29/07/2017

Festival por comida digna en el Hospital Melchor Romero

dsc_0043.jpga_4.jpg .Primera Entrega. El olor de un incipiente guiso llama mucho la atención de algunas de las mujeres y hombres internadas en el Hospital Neuropsquiátrico Alejandro Korn, quienes se van acercando de a una, de a dos, a paso lento por los verdes jardines de calma feroz, hoy iluminados por un fuerte sol. Es que hace tiempo que reclaman a la Dirección General del Hospital el acceso a un derecho básico: quieren tener una alimentación digna, sana y abundante. Al ritmo de una música alegre, los y las jóvenes que integran el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR) colocan varios bancos de madera en forma de círculo y de a poco se va formando la ronda con jóvenes y adultxs internadxs para que el reclamo por comida digna se oiga y se vea, dentro y fuera de los muros. Por ANRed


El olor de un incipiente guiso llama mucho la atención de algunas de las mujeres y hombres internadas en el Hospital Neuropsquiátrico Alejandro Korn, quienes se van acercando de a una, de a dos, a paso lento por los verdes jardines de calma feroz, hoy iluminados por un fuerte sol. Es que hace tiempo que reclaman a la Dirección General del Hospital el acceso a un derecho básico: quieren tener una alimentación digna, sana y abundante. Al ritmo de una música alegre, las personas que integran el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR) colocan varios bancos de madera en forma de círculo y de a poco se va formando la ronda con jóvenes y adultxs internadxs para que el reclamo por comida digna se oiga y se vea, dentro y fuera de los muros.

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Alrededor de las 11 de la mañana soleada, Lucas atraviesa enérgico el predio parquizado del complejo psiquiátrico de Melchor Romero donde hoy viernes 21 de julio, el MDR impulsa un festival para acompañar el reclamo de los y las usuarias por comida digna que el fin de semana pasado se tuvo que suspender por lluvia. Hace un año que Lucas es acompañante terapéutico pero desde mediados de 2012 participa en Desheredados de la Razón organizando junto con otras dos compañeras más un taller de música los viernes tipo 2 de la tarde en el Club Social del hospital. -Hoy vamos a hacer el taller luego de la asamblea por comida digna y la olla popular-me cuenta mientras sonríe a tres mujeres entre 30 y 60 años que nos saludan con los brazos desde la puerta de madera de la casita con techo a dos aguas. Un par de perros negros corren a recibirnos. -¡Lucas! ¡Lucas!- le gritan emocionadas. Adentro las luces artificiales iluminan débilmente un pasillo donde una mujer le tiñe el cabello a otra que está sentada, mientras algunas miran apoyadas en la pared blanca del fondo. Lucas le cuenta a las enfermeras de caras cansadas que viene a buscar a las que quieran participar de la actividad por comida digna en el hospital. “Dale, a Melina le duele el pie, está en reposo y no puede”. -Voy a buscar a Marta-dice Lucas y desaparece. -Teresa ponete derecha-le ordena una enfermera a una chica que se dobla sobre sí misma a mitad del pasillo. Lucas, que vuelve con una mujer canosa y muy flaca en sillas de ruedas, le acaricia la espalda a la chica que mira hacia abajo y le pregunta si quiere venir a la olla popular. A los cinco minutos somos seis personas caminando lentamente por un camino de tierra que nos lleva al punto donde ya hay dos grandes ollas humeantes, música tropical y un micrófono para que se escuche la opinión de las usuarias y los usuarios del Hospital Alejandro Korn.

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La desaparición seguida de muerte de un usuario, llamado Juan Facundo Quiroga, se constituyó a fines de 2014 como un hecho clave que visibilizó el estado crítico de esta institución pública. A su vez, motorizó el procesamiento del antiguo Director General, Egidio Melía en mayo de 2015, y la renovación del debate sobre la implementación real de la nueva Ley Nacional de Salud Mental. En este mismo sentido, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Comisión Provincial de la Memoria (CPM) jugaron un rol importante porque presentó una medida cautelar en septiembre de 2014 a raíz del relevamiento que realizó en la Dirección Asociada de Psiquiatría del Hospital “Dr. Alejandro Korn” de Melchor Romero donde daba cuenta que allí se encontraban alojadas aproximadamente 750 personas, y que existían “condiciones de hacinamiento, alojamiento deficientes y riesgosas para la salud y la vida de las personas, falta de atención médica apropiada, ausencia de procesos de rehabilitación, relaciones asimétricas entre profesionales y personas internadas, abandono total de estas últimas y ausencia de controles externos eficaces que garanticen sus derechos, en particular de la intervención judicial sobre las internaciones, en los términos previstos en la Ley 26.657”. El Juez Luis Federico Arias del Juzgado en lo Contencioso Administrativo N.º 1 de La Plata resolvió hacer lugar a la medida del CELS y dispuso la intervención judicial de la Dirección Asociada de Psiquiatría del Hospital A. Korn a través de un equipo interdisciplinario de profesionales elegidos por los Colegios de Médicos, de Psicólogos y de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires y a las Facultades de Medicina, Psicología y Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata. En el mismo fallo se estableció la conformación de una mesa de trabajo intersectorial entre el CELS y las carteras ministeriales involucradas “para que la Provincia de Buenos Aires adopte un plan de acción urgente en los términos previstos en la Ley 26657, tendiente a garantizar el cese de las graves violaciones que se denuncian sobre las 750 personas alojadas en Melchor Romero”.

