25/05/2015

Las paritarias entre rejas: el techo de Cristina

11246479_1583080101943165_2289993837875582267_n.jpgEl 4 de mayo comenzó -y se mantiene aún- la huelga de los trabajadores aceiteros, quienes reclaman un salario mínimo no inferior a $14.300. El historiador Leónidas Noni Ceruti parte de esta lucha para dar cuenta del papel del gobierno nacional en estas paritarias. Asimismo, narra lo sucedido en el Rodrigazo y el papel fundamental de la lucha obrera en aquellos años bajo la consigna “No a la No Homologación de los convenios colectivos”, entre otras. Por Léonidas Ceruti.

1.-¿PARITARIAS LIBRES?

Desde hace años, los gobiernos de Néstor y Cristina se golpeaban el pecho y gritaban a los cuatro vientos que sus administraciones progresistas garantizaban paritarias libres, sin topes, ni techo.

Mentiras, y mentiras, (como tantas cosas de esos gobiernos), ya que año tras año, pusieron topes y las presiones a las aspiraciones de los gremialistas en el Ministerio de Trabajo fueron constantes. Algunas sugeridas, otras abiertas. Unos años más fuertes, en otros firmando las primeras paritarias en la Casa de Gobierno, para demostrar a los otros gremios cuál era el ejemplo a imitar.

Pero siempre declarando que impulsaban “paritarias libres y sin topes”. Los ejemplos son muchos.

Durante estos años, fueron numerosos los sindicalistas que comentan los aprietes del Ministro Tomada, y sus huestes. En voz baja lo hacían algunos, otros lo denunciaban.

Así y todo varios gremios rompieron el techo que imponían Nestor, Cristina y Tomada.

“El sistema no te premia”, dice el dicho popular. Y así fueron tomando nota de los gremios rebeldes.

Pero en estas paritarias del 2015 se sacaron la careta, y se les vio públicamente las caras, de defender al capital, a los empresarios y su rentabilidad.

Desde hace unas semanas con las paritarias trabadas y un nuevo paro por 24 horas lanzado por los gremios del transporte, que ya se convirtió en otra huelga general para el mes de junio, CFK subió la apuesta y, por cadena nacional, escrachó a los dirigentes sindicales sobre los pedidos solicitados en paritarias, y les dijo “¿En qué mundo viven?”

Despues, le ordenó a su Ministro de Economía, Axel Kicillof, que techara las paritarias. “Axel es mi mano derecha, mi mejor asesor y asistente pero las decisiones las tomo yo”, dijo en su discurso del 20 de mayo. Y agregó “Muchas veces les hacen el juego a los que les terminan pisando la cabeza”.

El obediente Axel, primero, en sintonía con sus ordenes, avaló los acuerdos firmados “sin un 3 adelante”, es decir, por debajo del 30%. Luego, bajó el “techo” al 25%, sin sumas fijas. Más tarde, propuso un 26% en una sola cuota, que duró un fin de semana por el rechazo empresarial. Finalmente, terminó ofreciendo el 27% en dos cuotas durante un almuerzo que compartió con una comitiva de cuatro dirigentes K (Antonio Caló, Armando Cavalieri, Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez).

Se desesperaban para que los gremios firmaran en esos números, cuanto antes, y lo lograron al destrabar las paritarias de cinco gremios: los que firmarán los convenios son la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS), la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y el Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH).

Burócratas traidores, como en los 90, entregaron el salario de los trabajadores, para que siga creciendo la rentabilidad empresarial

Y el colmo de su hipocresía y su sinceridad bruta llegó cuando desde el Ministerio de Trabajo se manifestó que no avalaría un acuerdo entre los aceiteros y los empresarios.

Y fue entonces que dichos trabajadores denunciaron y comunicaron que “En la audiencia realizada a partir de las 14 horas del día de hoy (22 de mayo) en la sede del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, entre la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines, y las cámaras patronales del sector, se había alcanzado un acuerdo de aumento salarial que llevaría el salario inicial a $14.300 en un solo tramo, que entre básico y adicionales implica un aumento del 36%”.

“Sin embargo, las empresas condicionaron el acuerdo a un aval del Ministro de Trabajo que, consultado en ese momento, manifestó que no se aprobaría un convenio de esas características”.

