10/05/2016

#TeAmoTeOdio: la banalización del #NiUnaMenos

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Luego que se conociera públicamente la relación violenta entre una pareja de actores, decenas de programas televisivos y medios gráficos, instalaron el debate sobre la violencia de género. De los análisis surgieron numerosos clichés con un fuerte contenido machista y una constante banalizacion sobre un tema sumamente sensible en nuestra sociedad, en la cual cada 30 hs es asesinada una mujer. Por ANRed


Cada vez que ocurre un hecho que involucra a personajes de la farándula televisiva, se instala en los medios de comunicación hegemónicos un tema en el que se debate y se opina sobre tópicos delicados como la violencia de género como si se fuera experto.

Esta semana se conoció públicamente, la relación violenta entre dos personajes mediáticos. Inmediatamente en la mayoría de los programas llamados de chimentos, incluso noticieros dedicaron horas de aire al conflictivo final de la pareja de dos jóvenes actores. Cataratas de comentarios y opiniones refirieron al tema de la violencia de género. No ahorraron en detalles, sobre los golpes, maltratos e incluso acompañaron a los protagonistas a las comisarias donde cada uno hizo las denuncias cruzadas. Las actas de denuncia se hicieron públicas, y fueron leídas y releídas durante largas horas. El caso fue detenidamente analizado por infinidad de panelistas desde periodistas del espectáculo, hasta voces autorizadas para tratar el tema: como la de psicoanalistas y especialistas en violencia de género. Incluyendo “la voz del público” mediante las redes sociales, invitan a opinar y a contribuir al confusionismo en general. Incluso se realizaron encuestas que demostraban si se le creía o no a la víctima.

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Luego de la multitudinaria marcha realizada en junio del año pasado bajo la consigna #NiunaMenos en la que se concentraron alrededor de 200 mil personas, se logró instalar en los medios de comunicación, la problemática de la violencia hacia las mujeres y cuerpos feminizados, que comúnmente se engloba bajo el concepto de violencia de género. Un nuevo vocabulario se hizo visible, como por ejemplo el de Femicidio, que comenzó a formar parte del argot con el que periodistas y analistas, “nombran” las situaciones que describen.

Sin embargo, a pesar de la información, los programas televisivos insisten en la espectacularizacion de los casos desde una mirada patriarcal, justificando la agresión y poniendo en duda la palabra de la víctima. Muestran las fotos de los moretones repetidamente, reiteran el relato sobre lo sucedido etc. Así transforman un tema sumamente delicado y sensible en un show mediático. La antropóloga argentina Rita Segato apunta sobre la necesidad de preguntarnos sobre ¿cuántas veces se puede repetir la misma noticia y cuál es la finalidad de esa incitación a la violencia de género? Para ella, esas repeticiones y farandulización de los casos tiene como finalidad la incitación y promoción, que de alguna manera incita a la mimesis; o para aquellos que abordan la violencia desde una perspectiva epidemiológica, eso contagia a la sociedad. Para explicar el tratamiento mediático sobre la violencia de género desarrolló el concepto de pedagogía de la crueldad “el público es enseñado a no tener empatía con la víctima, que es revictimizada con la banalidad y la espectacularización con que se la trata en los medios”. El espectador/televidente está siendo conducido por ese lente “ese público está siendo engañado cuando dicen que está viendo la realidad desde el mismo lugar que el fotógrafo. Al llamarlo a mirar la realidad desde ese lente de quien la muestra, se lo está enseñando a tener una mirada despojadora y rapiñadora sobre el mundo y sobre los cuerpos” afirma Segato.

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Educando con crueldad

Muchos son los mensajes, que nos enseñan a leer la violencia hacia las mujeres banalizándola, hasta perder completa empatía frente a las víctimas. Así nos educan a confundir amor y pasión, con relaciones violentas. A creer que los celos o las infidelidades son el detonante que amerita los golpes, incluso la muerte, a patologizar las relaciones violentas, entenderlas como agresiones es decir, gobernadas por el mundo de los “impulsos” sin situarlas en el contexto histórico en el que se desencadenan. La violencia es un concepto relacional, es decir, relaciones que se dan en el ámbito del poder y dominación.

Desde los medios gráficos, informaron la noticia mediante fotografías sumamente cuidadas, dentro de los parámetros de belleza que instalan e incitan a copiar. Ningún cuerpo exhibiendo heridas puede resultar una imagen bella, fotografiable, estética para resultar tapa de revistas. Las heridas, son evidencia en la piel femenina que da cuenta de tal violencia. Carina Abregu, victima y sobreviviente de la violencia de género, fue prendida fuego por su marido. Sobre su cuerpo puede leerse la inscripción de este lenguaje violento. Por lo tanto, su imagen no es mercancía, “modelable”.

