04/12/2015

Muchas guerras dentro de la guerra de Siria

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Múltiples actores actúan sobre el terreno con distintos objetivos. Por Roberto Montoya. Edición impresa de Periódico Diagonal. Foto: El presidente francés, François Hollande, calificó los atentados de París como “acto de guerra”.


La hipocresía está siendo una constante en los discursos de los líderes de países envueltos en el avispero de Siria y de los que están a punto de implicarse ““¿España incluida?”“ a petición de François Hollande.

Todos dicen perseguir el mismo objetivo, aniquilar al Daesh, que el terrorismo yihadista del autodenominado Es­tado Islámico es el mismísimo Mal, y que el “mundo civilizado” tiene que unirse para enfrentarlo.

Pero ¿todos quieren en realidad aniquilar al Daesh? ¿Ninguno de los países que participan en la cruzada contra la organización más poderosa del yihadismo tuvo responsabilidad en su desarrollo? ¿Cuántas guerras encierra la guerra de Siria? ¿Cuántos acérrimos enemigos conforman esa alianza contra”ˆnatura para combatir al Daesh?

El derribo del cazabombardero ruso por parte de la aviación turca en la frontera sirio-turca es la primera evidencia de esa farsa de alianza, y es de prever que no será el último incidente.

Actualmente, la batalla terrestre la libran, por un lado, el otrora poderoso y cada vez más debilitado Ejér­cito del dictador Al-Assad ““ha perdido ya más de 50.000 soldados, y 30.000 las milicias que lo apoyan”“, responsable máximo del genocidio sirio, de la devastación del país y del éxodo de casi la mitad de la población.

El régimen sirio, apoyado por tropas de élite del libanés Hezbolá y de un número limitado de asesores y fuerzas especiales de Irán, controla cada vez menos territorio.

Los bastiones de Al-Assad se encuentran en la franja oeste de Siria, fronteriza con el Líbano, y parte del sur, fronterizo con Jordania, y tiene grandes dificultades para mantener el control sobre ciudades importantes en el resto del país.

Frente a las tropas de Al-Assad y sus aliados locales y foráneos, se encuentra un variopinto número de fuerzas rebeldes, desde las milicias kurdas de las YPG (Unidades de Defensa Popular), fuertes en el Kur­distán sirio, emplazadas en buena parte de la franja norte del país fronteriza con Turquía, y parte del noreste fronterizo con Iraq; hasta milicias turcomanas que operan en esa misma zona, o el Ejército Libre Sirio (encabezado por militares desertores), el Frente Al-Nusra ““franquicia local de Al-Qaeda”“, el Daesh, las Bri­ga­das de los Mártires de Siria, el Fren­te Islámico Sirio, Ahrar Al-Sham, las Brigadas Farouq, Jaysh Al-Islam y cientos de milicias más.
La irrupción del Daesh ““originario de Iraq”“ en el campo de batalla sirio alteró radicalmente el frente insurgente, intentando arrebatar a todas esas fuerzas las posiciones que ha­bían logrado quitar a las tropas de Al-Assad.

Limpieza étnica

La brutal limpieza étnica que desató el Daesh benefició coyunturalmente a las fuerzas gubernamentales sirias, pero los yihadistas se terminaron convirtiendo en un poderoso enemigo con capacidad para combatir en todos los frentes a la vez. Y el cambio drástico se produjo desde el momento en que sus miles de milicianos terminaron por controlar una amplísima zona del territorio sirio fronteriza con Iraq, barriendo las fronteras entre los dos países e instaurando en 2014 simbólicamente su Califato.

La existencia desde hace un año y medio de ese “nuevo Estado”, que incluye un tercio del territorio iraquí y más de un tercio del sirio, dio inicio a un nuevo curso no sólo a la guerra de Siria, sino también a la guerra de Iraq, y comenzó a expandirse al Lí­bano, a Egipto, a Libia y otros países. Se transformó en poco tiempo en un conflicto geopolítico de primer orden.

Es a partir de esa nueva situación, y no por una preocupación humanitaria por las decenas de miles de muertos civiles que ya había provocado la guerra en el momento de constituirse el Califato, cuando otros países se incorporaron de forma directa a la guerra. Sin que hubiera todavía ninguna resolución de la ONU, EE”ˆUU y Francia decidieron iniciar en agosto de 2014 ataques con bombarderos y drones con misiles contra posiciones yihadistas, y la UE decidió apoyar la iniciativa, directa o indirectamente, sólo cuando la ola de refugiados comenzó a llegar masivamente a las costas europeas.

