22/08/2017

Sacco y Vanzetti,Trelew y Santiago Maldonado

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En mi adolescencia en Bahía, asistí allá por el 71 a una función de cine,(en el viejo Ocean, hoy está el Bingo) donde se proyectaba una gran película italiana: Sacco y Vanzetti. Por Enrique Gandolfo*/Imagen: Colectivo Fotográfico a Peal

El director era Giuliano Montaldo y tenía memorables actuaciones de Gian María Volonté (como Bartolomeo Vanzetti) y Riccardo Cucciolla (como Nicola Sacco).La película también pasó a la historia por la música de Ennio Morricone y la extraordinaria interpretación de Joan Baez de la balada de Sacco y Vanzetti.

El relato cinematográfico cuenta el proceso por el cual dos obreros italianos y militantes anarquistas que residen en Estados Unidos, son enjuiciados y condenados a muerte en la silla eléctrica, en un proceso amañado y fraudulento en el que se los acusa de un homicidio. Se trata de un crimen de Estado destinado a propinar un escarmiento a los trabajadores en general y a los inmigrantes anarquistas y comunistas que luchaban bravamente por sus derechos y por una sociedad que pusiera fin a las injusticias y las desigualdades. Pese a los pedidos de clemencia y las manifestaciones obreras que se llevan adelante en muchos países del mundo, el gobernador de Massuchetts confirma la condena que se conoce en 1921 y se hace efectiva un 23 de agosto de 1927. En 1977 ““cincuenta años después de la ejecución-el Estado norteamericano a través del gobernador se excusó públicamente por las graves fallas cometidas durante el proceso a Sacco y Vanzetti, proclamó su absoluta y total inocencia y pidió históricas disculpas salvando el buen nombre de los mártires. Lo último no era necesario. Sacco (un zapatero) y Vanzetti (que pescaba y vendía anguilas) están en la historia de las justas causas de la clase trabajadora de todo el mundo. Como borrar de la memoria el alegato con que Vanzetti se defiende ante los tribunales y que la película recoge rigurosamente:

“Lo que yo digo es que soy inocente. Que no sólo soy inocente, sino que en toda mi vida, nunca he robado, ni he matado, ni he derramado sangre. Esto es lo que yo quiero decir. Y no es todo. No sólo soy inocente de estos dos crímenes, no sólo que nunca he robado, ni matado, ni derramado sangre, sino que he luchado toda mi vida, desde que tuve uso de razón, para eliminar el crimen de la Tierra. Ahora, tengo que decir que no sólo soy inocente de todas esas cosas, no sólo no he cometido un crimen en mi vida; algunos pecados sí, pero nunca un crimen; no sólo he luchado toda mi vida por desterrar los crímenes, los crímenes que la ley oficial y la moral oficial condenan, sino también el crimen que la moral oficial y la ley oficial no condenan y santifican: la explotación y la opresión del hombre por el hombre. Y si hay alguna razón por la cual yo estoy en esta sala como reo, si hay alguna razón por la cual dentro de unos minutos va usted a condenarme, es por esa razón y por ninguna otra.”

Salí del cine profundamente conmovido por la obra que venía a alimentar mi rebeldía juvenil, ya conmovida por la muerte del Che en Bolivia,el mayo francés y nuestro inolvidable cordobazo. Al año siguiente, un 22 de agosto, el asesinato de dieciséis compañeras y compañeros militantes en la base Almirante Zar (Trelew) iba a producir la conjunción entre la indignación y el compromiso. Vale recordar que una huelga general iba a ser la respuesta popular a la masacre perpetrada por aquella dictadura.

La sirena de la Nueva Provincia

Iban a pasar muchos años (avanzados los 90) cuando llega a mis manos un libro escrito por un militante anarquista (Domingo Varone),quien cuenta que en los años 20 había residido, trabajado y militado en Bahía.

Dice su relato: “cuando el día 22 de agosto de 1927 los cables de las agencias comunicaron que se haría efectiva la ejecución de Sacco y Vanzetti, se reunió de inmediato el Comité y se resolvió declarar el paro general ,además de una manifestación de silencio esa misma tarde ,con un solo cartel que decía exactamente eso: silencio.

