07/06/2015

Coordinadora Interseccional Ferroviaria: una organización desde las bases

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En la década del 90´ surgían jóvenes dirigentes que sacudieron las estructuras sindicales burocráticas y formaron la Coordinadora Interseccional Ferroviaria desde las bases, donde todo se discutía y se votaba en asamblea. Organizaron 45 días de huelga, ininterrumpida, en 1991 y 37 días en 1992. Por Patricia Rodriguez para ANRed


Cuando asume Menem impone dos leyes, una era la Reforma del Estado que hizo votar en el Congreso, la cual significaba además de las privatizaciones, la desregulación de la economía, la flexibilización de las fábricas. Fue un ajuste salvaje que en el Estado representaba al mismo tiempo, la racionalización administrativa y la privatización del Estado. Eran planes viejos pero quien llegó a ejecutarlos fue Menem. A principio de los 90´ largó tres o cuatro decretos que eran bastante drásticos ya hacia fines del 89 hubo coletazos de la hiperinflación, también huelgas de colectiveros que fueron impulsadas por la burocracia, en septiembre del 89´. Contradictoriamente, Palacios y Fernández, dirigentes de la UTA habían sido promotores de la candidatura de Menem. Ellos hicieron las primeras huelgas de colectiveros contra Menem.

La Fraternidad tenía una trayectoria más democrática, si bien lo dirigía la burocracia con una estructura burocrática, la forma de elección era por candidato, no por lista. Eso permitía una renovación casi generacional. Democráticamente se produce un cambio generacional, integrado por compañeros jóvenes, fogueados durante la dictadura y el alfonsinismo. El activismo comienza a surgir fuerte, en un ambiente de espontaneísmo y de ruptura de la verticalidad de la burocracia.

Fundamentalmente en la zona de Temperley, Kilo 1 y Kilo 5 que afectaba la carga, porque ahí estaba la playa de maniobra, carga, Plaza Constitución, el diesel y el eléctrico de Temperley y Escalada. La seccional más poderosa era Escalada debido a que tenía la mayor cantidad de conductores. Para 1989 se inicia un proceso de acumulación de fuerzas, a través de los distintos paros contra Menem de las seccionales opositoras, no de la directiva. En ese marco aparece un dirigente con juego propio, Horacio Camino del Partido Intransigente. Pertenecía a la Comisión de Reclamo del Sarmiento. Si llamaba a un paro acataba toda la línea, pero era una línea opositora a La Fraternidad. Camino tenía una política ambivalente, pactaba por su cuenta y en ese contexto alentó el surgimiento de la desobediencia a la conducción. A mediados de los 90´, La Fraternidad larga varios paros en el Roca que se pierden y se terminan levantando. En el 91´ convocan nuevamente a un paro de 48hs, luego de 72 hs y van sumando activistas de otros sectores, pero el eje fueron los señaleros y La Fraternidad. Los guardas del Sarmiento, Victoria, Tafí, un sector de Haedo adhieren. La burocracia logró quebrar el paro y la huelga fue muy rápida, no hubo un precalentamiento que hiciera que se sumaran otros sectores. Ese fue el estilo de La Fraternidad de que si para uno paran todos, porque a veces no estaban dadas las condiciones.

Por otro lado, en los decretos de Menem se atacaba a los jefes nucleados en APDFA que incluía a Técnicos, Ingenieros, Contadores, Arquitectos, todos diseminados en varios puntos del ferrocarril. Cada taller tenía personal de dirección, cada depósito, cada almacén y toda la súper estructura de Plaza, Vía y Obra, Tráfico Administrativo, es decir, toda la súper-estructura del ferrocarril. Alrededor de 10 000 personas tenían cargo jerárquico y el núcleo estaba en las oficinas del central, lo que llamábamos FA. El menemismo desmanteló al personal de dirección caracterizando que allí se encontraba un foco de resistencia a los cambios, porque ellos querían un ferrocarril centralizado y estatal. Menem plantea el pase a disponibilidad de muchos jefes que fueron trasladados en forma arbitraria. Los Ingenieros electrónicos de Llavallol pasaron a ser Inspectores de la DGI, un aparato que priorizaba Menem. Se resistían, porque querían al ferrocarril, por un problema de profesionalismo. Si bien había un personal corrupto, sobre todo en Gerencia por la estrecha ligazón entre el gobierno, la cúpula del ferrocarril y las empresas del Estado y las privadas. En realidad, la corrupción viene por parte de la empresa privada, en ese momento, las empresas ligadas al ferrocarril que eran Fiat – Materfer y Techint, es decir la patria contratista. Fiat- Materfer llegó a tener personal del ferrocarril como miembros del Consejo Administrativo, ellos eran parte de Materfer.