EE”ˆUU presionó y consiguió que se sumaran a la coalición países como Turquía, Arabia Saudí, Jorda­nia, Qa­tar, Kuwait y otros países árabes, lo que sólo complicó aún más las cosas.

La mayoría de esos países, suníes, fueron paradójicamente claves en el desarrollo del Daesh, una fuerza en la que creyeron ver la gran oportunidad del mundo suní para frenar la creciente influencia de Irán en Iraq, en Siria, en el Líbano, en Palestina, en Yemen.

A pesar de que algunos de esos paí­ses dejaron de ayudar económica y militarmente al Daesh ante la presión de EE”ˆUU y por el temor a que el arrollador empuje yihadista terminara volviendo sus armas contra sus mecenas, son muchos los hombres de negocios y miembros de las monarquías del Golfo que lo siguen respaldando activamente, financiándolo, ayudándolo a vender petróleo en países de la región y blanqueando su dinero.

En el caso de Turquía, un país que cuenta con uno de los Ejércitos más poderososde la OTAN, ha aprovechado los bombardeos sobre posiciones del Daesh en Siria que le encargó EE”ˆUU para atacar posiciones de las milicias kurdas. Erdogan quiere impedir que las milicias kurdas de Siria, de Iraq y de la propia Turquía salgan beneficiadas con estos ataques contra el Daesh.

Otro tanto pasa con Arabia Saudí o Qatar, más interesados por que sus cazas ataquen “por error” los bastiones de las fuerzas kurdas, las milicias laicas o las fuerzas de Hezbolá, las de Irán o del propio Al-Assad, que por atacar las posiciones de Daesh, al que han estado ayudando desde muchos años antes de que se creara el Califato.

El papel de Rusia

La incorporación de todos estos protagonistas en la guerra ha decidido a Vladimir Putin a mover ficha. Fue él quien en 2013 salvó a Al-Assad de la intervención militar de Obama y sus aliados, y no podía dejar que ahora, bajo el paraguas de la guerra contra el Daesh en territorio sirio, esos mismos actores se salieran con la suya y terminaran derrocando al dictador.

Y Putin volvió a coger por sorpresa a EE”ˆUU y a todos sus enemigos políticos, como hizo antes en Crimea; en coordinación con Al-Assad decidió comenzar sus bombardeos contra posiciones del Daesh, aportando así un balón de oxígeno vital para el acorralado Bachar Al-Assad.

EE”ˆUU denunció que Putin extendía sus ataques contra otras milicias “moderadas” anti Al-Assad, algo que negó el presidente ruso con el mismo cinismo con el que Erdogan niega atacar a las milicias kurdas.

Los atentados del 13N de París hicieron que Hollande se autoerija en comandante en jefe mundial antiyihadista, como Bush tras el 11S y como Sarkozy en Libia. Su decisión de proponer una coordinación militar a Rusia ha puesto nerviosa a la OTAN, en máxima tensión y despliegue militar en sus países miembros del Este de Europa ante la crisis en Ucrania, y pone nerviosos también a los países árabes que ya participan en la coalición encabezada por EE”ˆUU.

La esquizofrénica situación actual, donde se cruzan tantos intereses antagónicos, llega al punto de que Hollande, y con él la UE, intentan una alianza con Rusia ““que acaba de imponer sanciones económicas a Turquía en respuesta al derribo de su caza y ha instalado misiles en la frontera siria con ese país”“, al mismo tiempo que se le entrega a Erdogan 3.000 millones de euros para que impida que los refugiados sirios lleguen a Europa, y se le compensa también reactivando su congelada solicitud para ingresar en la UE.

La situación no puede ser más explosiva, con infinidad de actores en el mismo escenario, pero representando obras distintas, mientras cientos de civiles siguen muriendo diariamente bajo las bombas en Siria o en aguas del Mediterráneo intentado llegar a una Europa que les da un portazo en la cara.

Después de semanas de negociaciones al máximo nivel, la UE sólo ha distribuido entre sus 28 países miembros a 87 de los 160.000 refugiados prometidos.

Más civiles muertos por las bombas

En los últimos 14 meses, los bombardeos de la coalición internacional sobre Siria han matado ya a 3.952 personas, de las que 250 son civiles, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos. Este mismo observatorio apunta que los bombardeos rusos iniciados en septiembre han matado a 1.500 personas, de las que 485 son civiles, incluyendo a 117 niños.

Roberto Montoya es autor de “˜El imperio global”™ y “˜Drones: la muerte por control remoto”™
https://www.diagonalperiodico.net



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