09/01/2016

El Estado turco una vez más asesina a tres militantes kurdas

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A pocos días de cumplirse el tercer aniversario del asesinato de Sakine Cansiz, Fidan Dogan y Leyla Saylemmez en París, a manos de un agente de la inteligencia turca, el Estado turco vuelve a asesinar a tres militantes kurdas. Seve Demir, dirigente del Partido Democrático de las Regiones (DBP), Pakize Nayir, co-presidente de la Asamblea Popular de Silopi y Fatma Uyar, militante del Congreso de las Mujeres Libres (KJA), fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad turcas cuando intentaban abandonar el barrio de Sehit Harun en la localidad de Silopi, ubicada en la provincia de Sirnak y sometida a bloqueo desde hace alrededor de tres semanas. Por Pablo Mestrovic para ANRed


Las militantes habían recibido una advertencia de las fuerzas de operaciones especiales de la policía turca que operan en Silopi de que el barrio en que se encontraban desarrollando actividades políticas iba a ser atacado con armamento pesado. Por tal motivo intentaron abandonar la zona por razones de seguridad, por la única salida que las fuerzas policiales habían dejado abierta, que atravesaba un arroyo. En ese momento fueron atacadas. Si bien en un principio, habida cuenta de que un cuarto cadáver, correspondiente al joven Islam Atak, no había podido ser identificado en un primer momento a causa del estado de destrucción en que se encontraba, el escenario parecía indicar que se trataba del resultado de la práctica habitual de las fuerzas de seguridad turcas en las ciudades sitiadas de disparar al azar sobre la población civil, posteriormente la autopsia demostró que las tres mujeres fueron acribilladas. dando indicios de que se trató de un asesinato político. El cadáver de Seve Demir, la dirigente del DBP, recibió 11 disparos de diversos calibres; el cadáver de la asamblearia Pakize Nayir recibió 5 disparos mientras el de Fatma Uyar está en un estado de destrucción que no permite determinar la cantidad de disparos recibidos.

Dado que las fuerzas de seguridad turcas impidieron el ingreso de ambulancias a la zona cuando las víctimas todavía estaban vivas y posteriormente negaron a sus familiares y compañeros de militancia, la posibilidad de ver los cuerpos durante horas, no es posible descartar que las víctimas hayan sido rematadas después de recibir los primeros disparos. Kamuran Yüksek, dirigente del DBP, dijo en declaraciones en una conferencia de prensa el 6 de enero, reproducidas por la Agencia Noticias Firat que “eso significa que cuando ustedes (se refiere a las fuerzas de seguridad turcas) las encontraron, estaban heridas y ustedes las torturaron y las mataron”.

Independientemente de las circunstancias de las muertes, el estado turco sabía a quiénes mataba. El DBP, que controla todas las municipalidades sitiadas, y las Asambleas Populares, son dos de las principales fuerzas sociales que sostienen el movimiento de autogobiernos en el Kurdistán turco. La organización KJA representa el protagonismo que las mujeres han adquirido en el movimiento de liberación nacional kurdo.

La autoorganización para la resistencia y la construcción del poder popular ha desembocado no sólo en la formación de múltiples organizaciones para enfrentar las carencias derivadas de los bloqueos en términos alimentarios, sanitarios y educativos, sino en la construcción de auténticas fuerzas de autodefensa en las ciudades sitiadas. En el mes de diciembre ya se habían conformado en el barrio de Sur, en Diyabakir, las Unidades de Protección de las Mujeres de Sur (YPJ-S). En los últimos días de diciembre se conformaron en las ciudades de Cizre y Nusaybin las Unidades de Protección Civil (Yekitina Parastina Sivilan , YPS, en kurdo). El 29 de diciembre se formaron las YPS en Diyarbakir y el 2 de enero en Idil. En las organizaciones de autodefensa ha cumplido un rol central la Unión de Jóvenes Patrióticas Revolucionarias (YDGK-H en turco), la organización juvenil femenina del movimiento de liberación nacional kurdo.

No se puede disociar este protagonismo del desarrollo de la lucha contra la violencia patriarcal por parte del movimiento de liberación nacional kurdo y las fuerzas democráticas y de izquierda vinculadas a él en los más diversos ámbitos. Particularmente merecen ser mencionadas las severas medidas para penalizar la violencia hacia las mujeres que han implementado los municipios controlados por el DBP (entre los cuales se encuentran las localidades sometidas a bloqueo).

Y es en este punto que las muertes de Sakine Cansiz, -Fidan Dogan y Leyla Saylemmez se unen a las de las militantes asesinadas en Silopi en una cadena de demostraciones de odio, que como dijera Eduardo Galeano al hablar del femicidio, en realidad es miedo, miedo de que las mujeres le hagan frente al ejército de un país integrante de la OTAN; miedo de que las mujeres, como Sakine Cansiz, muestren un temple sin igual ante las torturas diseñadas especialmente para doblegarlas, o de que como con Leyla Saylemmez, el dolor del desplazamiento se traduzca en resistencia. Comentando los asesinatos de Silopi y parafraseando los versos de Neruda, la dirigente de KJA Sara Aktas decía “Las fuerzas de la oscuridad podrán cortar una, dos, tres flores…pero no podrán detener la primavera.”



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