24/12/2016

HAITI: los resultados de las elecciones 2016 y las consecuencias de la dependencia

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El jueves 15 de diciembre de 2016, en las calles de Puerto Príncipe, miles de personas se movilizaron contra los resultados preliminares de la elección del último 20 de noviembre. Los manifestantes han calificado este proceso de “golpe de Estado electoral”. La movilización se produjo en vísperas del 26° aniversario de las elecciones democráticas realizadas en Haití, que fueran reconocidas por primera vez en la historia como comicios honestos. Un recorrido por la historia haitiana sirve para entender su estructuración dependiente y su fuerte sujeción a los intereses estadounidenses en la región. Por Fernando Romero Wimer*


Larga historia de injerencia del capital estadounidense

Iniciado el siglo XX, entre 1915 y 1934, Haití fue ocupado por una invasión estadounidense que tenía por objetivos controlar la vida política interna ante un clima de inestabilidad institucional y agitación social, cerciorar puntos geoestratégicos y asegurar los intereses económicos norteamericanos en el país. Los Estados Unidos consiguieron imponer un presidente títere, disolver el ejército haitiano y la sanción de una nueva constitución que legalizó las adquisiciones de tierra por parte de extranjeros.

En 1930, ante la impopularidad del régimen colaboracionista, se celebraron elecciones y el presidente electo -Sténio Vincent- llegó a un acuerdo con Franklin Roosevelt para la retirada de las tropas. No obstante, las inversiones norteamericanas se mantuvieron aun después de que salieron las tropas del país caribeño, Washington permaneció supervisando la política del gobierno haitiano, se concedieron tierras para la producción de caucho y sisal al capital norteamericano, y se asoció a la nación caribeña al bloque de los aliados durante la II° Guerra Mundial.

Tiempos de dictadura duvalierista

En 1957, François Duvalier, conocido popularmente como “˜Papá Doc”™, llegó al poder con el apoyo de grupos heterogéneos, entre los que resultaron clave los políticos y líderes negros de la pequeña burguesía (medianos propietarios rurales, comerciantes intermediarios del café, sacerdotes del vudú e intelectuales que reafirmaban el valor racial de la población negra).

El régimen -de retórica antiestadounidense- mantuvo una relación con Washington no exenta de tensiones. La Casa Blanca no reconoció el segundo mandato de “˜Papá Doc”™ -iniciado en 1962- y rebajó el nivel de representación diplomática. Durante el gobierno de John Fitzgerald Kennedy (1961-1963), se suspendió el envío de fondos oficiales en concepto de ayuda internacional y se desarrolló una campaña de apoyo a los exiliados políticos con el fin de desestabilizar el régimen. En 1964, Duvalier reformó la Constitución y se proclamó presidente vitalicio. Cuando murió en abril de 1971, dejó en el cargo a su hijo Jean-Claude, de 19 años de edad, conocido como “˜Baby Doc”™.

El gobierno de “˜Baby Doc”™ cultivó las buenas relaciones con las administraciones norteamericanas. No obstante, Haití se vio afectado por la suba de los precios del petróleo en 1979-1980, el azote del huracán David, el descalabro fiscal que llevó a varios funcionarios a la cárcel y la continuidad de un gobierno altamente corrompido que impedía cualquier acumulación de condiciones que permitiera al país salir de la extrema pobreza. Ante todas esas circunstancias, Haití mantuvo el apoyo de los Estados Unidos y consiguió que algunos productos de exportación se beneficiaran con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) impulsada por el gobierno de Ronald Reagan. En paralelo, las unidades navales estadounidenses patrullaban la costa de Haití para detener la avalancha de migrantes que deseaban trasladarse a la costa del estado de Florida en precarias embarcaciones.

Un movimiento masivo de descontento social llevó a la destitución de Jean Claude Duvalier en febrero de 1986. De este modo, asumió un Conseil National de Gouverment (CNG), controlado por militares. En enero de 1988 se realizaron elecciones y resultó electo Leslie Manigat, candidato que contó con el apoyo mayoritario del ejército. El nuevo presidente duró sólo cuatro meses en funciones, dado que fue depuesto por un nuevo golpe de Estado. Más tarde, distintos generales se fueron sucediendo en el gobierno de facto hasta recaer la dirección del poder ejecutivo en la presidenta de la Corte Suprema de Justicia Haitiana.

