14/05/2016

Matar al cuento para despertar la ficción

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Los domingos a las 20 hrs se presenta en Teatro Espacio Callejo (Humahuaca 3759) la obra “Lobo, te amo, una ficción muerta”. Una obra de teatro donde ficción y sexo dialogan con fuerza feroz. ¿Por qué se ama al lobo? Porque nos señala el pasaje, nos indica la aventura, nos lleva al fondo de la canasta donde está la última fruta. Porque nos enseña a morir y a matar. Por Andrés Manrique para ANRed.


Los pasos golpean suelo duro. Quizá esa es la intención, pero el escenario, las canastas de mimbre, los troncos, las manzanas dispersas antes de entrar a la sala, nos hacen extrañar el sendero que se pierde en el bosque, el crujido del ripio, el andar suave en hoja seca.

El sueño comienza. Seguimos el itinerario de unos pasos que no vemos, nos dejan a solas, casi a oscuras hasta que aparecen los personajes que ya no saldrán de escena. Enseguida vemos una especie de lobo, una suerte de Caperucita al ritmo del caminar que venimos escuchando. Mientras la bestia sigue el compás de los pasos, la Caperucita frena, se demora en algo que no existe pero se hace presente en el cuerpo, como si lo invisible estuviera a punto de ocurrir todo el tiempo. En ese estar juntos y separados a la vez, nos empieza a pasar algo. Los dos están ahí, pero en distintos planos: se persiguen distantes. Y eso les otorga un carácter de fábula, de realidad dura, de Verdad: tal vez como sus pasos.

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¿Y qué hay de la fábula sin moraleja? -nos preguntamos inocentes. Esto. Todas las épocas entregan sus tipos de fábula. Después vendrá aquel que las interprete en un sentido, más o menos sutil, más o menos popular, más o menos claro.

Cuando se detienen los pasos, el encuentro entre ellos en el centro de la escena, los dos repitiendo al mismo tiempo el mismo texto, la anécdota, conmueve por la precisión, por la simultaneidad en la que enuncian el relato que va encerrándolos, que parece haberlos dejado a los dos atrapados ahí para siempre. La palabra golpea la puerta, baja el picaporte, sube desde el estómago, entra y empuja la puerta para quedarse. Encerrada. Atragantada. Sospechamos que podría seguir abriendo puertas, cerrándolas, golpeándonos la cara, apretándole el hocico húmedo al lobo. Puertas de bisagras quejumbrosas que desembocan en más, en otras puertas. ¿Cuántas se han abierto? No sabemos, aunque alguna puede que no haya quedado del todo cerrada. Y esa dará a lo desconocido. Se encarna entonces el bello rostro de lo siniestro donde se hace a un lado lo predecible con el riesgo que supone dejarnos del otro lado, intentando espiar por una cerradura ciega, intentando entender un lenguaje que nos sacude y nos desconcierta.

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El lobo pasa a ser perseguido, ¿llegaremos a cazarlo, a amaestrarlo? La caperucita se vuelve incomprendida, su lengua se reeduca, su cuerpo se hace el de una geisha que controla la escena. La perseguida pasa a tener el mando, es la que convida el caramelo envenenado. La lengua se vuelve difusa, la pareja se vislumbra en los idiomas incongruentes, en el lenguaje de la atracción que no se pliega a convenciones. Las lenguas se enredan, se disculpan, dialogan sin entenderse. Se corrompen. Pero la incomprensión no es síntoma, es clave, contraseña de algo que ocurrirá en el terreno del cuerpo. Empiezan a manejar un código que se sustrae a la lengua. Allí, entonces, es cuando empezamos a gozar de verdad. La distorsión que irrumpe en la posibilidad del encuentro induce al encantamiento. El sexo en el vaivén de sus cuerpos deja vacilando todo arrimo de lectura. El exceso, repetición e insistencia en el paso que acaba con la descomposición y ruptura de la danza y que se corta en el apagón general provoca una tensión que se va ablandando mientras se comentan lo bueno que fue, que es, que viene siendo eso que les acaba de pasar, lo que les está ocurriendo, lo que pasó para siempre en y por el cuerpo.

Lobo, sin vos sería imposible permanecer un segundo más con los ojos abiertos.

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LOBO, TE AMO [una ficción muerta]

DOMINGOS 20HS

Teatro Espacio Callejón
Humahuaca 3759



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