Entonces, frente a esos decretos que preanunciaban la privatización que tenía por objetivo, primero debilitar al ferrocarril y después desmantelarlo, se convoca, en Retiro a una reunión de los dirigentes seccionales y de los activistas para enfrentar eso. Concurren varios miembros de las distintas ejecutivas, también seccionales de APDFA. Empiezan a surgir activistas, compañeros de La Fraternidad. Entre ellos figura Caminos que era lo más organizado de la oposición a la burocracia y a la política del gobierno. También seccionales opositoras de Señaleros, de la UF. En ese marco surgió la Coordinadora Interseccional Ferroviaria que llegó a nuclear a 30 seccionales, entre Señaleros, APDFA, UF y La Fraternidad. Hubo acciones en las que coincidimos antes de que se formara la Coordinadora. Junto con Camino se hizo un corte en frente a Obras Públicas, actualmente funciona el Ministerio de Bienestar Social, en la 9 de julio. Después se empiezan a dar reuniones amplias, se impulsa una movilización a Plaza de Mayo. La política del menemismo en las cúpulas sindicales se divide. La política de Pedraza luego de algunas dudas se pasa con todo, al apoyo privatizador de Menem y los directivos de La Fraternidad, APDFA y Señaleros resisten de manera burocrática. Ellos hacen campaña de difusión en contra de la privatización. Ahí está Vecchi, dirigente de APDFA, Peña, Marcoch y Cabral (dirigente del MAS) por Señaleros. En el Roca estaba Beicca, dirigente de la principal seccional del Roca que abarcaba desde Constitución hasta Llavallol. Rosales en el Sarmiento. Lanuti señalero del Sarmiento y en La Fraternidad estaba Jaime que aparecía como algo nuevo, después terminó siendo el gran rompehuelgas del 91´, permeable a la posición de la oposición. Se organiza la marcha a Plaza de Mayo, en contra de la privatización, junto con otros gremios.

Simultáneamente, las cúpulas opositoras llaman a otra marcha para dividir, pero primó la posición de muchos compañeros que pedían la unificación con la fecha que ponían ellos. La idea era llenar el acto de gente para aprovechar la oportunidad y obligarlos a un compromiso. Convocó De´Gennaro por ATE, pero no logró encabezar. Sí encabezó la Coordinadora y el que habló fue Varela de APDFA. Fue una marcha de 15 000 personas.

Los trenes de la resistencia

Otras actividades que se llevaron a cabo fueron los trenes de la resistencia, a principios de los 90´. Dentro de la estructura ferroviaria funcionaban los diesel y los eléctricos en la zona local. En los ferrocarriles de Moreno, Once, Roca funcionaban los trenes de media distancia que unificaban a la provincia de Buenos Aires como los que iban a Mar del Plata, Bahía Blanca, Bolívar. Eran muy usados, porque el servicio era bueno y económico. Los ferrocarriles llegaban hasta Posadas, Córdoba, Tucumán y la carga era una parte sustancial. El proyecto era concesionar la parte metropolitana, cerrar la media distancia y entregar la carga a empresas privadas.

Esto ocasionó una pueblada en 25 de mayo para defender el servicio ferroviario. A mí me tocó ir a San Antonio Oeste, donde se hacía el Congreso Patagónico Intersindical, convocado por el sindicato minero de Sierra Grande que jugó un papel importante en una huelga de aquella época. Dicho sindicato convocó al Congreso a distintas corrientes opositoras a la UOCRA, en Neuquén. Participé en el Congreso y en San Antonio Oeste, un pueblo con mucho peso ferroviario, el tren que se dirigía rumbo a Bariloche se detiene para reiniciar la marcha, luego en ese lugar hicimos un acto junto a La Fraternidad, en contra de la privatización y los pasajeros aplaudían, es decir había un espacio de resistencia en la gente. Acá se organizó el tren de la resistencia, pero el radicalismo se asusta. Nosotros llegamos a tener una entrevista con Jaroslavsky, hombre importante del alfonsinismo y le planteamos si estaban dispuestos a hacer algo con nosotros. Ellos no querían puebladas, pero nos permitieron hacer actos en defensa del ferrocarril. Se logró cierta unidad de acción con sectores del radicalismo. El tren de la resistencia paraba en las estaciones y se hacia el acto con la gente del pueblo y los ferroviarios. Participé en uno de esos trenes que terminó el recorrido a las 3 hs de la madrugada, en Bolívar. Tres mil personas nos estaban esperando. Un dirigente de La Fraternidad y yo hicimos uso de la palabra. Los trenes de la resistencia, también se dieron en el Sarmiento. Después hubo una negociación por arriba entre el menemismo y el radicalismo en la que pactaron reducir el cronograma, pero mantener la media distancia, los trenes que iban a Bahía Blanca, Mar del Plata, Bolívar.

