23/05/2016

Pypore : documental y la recuperación de identidades

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María Nieves Monte y Javier Defox, reconstruyen la historia negada del pueblo paraguayo en donde la historia familiar y social se entrecruzan para llegar a una narración diferente a la impartida desde las escuelas. Por Patricia Rodriguez para ANRed


Patricia Rodriguez: ¿En qué consiste el proyecto?

Javier Defox (JD): Pyporé es un proyecto documental independiente producido por mi compañera María Nieves Montes, trabajadora de Prensa y estudiante de Comunicación Social, y por mí, escritor y trabajador del Estado. Contamos con la colaboración de Yaya, nuestra hija de 6 años, y la de algunos poetas amigos que se interesaron en lo que queríamos hacer.

El rodaje lo realizamos entre fines de octubre de 2015 y principios de Febrero de 2016 en Buenos aires, Chaco y Paraguay a partir de dos hilos conductores: por un lado, la reconstrucción de la historia de Don Erasmo, mi abuelo materno, que según el relato familiar había inmigrado de Paraguay a la Argentina, junto a su madre y sus hermanos, huyendo de la “Guerra del Chaco” (1932-1935) cuando contaba con 12 o 13 años. Y por el otro, nuestra propia travesía, cámara en mano, desandando los pasos por los que anduvo mi abuelo con tres miradas absolutamente diferentes. Nieves y sus ojos citadinos, Yaya y sus ojos desprejuiciados de niña, y los míos, nostálgica por esa infancia perdida. Ambos aspectos, atravesándolos por la palabra de poetas argentinos y paraguayos.

María Nieves Montes (MNM): Al comenzar Pyporé sentí vergüenza del poco conocimiento que tenía sobre la historia del Paraguay, incluso sobre la Guerra del Chaco. Tuve que sentarme a leer de qué se trató y qué intereses se jugaron, de qué vino huyendo Don Erasmo. Por ello es que el proyecto nos planteo durante el recorrido realizar esta reconstrucción de la historia familiar contextualizándolo con la historia argentina y paraguaya a cada paso. Recorrer las tierras que pisó Don Erasmo, para sentir aunque sea muy lejanamente algo de lo que él sintió, conocer la República del Paraguay más allá del Mercado Cuatro o Ciudad del Este y sus famosos precios bajos.

PR: ¿Qué los motivó a llevar a cabo este proyecto?

JD: Mi principal motivación para filmar Pyporé fue la necesidad de tender un puente entre mi identidad chaco-paraguaya, que muchas veces esta ciudad pretendió que sintiera con vergüenza; y mi hija Yaya, nacida en el Sanatorio Anchorena por obra y gracias de la obra social que en estos tiempos de ajuste no sabemos por cuánto tiempo podremos seguir pagando.
Un puente entre ese joven inmigrante y su constelación de creencias populares y mi única hija, para quién ““inevitablemente- las “verdades” de la ciudad, los cánones capitalistas si querés están jugando un rol fundamental en la constitución de su identidad.
Sin embargo, en las 60 horas de filmación que realizamos, esta motivación espiritual fue puesta a prueba varias veces, haciendo que no sepamos, hasta el último día de edición, si efectivamente tiene que ver con la película que pudimos contar.

MNM: Nos motivó también mucho la idea de que miles de inmigrantes, hijos de inmigrantes y nietos de inmigrantes, paraguayos o de otros lugares de América, podrían verse reflejados en nuestro recorrido. Desde la Escuela reflexionamos más que nada sobre la cultura europea, de donde vinieron gran cantidad de los inmigrantes que le dieron una identidad a este país, ¿pero qué pasa con la mucho más cercana cultura guaraní que también ayuda día a día la construcción de la Argentina? Y, personalmente, yo buscaba, por ejemplo, ayuda para comprender por qué en la Guerra de la Triple Infamia provincias como Corrientes o Entre Ríos prefirieron luchar contra Buenos Aires y no contra los paraguayos, a quienes consideraban a sus hermanos.

PR: ¿Cuáles fueron las vivencias experimentadas a lo largo del viaje?

MNM: El viaje fue muy emocionante. Por un lado porque una semana antes de partir falleció una de las hijas de Erasmo, la tía Betty, quién por suerte llegó a contar algunas anécdotas y recuerdos para la cámara. Fue muy duro. Por eso todo eso el recorrido estuvo teñido de tristeza. Por otro lado, el más grato, fue haber podido conocer parte de la familia de mi hija que no conocía.
Llegamos como pudimos a pueblos que casi están desiertos, dependiendo de la buena voluntad de los automovilistas que nos levantaron por la ruta. Tanto en Chaco como en Paraguay las personas nos trataron muy bien, nos preguntaban de dónde éramos y siempre se mostraron muy interesados por el proyecto.
En Asunción nos quedamos unos días en un hostal familiar y lo mejor de allí, como en todo el viaje, fue conocer personas de otras partes del mundo. Un joven de Nueva Zelanda estaba recorriendo América en bicicleta y sabía más historia argentina de lo que yo misma puedo recordar en este momento. Todo eso me hizo pensar en lo poco que valoramos nuestra propia historia y la de los países más cercanos a nosotros. Igual, lo más asombroso puede que haya sido durante nuestra estadía en la posada Leti de Cerrito, el pueblo natal de Don Erasmo. Pero para eso tendrán que ver el documental.

JD: Desde el principio las experiencias fueron fuertes. No solo por la muerte de mi tía. Sin porque fue el primer viaje familiar. La sensación de estar varado, en pueblos perdidos del Chaco y Paraguay, pero con quienes importa ““o sea con todo- fue lo más profundo de la experiencia. Desde que llegamos a Resistencia y tuvimos que hacer tiempo para entrar en el hotel hasta el regreso desde Cerrito, Paraguay, en una camioneta andando por caminos de tierra casi inundados, todo me llenó. Cada persona que conocimos, cada lugar.
Todo eso tratamos de registrar, lo más posible. Y aunque sabemos que quedaron afuera cosas, apostamos a que Pyporé muestre la esencia de la experiencia, y la esencia de Don Erasmo. Lo bueno y lo malo, su espíritu y su realidad como hombre. Con todas las contradicciones. Guste o no guste al espectador.

PR:¿Cuál es la relación, y en qué punto se unen la historia social y personal?

JD: La historia de mi abuelo no es única. La inmigración paraguaya, y limítrofe en general, fue muy grande durante esa época. La lucha de él y su familia, como chacarero y trabajador rural de empresas extranjeras, fue la regla durante los años `30, `40 y `50. Tratar de “hacer la América”. Y en condiciones infrahumanas. Allí está el valor social de su historia. Porque hoy día, en la educación oficial, no es valorado del todo ese aporte a la construcción de la “identidad nacional”, de que “el argentino” no bajó del barco nomás, no es solo hijo de españoles e italianos; sino que a nuestro país lo construyeron también personas como Don Erasmo.
Y hoy día, el punto en el que unen la historia social y personal está en el camino que desandamos por quince días en 7 pueblos del Chaco y Paraguay, que habla de la lucha de trabajadores como nosotros, las dificultades que tenemos para encontrarnos; cómo tuvimos que endeudarnos con un crédito bancario, para reconstruir esa misma historia; lo que hicimos para luchar contra la educación oficial, contra lo que nos metieron de chiquitos en la cabeza.



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