Haití como punto estratégico y laboratorio de la dominación imperialista

En las elecciones generales celebradas el 16 diciembre de 1990, Jean Bertrand Aristide fue elegido con el 67% de los votos y asumió en febrero de 1991. Aristide enfrentó numerosas obstáculos para concretar las reformas prometidas durante la campaña presidencial. Su gobierno contó con la oposición abierta de los militares frente a los planes de creación de una fuerza policial independiente y a una revisión más severa sobre las violaciones a los derechos humanos. Al mismo tiempo, el empresariado estaba disgustado con sus propuestas de incremento del salario mínimo.

Tampoco en el plano externo contó con apoyos. Estados Unidos no coincidía con su perfil de reformista político y social y sus críticas al trato estadounidense de los refugiados haitianos.

En septiembre de 1991, se produjo un golpe de Estado encabezado por el general Raoul Cedrás. Aristide contaría con apoyó internacional para recobrar el poder, fundamentalmente de la iniciativa diplomática interestatal encabezada por Canadá, Francia, Estados Unidos y Venezuela que ejerció presión para el restablecimiento de la democracia en el país.

La reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA) condenó el golpe y recomendó el empleo de sanciones económicas y diplomáticas contra Haití. Mientras tanto, Cedrás se mantuvo como el hombre fuerte del país hasta 1994, imponiendo presidentes provisionales que manejaba a voluntad. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por pedido de Aristide, consignó unos observadores a Haití para monitorear y notificar sobre las violaciones de los derechos humanos.

La administración de George H. Bush (1989-1993), a través de la actuación de la OEA en los asuntos haitianos, consiguió no involucrarse directamente en la crisis. En este contexto, la OEA incrementó las medidas coercitivas contra el régimen de Cedrás.

Sin embargo, hacia fines de 1992, ninguna de las sanciones de la OEA había obtenido resultados aceptables. Durante primera presidencia de Bill Clinton (1993-1997) se transfirió del caso haitiano de la OEA al Consejo de Seguridad (CS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Frente a la negativa de negociar de las autoridades haitianas, el CS impuso un embargo petrolero y de armas al país.
Estas últimas coerciones consiguieron que el régimen cediera, aceptándose la restauración del gobierno constitucional. Además, se convino el establecimiento de la Misión de las Naciones Unidas en Haití (UNMIH) para colaborar en la modernización de las fuerzas armadas y la instauración de una nueva fuerza policial.

En septiembre de 1994, Clinton inició la Operación “Uphold Democracy”, la intervención militar de Estados Unidos y la ONU en Haití, que permitió la entrega del gobierno a Aristide, quien culminó su mandato presidencial.

En 1996, Aristide fue sucedido por uno de sus colaboradores: René Préval. Sin embargo, Préval adoptó reformas neoliberales y privatizó empresas estatales.
En 2001, las elecciones llevaron Aristide a retornar a la presidencia del país. Por entonces, el nuevo presidente orientó su política exterior hacia la confluencia con Cuba y a la Venezuela presidida por Hugo Chávez. Estos realineamientos disgustaron a los Estados Unidos y estimularon a los grupos de oposición a adoptar posiciones más radicales contra el gobierno y al surgimiento de grupos armados. En febrero de 2004, un nuevo levantamiento de militantes opositores consumó el golpe de Estado, llevando a Aristide al exilio.

En todo este proceso vale considerar que, más allá de las argumentaciones diplomáticas estadunidenses a favor de las libertades democráticas, la historia reciente de la nación caribeña demuestra que el interés de la potencia norteamericana está vinculado a: establecer reservas de recursos estratégicos (fundamentalmente petróleo pero también otros depósitos minerales); definir actividades de reconstrucción al servicio del imperialismo; disuadir la nutrida emigración de Haití hacia los Estados Unidos; establecer maquilas para aprovechar la fuerza de trabajo barata y los menores costos de producción; convertir a Haití en un punto geoestratégico sobre el cual poder operar fuerzas militares y de inteligencia contra el gobierno cubano y el movimiento bolivariano de Venezuela; y transformar a Haití en un campo de pruebas de diferentes modalidades de intervención y desestabilización interna de los países dependientes.