Según el informe del CELS las muertes que figuraban en el hospital eran por causas dudosas, o por asfixia, lo cual tenía que ver con el servicio de comida inadecuada para personas que no tienen dientes. En abril de este año la Mesa de Trabajo por Melchor Romero publicó un nuevo informe en la página del CELS donde se denuncia la falta de cambios en cuanto a las malas condiciones de alimentación que el Juez Terrier a cargo del Juzgado N.º 3 había indicado como eje central a mejorar para lograr que la comida sea un derecho de los y las usuarias del sistema de salud mental. “Quienes integramos la mesa de trabajo por Melchor Romero realizamos un seguimiento de las comidas que sirven a las personas alojadas en ese hospital psiquiátrico de la provincia de Buenos Aires. La situación que relevamos es de extrema gravedad y elaboramos un informe junto con el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR) y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM)”. El festival que se festeja hoy con olla popular “Por comida digna para las Personas Internadas en el Hospital A. Korn” tiene que ver con la falta de respuestas de la Dirección General.

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En medio del inmenso parque hay tres chicas de unos veintipico de años que pelan y cortan muchas cebollas, zapallos anco, papas, y batatas sobre una mesa improvisada con caballetes. Las van colocando en dos ollas de aluminio dispuestas sobre anafes donde se cocinan unas lentejas. Unos metros más allá otras dos chicas preparan lo necesario para empezar a hacer stencil con el lema “Comida Digna”. La cocina de la olla popular que impulsa MDR está ubicada en el centro del predio donde hace 135 años se erigió el edificio del hospital llamado “Melchor Romero”, destinado a atender “a los pobres de solemnidad, sean hombres, mujeres o niños, atacados de enfermedades comunes o de demencia”. Alexis, uno de los trabajadores sociales del hospital agremiado en CICOP, me cuenta que en aquella época, a fines del 1800, la locura se consideraba una enfermedad contagiosa. -Este hospital era un manicomio exclusivamente, antes todas las salas eran así como aquel edificio de madera que ves ahí; porque estaba tan instalada la idea de una locura contagiosa, que se quemaban cada cierto tiempo y se reconstruían para evitar esa contaminación. Con el tiempo se fue desarrollando un hospital general, un poco por la necesidad de atención clínica de la gente internada, y otro poco por el barrio que se fue generando alrededor y que hoy es la localidad de Melchor Romero-. Mientras los y las chicas del Movimiento que lucha por la desmanicomialización van a buscar más personas a las distintas salas de rehabilitación, una muchacha con anteojos de sol enchufa un rodillo a un palo de madera y otro chico prepara pintura en una bandeja. Al ratito la pared blanca de la sala ubicada frente a la ronda por comida digna se empieza a colorear de lila.

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Enfrente del hospital psiquiátrico monovalente y separado por la calle 520, se encuentra el Hospital General A. Korn más conocido como “Pabellón 5”, que no ocupa más de una manzana. Cada sector tiene su propia dirección y a la vez están unidas bajo la llamada Dirección General. El año pasado cambiaron las autoridades quedando el Doctor Sergio Ávalos como Director General, la doctora Patricia Pauluc a cargo de una de las cinco Direcciones Asociadas (del sector psiquiátrico), y Derise en la Dirección del Hospital General. Si bien desde el 2010 está en vigencia la Ley Nacional de Salud Mental, hace ya varios años que el MDR y trabajadorxs de la institución vienen denunciando la política de vaciamiento y el empeoramiento en las condiciones de vida de las personas internadas. La Ley por un lado reconoce la vulneración que estos generan, por eso prohíbe la creación de nuevos manicomios, y por otro lado programa el cierre definitivo de todos en 2020, proclamando en ese ínterin la restitución de los derechos negados a las personas con padecimiento mental que estén internadas.