“Por tal motivo, hoy la huelga continúa, pero ya no solo contra las patronales, sino también para que el Ministerio de Trabajo destrabe el acuerdo y garantice la vigencia de paritarias libres”.

“Deslindamos toda responsabilidad por las consecuencias de las medidas de fuerza en curso en tanto se ha demostrado que obedecen a la irracionalidad de las empresas y a la actitud regresiva del gobierno nacional. Reiteramos que los aumentos salariales no generan la inflación, y mucho menos en esta actividad en la que la incidencia de los salarios en la facturación de las empresas es ínfima (entre 0,5% y 1,8%)”.

“Fuimos acusados de intransigentes durante la negociación, que lleva casi dos meses ya que el acuerdo vigente venció el 31 de marzo, pero está demostrado que la irresponsabilidad está del lado de la patronal y del Estado”.

“Los trabajadores han dado sobradas pruebas a lo largo de ya 18 días de Huelga Nacional Aceitera de su convicción en la lucha por un salario digno y esta nueva provocación sólo redundará en la profundización de las legítimas medidas de acción directa, única herramienta que tenemos los obreros para enfrentar al poder económico, en este caso, fortalecido por el aval gubernamental”.

“Comisión Directiva Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina”.

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2.-RESISTENCIA Y LUCHA POR EL SALARIO

Los trabajadores se organizaron en sindicatos, primeramente para que el proletariado resista, para que dinero-mercancía se pague por más dinero.
Por supuesto que la mercancía es fuerza de trabajo.

Pero para entender mejor esto, ¿cómo resiste el proletariado? Resiste igual que el tendero, porque regatea con su mercancía: como libre vendedor de su fuerza de trabajo que lleva a la venta su mercancía exige más dinero por la misma; en el caso que se lo nieguen, no vende y hace huelga.

En el largo camino de resistencia, los libres vendedores de fuerza de trabajo fueron necesitando de una organización externa a las fábricas, como fueron los sindicatos.
¿Quién organiza a los obreros dentro de la fábrica? Los patrones, los empresarios, el capital.

¿Dónde y cómo se organizan los trabajadores? En los gremios, en las asambleas, en los cuerpos de delegados, en la lucha.

Estar dentro o fuera de las fábricas no consiste simplemente en un hecho geográfico, porque fuera están los libres vendedores de fuerza de trabajo y dentro están los obreros desposeídos de su fuerza de trabajo.

Dentro de las fábricas, la fuerza de trabajo es posesión del capital y el salario se ha convertido en capital variable. El vendedor de fuerza de trabajo está siendo desplazado por el desposeído, en la que el libre ciudadano (en el plano del intercambio) está siendo reemplazado por el esclavo asalariado en el plano de la producción.

La organización sindical, organización de los libres vendedores de fuerza de trabajo, no se proponía (por lo menos en su surgimiento) más que el papel de resistencia a la explotación capitalista, ya fuere en lo concerniente a las condiciones de trabajo como al plano salarial. Y la organización sindical por rama de la producción pasó a ser estimulada por la propia burguesía, que necesitaba planificar la producción (y por ende necesitaba planificar el precio de la mercancía fuerza de trabajo).

Surgieron así los contratos colectivos de trabajo, que inclusive fueron incorporados por la legislación del Estado burgués y pasaron a ser la forma más difundida del contrato de trabajo.

Los contratados ya no eran los obreros individuales, sino el conjunto de los obreros en cada rama de la producción. Es decir, se constituía el monopolio de los propietarios de la mercancía fuerza de trabajo, en oposición a los intentos de monopolización de la fuerza de trabajo por parte de la burguesía.

Esto era expresión también de que se terminaba la etapa de libre cambio entre los propios obreros y era equivalente, en lo atinente a la venta de la fuerza de trabajo, de lo que es la expansión capitalista en la fase de los monopolios.

El contrato colectivo de trabajo, por ley, no es ley para el conjunto, pero sí es ley para las partes.

