06/09/2016

Crónica de un Femicidio

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Romina Ríos, una joven oriunda de la ciudad de Patquía (La Rioja), desaparece el día 12 de febrero de 2015 y su cuerpo es hallado dos días después en un descampado. Por el crimen, confesó Pedro Ortíz, agente de policía, quien declaró que habría sido un accidente. En estos días comenzó el juicio por el homicidio. Por Radio Voces


El 12 de febrero de 2015 Romina Ríos, una joven de 18 años oriunda de la ciudad de Patquía, se encontraba en la Capital riojana para comenzar los trámites de ingreso al nivel terciario. Como no encontró cupo para la inscripción al profesorado de geografía prolongó su regreso a su ciudad.

Durante la siesta de ese día la joven desaparece y continúa dos días en esa situación, hasta que el 14 de febrero la encuentran unos niños que jugaban en cercanías al “Parque de la ciudad” en un descampado sobre la Av. Circunvalación. Su cuerpo se encontraba calcinado, la alerta de estos niños da aviso a la policía para llegar al lugar y constatar la situación.

Al momento de la desaparición de Romina, su madre Mary Ríos hizo la denuncia en la policía de la capital riojana, desde un comienzo sufrió muchas irregularidades por parte de la fuerza ya que con el protocolo de búsqueda que establece que la víctima debe encontrarse ausente 48horas para iniciar la investigación se perdió un tiempo valioso para encontrarla.

Pedro Ortiz, policía también oriundo de Patquía y actualmente imputado por la causa, se había reunido con Romina en el departamento de su amigo de apellido Pereyra, quién también era miembro de la fuerza, la tarde en la que ella desaparece.

Cuando el cuerpo es encontrado se investiga y a los pocos minutos llaman a declarar a “Pepe” Ortiz, quién admite haber cometido el crimen pero alega que fue un accidente, que el tiro se le escapó cuando le mostraba el arma, disparándole por la espalda y que producto del shock por lo acontecido se desespera, decidiendo así ocultar el cuerpo y desaparecer la huellas del femicidio.

La autopsia arrojó datos claves para el caso, y el médico forense dio a entender que Romina murió desangrada y no instantáneamente producto del disparo. Queda explícito que el imputado tuvo tiempo de salvar la vida de la víctima, sin embargo nunca llamó a un servicio de emergencia médica ni la llevó de inmediato a un hospital, ocurriendo el caso a escasas cuadras del hospital de clínicas de la ciudad capital de La Rioja.

Una vez consumado el femicidio, Pedro Ortiz decidió trasladar el cuerpo al ya mencionado lugar de la zona sur de la ciudad ocultándolo en una bolsa de consorcio. Regresa a los dos días para rociar el cuerpo con alcohol y prenderlo fuego, también para deshacerse de la ropa de Romina en un conteiner de basura cercano a la zona.



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