Otro de los argumentos recurrentes, fue el uso del concepto de violencia de género como universal. La mayoría coincidía en la necesidad de entender que la violencia, no reconoce: sexo, edades, especie, etc. Así resulta lo mismo, la violencia que reciben los abuelos de la tercera edad, los animales domésticos, y también los hombres. Se insistía en la necesidad de visibilizar, que existen (aunque en menor proporción) hombres golpeados. Sin embargo, esta definición universal de violencia que pretenden instalar los medios, resulta al menos un tanto peligrosa, no reconocer las particularidades de la violencia hacia las mujeres. Sobretodo teniendo en cuenta que en nuestro país, cada 30 hs una mujer es asesinada. Según datos estadísticos recabados por La Casa del encuentro entre los años 2007 y 2014, en 7 años se registraron 1808 Femicidios. Solo en la provincia de Córdoba, en la última semana, se conocieron tres casos mas. Córdoba es la única provincia que aún no adhirió a la Ley Nacional de Violencia de Género, sancionada hace siete años. Estos datos son la evidencia que amerita un tratamiento diferencial sobre este tipo particular de violencia.

Salvar la moral masculina

Con una gran hipocresía, se habla sobre el peligro que representa culpar a un hombre de golpeador, hasta tanto la justicia no se expida y corrobore los hechos denunciados por una víctima. Ser un golpeador es una mancha señalatoria, imperdonable en esta sociedad concientizada sobre la problemática de la violencia de género. Sin embargo muchos femicidas han sido transformados en personajes mediáticos, como el caso del odontólogo Barreda, que asesino a 4 mujeres de círculo familiar, sin ser condenado “socialmente” por ese hecho. Para muchos fue la reacción a una situación de sometimiento y violencia por parte de esas mujeres hacia su persona.

Astros de fútbol, actores, cantantes fueron denunciados como golpeadores, sin que se haya desencadenado una caza de brujas contra ellos. Siempre fueron cubiertos con un manto de dudas y sospechas sobre los motivos que los hicieron “reaccionar” de esa manera. No sucede así con las mujeres que denuncian los golpes. Hay una sensibilidad mayor frente a los hombres, mas que hacia las mujeres que protagonizan una relación violenta.

¡Hay que hacer la denuncia!

“Denunciar al agresor, es indispensable para poder ponerle nombre a la relación violenta” así comentaban los panelistas mientras analizaban el caso de la pareja mediática. Los protagonistas realizaron el derrotero por las comisarias, acompañados por decenas de fotógrafos y noteros para denunciarse mutuamente, y así luego con acta de denuncia en mano, pasear por los programas de “la tarde” para continuar la guerra, pero esta vez desde los estudios de televisión. Al parecer, denunciar al violento significaba un trámite burocrático donde se dejan constancia de los daños. Sin embargo esta puesta en escena nada tiene que ver con el peregrinar de muchas mujeres que sufren violencia de género.

Más allá de avances y mesetas que se sucedieron en el accionar estatal frente al asunto, con la Ley Nacional 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres sancionada en el 2009, tuvieron lugar una serie de debates y medidas de política que llevaron la cuestión a los primeros planos de la agenda pública.

La licenciada Alejandra Wagner analizó tales avances jurídicos con la realidad cotidiana de quienes padecen el problema. Para desarrollar su objetivo reconstruyó los itinerarios de mujeres personalmente afectadas por situaciones de violencia doméstica desde el momento en que buscaron asesoramiento, asistencia o apoyo institucional “identificamos encuentros/desencuentros que se producen entre las necesidades y expectativas de las propias afectadas, y las respuestas que efectivamente se ofrecen en relación al tema. Nuestros hallazgos y reflexiones buscan aportar a la problematización de situaciones que hoy se presentan en esa suerte de peregrinaje que realizan estas mujeres, contribuyendo al proceso de implementación y/o adecuación de políticas y abordajes a nivel territorio”. Estos itinerarios, caracterizados como un largo peregrinar, nada tienen que ver con la simple denuncia a los teléfonos proporcionados por los programas de televisión.

En los crímenes de género existe una incitación mediática sobre la cual debería existir algún control “es tal la espectacularización de los crímenes de género que parece algo de farándula, y debería existir una legislación porque eso le hace muy mal a la sociedad.” afirma Segato



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