25/10/2015

El Glifosato también en tu botiquín

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“Cualquier derivado de algodón que puedas comprar en una farmacia o en un súper: toallitas femeninas, hisopos, pañales, gasas de uso medicinal, de las marcas comunes, tienen glifosato”. Esto fue a dado a conocer por un equipo de la Universidad Nacional de La Plata en el marco del 3er. Congreso de Médicos de Pueblos Fumigados que tuvo sede en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, entre el 15 y el 17 de octubre. Por la Olla.TV


Este equipo que reveló la presencia de trazas de glifosato en los derivados de algodón de uso comercial, lo descubrió casi por error, pero como muchas cosas en este campo deben ser científicamente demostradas sin embargo se hacen evidentes apenas empezamos a cruzar un par de datos.

Cruzamos datos:

*El 95% del algodón que se cultiva en el país es transgénico (principalmente el Algodón RR -Roundup Ready- de Monsanto, resistente al herbicida RoundUp de Monsanto, cuyo principio activo es el glifosato).

*Los manuales del INTA recomiendan la utilización del glifosato dentro de un cóctel de herbicidas e insecticidas, incluso cuando el capullo de algodón ya está abierto.

“Cuando hablamos de salud pública no nos podemos callar” dice Damián Marino, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata e investigador del CONICET, fue el encargado de dar a conocer este informe. Quien nos contextualizaba: “Desde hace unos años venimos trabajando en una forma de construir ciencia en conjunto con la comunidad. Hace un año formamos el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socioambiental (EMISA) y desde ahí ponemos herramientas de nuestro ámbito profesional junto a un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de la medicina, de las ciencias sociales, de ingeniería, pensando específicamente en la problemática derivada del uso de plaguicidas en el modelo productivo actual de Argentina.”

“La exposición de hoy tenía el objetivo de poner en evidencia que el modelo productivo no termina en el campo sino que se extiende y alcanza los hogares prácticamente de todos”.

“Y eso se produce, por un lado, por la presencia de plaguicidas en alimentos, en frutas y verduras; y en otro aspecto, algo que surgió por un accidente de laboratorio, que es la presencia de glifosato (y su metabolito ambiental, el ampa, ácido aminometilfosfónico) en muestras de algodón que tiene un origen básicamente transgénico y algodón que fue comprado en farmacias y supermercados, el algodón que tenemos en nuestras casas, junto con todos sus derivados como pueden ser las gasas de uso medicinal, los hisopos.”

Los caminos de la academia son muy estrictos a la hora de dar a conocer los resultados de una investigación científica, deben ser validados en varios niveles y luego “ser publicados” en revistas científicas de prestigio internacional para recién ahí comenzar a ser tenidos en cuenta. Por ello el equipo del EMISA se vio en una disyuntiva. “Este es un trabajo que tiene cuarenta días. Nos encontramos con esto en el laboratorio y salimos a buscar muestras a comparar y hacer estudios. El tema es que la ruta de la publicación científica puede llegar a tardar tres, cuatro años, porque entre que uno formaliza todo el sistema de investigación, redacta el trabajo, lo manda a la editorial.”

“Decidimos que había que poner la información sobre la mesa para instalar la discusión, si es o no una publicación científica internacional no es nuestra prioridad sino que lo importante es poner a la discusión, que se inicien estudios. Nuestro espíritu de hoy es que se inicien estudios respecto al tema.”

“La metodología que aplicamos fue desarrollada para este fin, con equipamiento de altísima tecnología, todo el preciosismo desde el punto de vista del trabajo fue aplicado, todas las réplicas, todo el diseño experimental. Otro equipo de gente quizás se lo guardaría a puertas cerradas porque realmente es de mucha relevancia y novedad, pero nosotros decidimos, considerando aquello que decía Andrés Carrasco que “cuando se habla de salud pública no nos podemos callar”, invitar a que se inicien los estudios que haya que iniciar y si se demuestra que estábamos equivocados, fantástico.”

El trabajo aún no está formalizado, lo que presentaron fueron los datos y un primer análisis de datos, “consideramos que era el momento y el espacio para largarlo” acota Marino.

El accidente

“Hay una publicación internacional donde se usa la gasa de algodón para el monitoreo del glifosato en derivas de campo (se denomina así al agrotóxico que se esparce en el ambiente, más allá del campo objeto de la fumigación). Nuestra idea era aplicarlo para ver el tema de los metros de restricción y toda esa discusión. Cuando intentamos validar la metodología de laboratorio usamos como control algo no expuesto al glifosato. Rompimos el envoltorio de una gasa en la mesada y lo sometimos al mismo procedimiento analítico y vimos que tenía glifosato como resultado positivo. Dijimos, bueno, tuvimos algún problema nosotros. Limpiamos todo, arrancamos de nuevo y volvió a dar positivo. Repetimos todo de nuevo y volvió a dar positivo. Entonces dijimos pareciera ser que no somos nosotros y decidimos salir a buscar las muestras de algodones y gasas y a encarar algo más sistemáticamente.”

En función de esto datos obtenidos, el equipo se puso a investigar: “vimos que el 99% del algodón argentino es transgénico. En los documentos del INTA se recomienda qué aplicar y cuándo aplicar, y el glifosato está dentro de los cócteles que se sugieren. El capullo está expuesto a las aplicaciones de agrotóxicos. Hay aplicaciones que se hacen con el capullo abierto, lo dice el INTA en los manuales. Nosotros estudiamos la presencia de glifosato pero esto amerita estudiar los demás componentes de ese cóctel de plaguicidas porque podemos estar frente a otros compuestos positivos.”

“Nosotros vamos a seguir haciendo muestreos mensuales en farmacias y supermercados e intentaremos sumar alguna otra familia de compuestos químicos”.

¿Qué voy hacer hoy cuando vaya a cambiarle los pañales a mi hija?



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