En definitiva, ese proceso terminó por un lado por el Ubaldinismo que convocó el 21 de marzo a una gran concentración de estatales. Nosotros dirigimos la movilización que se hizo junto a la burocracia sindical. El actor indiscutido fue Ubaldini y su aparato que terminó echando un baldazo de agua fría a través de su discurso, porque después vino la corriente privatizadora. Por el otro lado, dentro de la coordinadora, Caminos que comienza a desandar el camino, con un política que pegaba por izquierda, acelerando los paros por tiempo indeterminado y eso sólo La Fraternidad lo podía hacer y hasta por ahí nomas. De hecho rompió la Coordinadora que dejó de existir
Finalmente, la huelga telefónica se pierde y empieza la privatización de los sectores menos resistentes. Paralelamente, La Fraternidad seguía un proceso de acumulación, se ganaban seccionales, pero también se desarticulaba la Coordinadora para el conjunto de los gremios ferroviarios. De esa época data la frase de Menem:”Ramal que para, ramal que cierra”. La primera medida que toma es el traslado del personal. El taller, difícilmente defendía al jefe. Nosotros frenamos algunos traslados. En febrero del 91´ arranca la huelga de La Fraternidad, la segunda huelga grande es de febrero del 92.
Germán Kallsen
(exmiembro de la Unión Ferroviaria)

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El genocidio encubierto

Mi nombre es Gabriela Marcela Caputi, hoy soy docente, pero en el año 1984 ingresé en el ferrocarril como tanta gente, después de la dictadura. Para mediados de 1984 entré a trabajar en Plaza Constitución, primero en el área de Mantenimiento y después en el Centro de Cómputos. Al poco tiempo de incorporarme al ferrocarril fui elegida delegada sindical. Durante toda la mitad de la década del 80´ hasta enero del 90´ participé en las luchas ferroviarias junto a compañeros de distintas agrupaciones, partidos políticos. Coordinábamos la lucha entre los trabajadores de la UF, La Fraternidad, Señaleros, APEDEFA. Teníamos compañeros en todas las aéreas. En enero de 1990 se inicia el proceso de privatización y comienzan a llegar los telegramas de despidos, pero antes de eso pasamos por muchas cosas, porque a finales del 89´ cuando asumió Menem aceleró el proceso de las privatizaciones. Entonces comienzan los métodos represivos hacia todos los luchadores, no sólo del ferrocarril, sino de todas las empresas estatales, pero fundamentalmente apuntaron contra los ferroviarios, porque, sobretodo en el Roca, la lucha era muy importante era como el corazón de la lucha de los ferrocarriles.
Más allá de la patronal, los que cumplieron un papel fundamental en la represión y despido de compañeros fue la conducción de la UF, con Pedraza a la cabeza. Ellos fueron los que marcaron a todos los huelguistas que debían ser echados de la empresa. Los primeros cuatrocientos telegramas que llegaron fueron los nuestros, de los delegados sindicales. Recuerdo en una oportunidad, cuando fuimos a reclamar a la UF, después de los primeros telegramas, Pedraza nos dijo que nos olvidemos de ingresar al ferrocarril, que nunca más iba a ocurrir eso. Fue una actitud deplorable, porque de la patronal uno puede esperarlo, pero no de nuestro sindicato. De tal manera que luchábamos doblemente, por un lado contra la patronal y por otro contra la UF que fueron cómplices y responsables de las privatizaciones en el ferrocarril.
Antes de que llegaran los primeros telegramas hicimos un acompañamiento a los trabajadores de La Fraternidad. Mi primer compañero era fraternal, hoy lamentablemente fallecido, producto del menemato. Nosotros, que apoyamos la lucha de los fraternales, terminamos detenidos, procesados penalmente y laboralmente. Perdimos nuestros trabajos y nos quedamos en la calle. A partir de ese momento empieza la lucha que se continúa en el 91´y en el 92´. Luego terminaron despidiendo al resto de los compañeros ferroviarios.
Sin embargo, lo que debo rescatar de esa segunda mitad de los 80´, inicios de los 90´ es que no les fue tan fácil ganar, hubo una tenaz resistencia de los trabajadores. Es verdad que el costo fue muy grande, porque aún hoy estamos pagando las consecuencias de haber echado a tantos compañeros. Muchos pudieron estudiar y tener un trabajo fijo, pero hubo miles de compañeros que nunca más se pudieron insertar en el mundo laboral como le paso a mi primer compañero. Quedaron escrachados, marcados. Nunca pudieron conseguir un trabajo digno, por lo tanto, los mataron en vida y esto realmente fue un genocidio encubierto, un genocidio al fin.
Nosotros, los que ya habíamos sido despedidos del ferrocarril continuamos la lucha y en los primeros meses del 90´ participamos de los trenes de la resistencia. Hacíamos viajes en tren hacia pueblos de la provincia. Bajábamos en las estaciones, hablamos con la gente, los incentivábamos a no abandonar la lucha. Hoy esos pueblos sin ferrocarril desaparecieron de la vida productiva, no tienen transporte público, no existen, son fantasmas. Recuerdo que en uno de los viajes, al llegar a Bahía Blanca, la gente nos esperaba con bolsones de comida. Nosotros no teníamos un centavo, estábamos sin trabajo. Las esposas de los compañeros ferroviarios que habían sido echados, como podían juntaban dinero y organizaban ollas populares para recibirnos. Todo fue una muestra de solidaridad de la clase.
Gabriela Marcela Caputi (exdelegada de la UF)



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