En el trayecto de la manifestación, las familias salían a la puerta de sus domicilios, se descubrían al paso de las columnas, con mujeres que se santiguaban religiosamente.
En la plaza se levantó temperatura y se terminó el silencio, la muchedumbre llenaba todo el ámbito. Hablé en primer término y a continuación lo hizo el intendente municipal, el dirigente socialista Agustín Arrieta. Hubo otros oradores de los sindicatos y para el final volví a subir a la tribuna para denunciar la detención de manifestantes. La gente, como tocada por un resorte, giró y se puso frente al pelotón de la policía montada reclamando a gritos la libertad de los presos. La situación se puso tensa. De pronto, la policía lanzó sus caballos sobre los manifestantes. El grueso se dispersó y el resto comenzó a arrojar piedras a la cosacada. Un hombre grandote alzó un banco de la plaza y gritando “al sabotaje compañeros”, lo arrojó a los pies de los caballos. La mesa que hacía de tribuna donde yo me mantenía, fue atropellada por dos cabalgaduras. Voló prácticamente, y me vi levantado en vilo por los cosacos que me agarraron de los cabellos. En medio de los dos caballos a empujones e insultos me llevaron a la comisaría. Al tener conocimiento de mi detención, los compañeros fueron a buscar al intendente Arrieta, que apareció a los pocos minutos. Me llevaron a la oficina donde se encontraba con el comisario. A su pedido relaté como se produjeron los hechos y el comisario respondía que temía un ataque a la comisaría.

Salí con el intendente. Enseguida fui a nuestra imprenta, donde preparamos un boletín extra de Brazo y Cerebro. Era el día señalado para la ejecución de Sacco y Vanzetti .Prácticamente toda la población permanecía en las calles .Grupos numerosos en la plaza, frente a la pizarra del diario la Nueva Provincia, donde se podía leer las alternativas del suceso que conmovió al mundo entero y las noticias de la agitación y los paros en Capital Federal y en todo el país. El pueblo de Bahía Blanca estaba viviendo la misma vigilia que en ese momento se vivía en todo el territorio argentino. La misma que vivían los trabajadores de Estados Unidos, asiento del verdugo imperialista. La misma que vivían trabajadores de todo el mundo. La misma vigilia de Sacco y Vanzetti.

Hasta que a los cinco minutos del día 23 de agosto de 1927, tocó la sirena del diario, que esa noche pareció oírse como un prolongado alarido anunciando que se había cumplido la sentencia.

Entonces sí que se hizo silencio. La gente, que no esperaba la muerte, sobrecogida dolorosamente, se fue retirando, muchos con expresiones de indignación y otros llorando. Al otro día el boletín de Brazo y Cerebro vibraba de bronca y de protesta, pidiendo venganza para el verdugo yanqui

Santiago Maldonado: la necesaria solidaridad

Mañana se cumplirán 90 años de la ejecución de Sacco y Vanzetti. En nuestro país, un joven Santiago Maldonado está desaparecido luego de un procedimiento de la Gendarmería contra pobladores mapuches que han recuperado unas hectáreas de su tierra, hoy en manos del latifundista Benetton. El gobierno niega su responsabilidad política, cuando un funcionario del Ministerio de Seguridad (Pablo Nocetti) estuvo presente en el operativo. Grandes medios de comunicación fabrican un nuevo enemigo interno: los mapuches como una guerrilla rural. Trabajan con descaro para legitimar el accionar represivo. La justicia actúa con lentitud exasperante. Concurre diez días después al lugar de los hechos rodeado de un operativo de guerra. Santiago no aparece. Varios testigos vieron como lo detenía la Gendarmería.

La necesidad de un gran movimiento solidario se hace manifiesta. Que resuene en el país y en el mundo el reclamo de la Aparición con vida de Santiago Maldonado. Miles de manos solidarias como hace 90 años con Sacco y Vanzetti, como con los asesinatos de Trelew y los 30 mil desaparecidos, como con los 42 estudiantes de Ayotzinapa. Solidaridad sin fronteras. “Sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”decía el Che.

Hay un sistema, el capitalista que mata para seguir viviendo. Sus ganancias son nuestras vidas. Vivamos para terminar con tanta injusticia, muerte y explotación. Para que cada uno/a tenga lo que merece: una vida digna que merezca ser vivida.

*Secretario Adjunto de la CTA Autónoma y de SUTEBA Bahía Blanca.



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