El Estado se limita al papel de “guardián” para que lo acordado entre las partes se cumpla. O sea que hay una injerencia del Estado, que si bien no toma parte en la libre contratación, sí vela por su cumplimiento. Pero en realidad, ¿qué es lo que se está haciendo al firmar el convenio colectivo de trabajo? Se está planificando la venta de la fuerza de trabajo a tiempo fijo por rama de la producción.

Con las paritarias, como órgano de discusión, se continuó afirmando los convenios colectivos, conteniendo la posibilidad de que en caso de desacuerdo entre las partes arbitrase el Estado.

El Estado aparece así reglando “por encima” de las clases (claro está, de las clases “compradora” y vendedora”).

Esto evidencia una contradicción mayor entre el proletariado y la burguesía (que ya no podían ponerse de acuerdo) aunque más no sea en la esfera del intercambio.
Por eso, el guardián del “interés general” (el Estado burgués) debió comenzar a intervenir, decidiendo lo que las partes no podían conciliar.

La contradicción entre “compradores” y “vendedores” (donde las partes aparecen como iguales ante la ley) se expresa primero en la esfera del intercambio, pero termina por introducirse en la esfera de la producción: el valor de cambio de la fuerza de trabajo (vía convenios colectivos y paritarias) progresivamente se transformó en una limitación al uso capitalista indiscriminado de la fuerza de trabajo.

Así, “los vendedores” le fueron arrancando a la burguesía una serie de derechos laborales bajo la forma de derechos especiales de los trabajadores, lo que significaba una profundización del reconocimiento de que el obrero es un ser humano. Esto no representaba otra cosa que la tan mentada “humanización” del capitalismo.

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3.-EL EJEMPLO DEL RODRIGAZO JUNIO-JULIO 1975

Y relacionando esto con las luchas de la clase obrera de nuestro país de junio-julio de 1975, las repuestas al plan económico de Isabelita-Rodrigo.

¿Por qué se desató el conflicto? ¿Qué tipo de respuesta tuvo la clase obrera ante la No Homologación por parte del gobierno nacional, de los aumentos salariales acordados en paritarias? ¿Qué expresó la lucha en esas jornadas?

En los primeros meses de 1975, ante el deterioro del salario tras la trepada de los precios, creció la preocupación entre los trabajadores. Debían reunirse las Comisiones Paritarias, congeladas desde 1973. La convocatoria no estipulaba topes.

En marzo, el Ministerio de Economía concedió un aumento de emergencia de 400 pesos mensuales y devaluó la moneda en un 50%.

Comenzaron los contactos entre los gremios, debatiéndose cómo organizarse, y encarar la lucha por las paritarias. “Es indudable que la carestía crece día a día y, por lo tanto, es lógico que los trabajadores tengan expectativas sobre la posibilidad de conseguir importantes reivindicaciones. Por eso los trabajadores tratan de conseguir en las paritarias partes de esas reivindicaciones postergadas. El proceso de discusión debe venir desde abajo, impulsado por los delegados y activistas de cada sección y luego a través de las asambleas de cada lugar de trabajo y gremio.”

En la zona norte del Gran Rosario, luego de varias asambleas en las plantas industriales, fue tomando fuerza la idea de la coordinación de las luchas. “Los trabajadores de la zona tienen reivindicaciones similares. Los distintos gremios ya han intentado constituir un organismo que los nuclee. Esta ausencia ha permitido que las patronales, que sí actúan apoyándose mutuamente, derrotaran algunas luchas de gremios que se desarrollaron en forma aislada. Las experiencias vividas no pueden caer en el vacío. No queremos la desunión actual del movimiento obrero que se manifiesta en todo el país, y creemos que hay que concretar la unidad de los trabajadores sobre la base de una práctica verdaderamente democrática.”

La inquietud fue en aumento, principalmente en Córdoba, Rosario y Buenos Aires.

En mayo, la CGT nacional logró un arreglo con el gobierno: habría un aumento masivo y uniforme del 38%. El Ministro de Economía, Gómez Morales, manifestó su desacuerdo y renunció antes de que se firmaran los acuerdos de las paritarias.

El 2 de junio de 1975, asumió Celestino Rodrigo, con un plan económico con una política de “shock” para desacelerar la inflación y favorecer la inversión mediante el aumento de la rentabilidad. Se trataba de lograr una contracción del salario real y un aumento de las tarifas tanto de los servicios públicos como de los combustibles.