-Bichos, pica, pica-nos dice Julia y se detiene para rascarse la nuca.

 Es la etiqueta del buzo-la tranquiliza un acompañante terapéutico y coloca la etiqueta hacia arriba. -¿Ahí va mejor?-.
Julia busca mi mano y despacito retomamos la marcha hacia la asamblea y la olla popular, ella siempre con la cabeza gacha, mirando sus pies sobre la tierra llena de acículas. Él joven me cuenta que esas posiciones muchas veces son producidas por los psicofármacos, y otras no. -Hay estudios que muestran que muchos podrían no tener esos efectos adversos pero esa medicación es cara y acá en el hospital público no las tenemos. O hay muy poca entonces algunos lo reciben y otros no-. Julia me mira y dice “¡estás flaca vos!”. -Ese tipo de comentarios en la sala es “bueno, pará, no puedo” y queda ahí, o “no le digas eso”. La gente internada está muy institucionalizada y está acostumbrada a diálogo de escritorio, responder a preguntas ultra dirigidas. Cuando vos compartís un espacio como este se propician otros diálogos. Por eso para nosotros un viaje en colectivo durante una salida es la oportunidad para charlar de otras cosas-dice y su voz queda tapada por la de Ástor, otro trabajador del hospital e integrante del MDR, que llega fuerte por los parlantes. -Se acordarán que desde principio de año estuvimos haciendo asambleas por este mismo tema, el de la comida digna para ustedes, y tuvimos reuniones con los directivos del hospital pero finalmente nunca dieron respuesta a este problema tan grave así que hoy estamos haciendo este festival un poco para ver si visibilizando públicamente esta situación logramos que algo cambie-. Unas cien personas lo miran, algunxs menos medicados y más atentxs que otrxs. Muchxs fuman tabaco. -Voy a pasar la palabra a Lili para que opine y vamos a empezar a tratar de opinar todos en relación al tema de la comida y lo que tengan ganas de decir-. Lili va al grano.

 Bueno… qué tal, la comida a la noche viene cruda, hay perros que nos llenan de barro, entonces, ¿qué vamos a hacer, chicos? Tenemos cuatro perros para sacar-. Alguien grita “que el director los saque” y ella explica. -Nos ponemos mal, ya no damos más nosotras en la sala G. Eso es lo que queremos saber, cuándo los van a sacar a los perros-.

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-Quiero decirles que lo que dijo mi compañera está perfecto: comida podrida, queremos que den buena comida, que traigan sopa-dice Laurita y sigue -quiero dedicar una canción a mi mamá Moni “Amor alquilado”, ¿la tienen?-. Ástor le explica que hay muchxs compas que también quieren hablar y Laurita tendrá que esperar una hora más, cuando después del delicioso guiso lxs coordinadorxs del taller de música abran el karaoke.
Un hombre de unos 30 años con una campera turquesa toma el micrófono y habla con mucha dificultad. -Papa dura, todo lo mismo, lo mismo, no lo comemos, nada nuevo, sin gusto a nada-dice mirando uno a una a todxs los presentes que aplauden su intervención.
-Hola, Ángel-dice un hombre de aproximadamente 50 años, con voz muy aguda. -Hoy es mi cumple años. Lo único rico: la milanesa. Todo el día zapallo-dice mostrando una sonrisa sin dientes.
Una de las últimas intervenciones de la asamblea la hace una señora morocha de flequillo gris vestida tan solo con una remera manga corta a rayas blancas y negras que habla con firmeza. -Voy a ir a Casa Enredadera, ahí están tomando mate, están pintando un mural; lo único que viene bien es la leche, la comida mala, quiero comer guiso. Las manos le tiemblan y busca su lugar en un banquito. Otra mujer toma el micrófono. -Precisamos mucha agua, está mal la comida, los quiero mucho, tengo mucho calor y que se apuren con la comida-. Esa intervención es la más aplaudida de todas y al ratito las manos de todxs los presentes sostienen ansiosas las humeantes bandejas de plástico llenas de guiso de lentejas y verduras que está súper caliente.

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Ya pasaron tres horas desde que comenzó el festival pero el tiempo transcurre rápido, las personas son muy cariñosas y requieren mucha atención. Luego del guiso muchxs piden ayuda o preguntan por la ropa donada que está colgada en un tendal. Martita, de setenta años, quiere unas calzas que le abriguen las piernas descubiertas bajo su pollera marrón; aunque hay sol el frío se siente. -Pero el resto de los días acá pasa demasiado lento-comentan sobre el tiempo lxs militantes por la salud mental en Romero.

 Continúa en http://www.anred.org/spip.php?article14683



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