Tormentas, huracanes y un futuro político incierto

Luego del derrocamiento de Aristide, la presidencia interina fue ejercida por Boniface Alexandre, por entonces presidente del Tribunal Supremo de Justicia hasta mayo de 2006. Paralelamente, en 2004 Haití fue azotada por una tormenta, dos tormentas en 2007, y cuatro huracanes en 2008; en todas las ocasiones el país sufrió miles de muertos y damnificados.

Durante el gobierno de Alexandre fue solicitada una nueva intervención de la ONU. Así, en 2004, fueron creadas las fuerzas de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), liderada por militares y policías brasileños acompañados por fuerzas de otros países. La MINUSTAH, ya con 12 años de permanencia en el país, ha sido acusada de reprimir en barriadas populares, violaciones sexuales e introducción del cólera.

En febrero de 2006, René Préval ganó nuevamente las elecciones. Durante el segundo gobierno de Préval, el país fue arrasado por un terremoto el 12 de enero de 2010. Como consecuencia murieron unos 220 mil haitianos y miles de personas quedaron heridas y discapacitadas.

Apenas una semana después, Haití constituyó el escenario de una intervención directa de la Cuarta Flota de los Estados Unidos. Se desplazó un portaaviones, aviones, dos buques anfibios, 23 navíos y otros artefactos bélicos. Así mismo, desembarcaron unos 16 mil soldados ““incluida la 82° División Aerotransportada- que ocuparon el aeropuerto de Puerto Príncipe y tomaron el control de las pocas edificaciones públicas que sobrevivieron al terremoto.

En 2011, sobre el final de la administración de Préval, se admitió el regreso de Aristide, quien volvió al país en el mes de marzo. En el mismo año, luego de controvertidas contiendas electorales, llegó a la presidencia Michel Martelly, quien gobernó por decreto y no realizó ningún tipo de elecciones durante sus años de mandato (salvo las organizadas para su sucesión). En 2015, la crítica situación interna ““un 70% de desocupación, aumento exponencial del número de emigrantes, denuncias de corrupción gubernamental e irregularidades en los comicios de ese mismo año- derivó en la suspensión del ballotage. Martelly dejó el gobierno en febrero de 2016 sin sucesor electo y asumió interinamente el senador Jocelerme Privert.

El 20 de noviembre de 2016 ““precedidos por el paso devastador del huracán Matthew- fueron realizados nuevos comicios presidenciales y legislativos, estimándose una participación de apenas el 21% de los electores. Los resultados preliminares divulgados por el Consejo Electoral Provisional (CEP) dieron ganador a Jovenel Moïse ““el candidato apoyado por Martelly- del Parti Haïtien Tèt Kale (PHTK) con el 55,7% de los votos, seguido de Jude Celestin de la Ligue Alternative pour le Progres et L”™Emancipation Haitienne (LAPEH) con el 19,5%, Jean Charles Moïse de la plataforma Pitit Dessalines con el 11% y Maryse Narcisse del partido Fanmi Lavalas con el 9%. Sin embargo, la oposición ha denunciado irregularidades y ha llamado a desconocer los resultados. Fundamentalmente, los militantes y simpatizantes de las fuerzas de centro-izquierda Pitit Dessalines y Fanmi Lavalas ganaron las calles de Puerto Príncipe en señal de repudio a los resultados comunicados por el CEP y a lo que consideran un fraude masivo.

La publicación de los resultados definitivos está prevista para el próximo 29 de diciembre. Si los resultados de los comicios son confirmados por la CEP, el futuro gobierno de Haití se enfrentaría a serios problemas de legitimidad en un escenario en el que la MINUSTAH se mantiene como verdadera fuerza de ocupación (aun cuando está anunciada su gradual retirada). Por lo tanto, se presagia una sacudida superlativa del escenario político y social con aún más violentas confrontaciones.

* Integrante del grupo de investigación en la UNILA (Brasil) sobre Haiti.



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