalia González Seligra, diputada del FIT.

Ya son dos los años de gobierno macrista, y las políticas de ajuste junto con la represión, continúan en ascenso. Los despidos y los tarifazos dejaron miles de familias a la deriva, pero a la vez, todos los días nos encontramos en las calles resistiendo.

Lxs trabajadorxs como Federico, deciden hacerle frente a este panorama desolador, y se organizan creando nuevos lazos con sus compañerxs a través de formas alternativas a las que el sistema patronal propone.
Lo mismo ocurre con lxs trabajadorxs de PepsiCo, quienes hoy están luchando por la expropiación definitiva de la fábrica, para que quede en manos de quienes en realidad producen, control obrerx.



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