31/10/2015

Turquía: las elecciones del 1° de noviembre y el contexto político

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Tras el atentado del 10 de octubre que dejo cerca de un centenar de asesinados, este domingo se desarrollaran elecciones nacionales en Turquía. Los comicios estarán atravesados por un creciente conflicto social. El gobierno de Erdogan ha tratado de desacreditar a las fuerzas progresistas y de izquierdas reunidas en el HDP mientras reprime a las experiencias de autogobierno en zonas kurdas. Por Pablo Mestrovic para ANRed


El atentado del 10 de octubre en Ankara que dejó alrededor de un centenar de muertos constituyó una muestra más de la creciente alianza e identificación del gobierno de Recep Tarcip Erdogan con el ISIS. El Estado turco, por supuesto, intentó esquivar la responsabilidad del hecho y aún, en una clara muestra de cinismo, atribuir su autoría al movimiento insurgentes kurdo PKK.

El panorama político de Turquía en la víspera de las elecciones del domingo se caracteriza por el fracaso de los intentos del gobierno de Erdogan por desacreditar a las fuerzas progresistas y de izquierda representadas por el Partido Democrático de los Pueblos (HDP). Ante la imposibilidad de obtener la mayoría parlamentaria que le permitiría formar gobierno, el AKP ha recurrido a una política de polarización tendiente a conducir a Tuquía a una situación de guerra civil. En esta política se enmarca los atentados de Suruc del 20 de julio, las operaciones “antiterroristas” dirigidas en realidad contra la izquierda y el movimiento de liberación nacional kurdo y el atentado del 10 de octubre en Ankara.

El fracaso de la política del AKP se demuestra en las encuestas electorales, que en todos los casos, incluso las llevadas a cabo por agencias vinculadas al partido gobernante, muestran un resultado para el HDP por encima del piso del 10% requerido para entrar en el parlamento. Asimismo, la mayoría de las encuestas ubican los resultados para el AKP en torno al 40%. El HDP, en tanto y aunque quedaría disputando el tercer lugar en cantidad de votos con el MHP, de extrema derecha, aumentaría su caudal de bancas respecto a las elecciones de junio debido a las características del sistema electoral turco y quedaría decididamente en tercer lugar (link a la nota sobre las elecciones del 7 de junio).

Además de la casi segura imposibilidad del AKP de formar gobierno después de las elecciones a no ser que se diera una alianza con el MHP (en cuyo caso se trataría de uno de los gobiernos políticamente más reaccionarios de la historia de Turquía, ya que el MHP no gobernó nunca, a pesar de ser utilizado por el Estado como fuerza parapolicial contra la izquierda en los años “™70), el régimen político turco se ha visto crecientemente desafiado por el movimiento de los autogobiernos. En diversas localidades del Kurdistán turco y algunos barrios populares de Estambul, Izmir y otras ciudades se han conformado asambleas populares que han desconocido la autoridad del Estado y han enfrentado a las fuerzas represivas ( article10522 ). Es importante señalar que dado que la reacción del Estado ha consistido en todos los casos en “sitiar” las localidades en que se había proclamado el autogobierno, las telecomunicaciones están cortadas y el acceso a las noticias sobre este movimiento es errático. De todos modos, en la ciudad de Cizre, próxima a la frontera con Siria, continuaba funcionando a finales de septiembre la asamblea popular que proclamo el autogobierno en el mes de agosto. Como parte del ejercicio del autogobierno, se habían conformado 140 comunas, basadas en el modelo de confederalismo democrático implantado en Rojava. Asimismo, las fuerzas de seguridad turcas equipadas con vehículos blindados y francotiradores (es necesario tener en cuenta que en Turquía la distinción entre las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad es casi irrelevante en cuanto al armamento), continuaban reprimiendo durante este mes a la población en las localidades de Silvan, ubicada en la provincia de Dyarbakir (la ciudad del mismos nombre y capital de la provincia es la ciudad más importante del Kurdistan turco) y la de Silopi, en la provincia de Sirnak, adyacente a la frontera siria. En el caso de Silvan, las fuerzas turcas todavía no han podido retomar el control efectivo de la localidad. Una muestra de la incapacidad del Estado turco para ejercer un control efectivo sobre estas localidades viene dada por la solicitud del gobierno al Consejo Electoral Supremo (YSK) de no llevar a cabo las elecciones en esas localidades y en cambio instalar las urnas en zonas más “seguras” para que los votantes concurran a votar si lo desean.

Es importante señalar que se trata de zonas urbanas y no de zonas rurales liberadas por el PKK y de hecho la organización armada kurda apenas ha tenido participación directa en la defensa de los autogobiernos, con excepción de la localidad de Varto. A este contexto se le suman la huelga de los trabajadores metalúrgicos que comenzó en la ciudad de Bursa y se extendió a otras zonas industriales. La movilización del 10 de octubre en que se produjo el atentado en Ankara tenía una fuerte presencia de los sindicatos y partidos de izquierda, incluso aquellos cuyas bases son predominantemente de etnia turca. ( article10827 )

Otro aspecto a tener en cuenta respecto a las perspectivas para las elecciones del domingo es el quiebre en el consenso entre los partidos políticos del régimen. El creciente sesgo represivo e islamizante del gobierno del AKP ha derivado en un acercamiento entre el partido kemalista CHP y el HDP. En diversos medios turcos, incluídos los cercanos al CHP, como el diario Hürriyet, circulan cada vez más abiertamente comentarios acerca de una posible cooperación entre ambos partidos. Esto es muy relevante en virtud de la trayectoria del CHP, que históricamente había privilegiado la defensa de la tradición kemalista por sobre cualquier otro criterio a la hora de elegir sus aliados polticos (en la elección presidencial de 2014 el CHP hizo una alianza con el MHP llevando de candidato a un dirigente de este último partido).

El resultado más probable de las elecciones del domingo es una nueva imposibilidad para el AKP de obtener la mayoría y un agravamiento de la crisis del régimen político turco. Este agravamiento deriva de la tendencia del AKP a reforzar los aspectos más opresivos del régimen, particularmente en relación con las minorías étnicas y religiosas y con el pueblo kurdo y de la creciente resistencia de los sectores de la sociedad turca que rechazan esta tendencia, particularmente el sector secularista representado por el CHP, la izquierda y el movimiento obrero y el movimiento de liberación nacional kurdo representado por el HDP. La crisis puede desembocar en un crecimiento del movimiento de autogobierno que determine una situación efectiva de doble poder, al menos en el Kurdistan turco, o bien en la formación de un gobierno de coalición entre el CHP y el HDP, que tendría muchos rasgos en común con el gobierno de Syriza en Grecia. En cualquier caso, este momento histórico marca el fracaso de la experiencia islamista-neoliberal del AKP.



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