La devaluación impuesta, beneficiaba a los exportadores de cereales, a los ganaderos y tendía a la concentración del gran capital industrial. La mejora para los productos cárneos fue del 60% y el tipo de cambio neto para los cereales implicó un incremento del 184 al 239%.

Se puso de manifiesto un intento serio de planificación distributiva contra la clase obrera. Tras los primeros aumentos de precios, desde el Ministerio de Economía, se ofertó un incremento salarial del 45% que no tuvo eco.

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4.-LA NO HOMOLOGACIÓN Y LAS MOVILIZACIONES

El 14 de junio, se reanudaron las paritarias. Los aumentos logrados en las mismas oscilaron desde el 80% hasta el 200%. De homologarse lo conseguido en las paritarias se daría por tierra con el Plan Rodrigo.

El estado deliberativo aumentó y crecieron las movilizaciones. Los titulares de los diarios anunciaron un plenario de la CGT, una marcha de diez mil obreros de la Ford de Pacheco, y clima de agitación en los establecimientos industriales.

No fueron homologados los convenios logrados en varios gremios, como los de la UOCRA, UOM, Unión Obrera Textil, Seguros, Empleados de Comercio. Sobre la última semana de junio, el Gobierno informó que finalizaba el plazo para las paritarias.

En Rosario, los afiliados de UPCN se concentraron en la Plaza 25 de Mayo para rechazar las paritarias del sector; se sucedieron paros de los choferes de colectivos urbanos, docentes y empleados de comercio.

En el plano nacional, a raíz del estado de movilización de los trabajadores, el viernes 27 de junio, se realizó un paro general con una gran concentración en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, y las 62 Organizaciones, para obtener definiciones del Gobierno sobre las paritarias. Hubo gestiones ante una posible derogación de las Convenciones Colectivas del Trabajo.

Al día siguiente, la Presidenta Isabel Perón contestó y dio a conocer su determinación: la anulación de las paritarias y el otorgamiento de un aumento general del 50 % y de un 15 % más en octubre y enero de 1976.

Los reclamos se intensificaron en todo el país.

La anulación del contrato equivale a la anulación del derecho, al quitar a los trabajadores, su condición de libres vendedores de su mercancía (la fuerza de trabajo), base de su igualdad y libertad en el plano jurídico.

Pero, frente a la voluntad de anulación del contrato por el Ejecutivo Nacional, se levantó la voluntad política de la clase obrera que con sus movilizaciones le dijo “No a la No Homologación de los convenios colectivos”.

Las protestas y el descontento, obligó a la CGT a llamar a un paro de 48 hs.
En la Zona Norte del Gran Rosario, el estado deliberativo entre los activistas, los miembros de comisiones internas y las conducciones sindicales aumentó, con reuniones e intercambio de opiniones sobre las medidas a tomar. Lo sucedido fue narrado por Juan Dowling, un ex obrero petroquímico: “En PASA se convocó inmediatamente a una asamblea de fábrica. Nos reunimos en el galpón de mantenimiento los obreros del turno, dejando pequeñas guardias. Fue una asamblea con pocas palabras. “Tenemos que sacar la lucha fuera de la fábrica. A la empresa ya la pusimos contra la pared, ahora hay que doblegar la política del gobierno”. Los discursos eran encendidos, impactantes, aclamados. Tenemos que movilizarnos conjuntamente a los otros obreros de la zona. Marchemos hacia Rosario, tratando de levantar las otras fábricas”. La consigna fue “Acabar con la medida decretada, respetar los acuerdos firmados”.

Luego comenzó la marcha hacia Rosario, tomando contacto con cada una de las fábricas. Desde los aceiteros de San Lorenzo hasta los textiles en Arroyito se fueron sumando a la caravana. “En el centro de Rosario nos encontramos con contingentes de obreros de la ciudad y de Villa Constitución. Cantando nuestras consignas nos apoderamos del centro de la ciudad. Finalmente nos concentramos frente a la CGT”.

Las crónicas periodísticas destacaron la movilización interfabril: “Un numeroso grupo de obreros procedente de la zona industrial comprendida entre Puerto San Martín y Granadero Baigorria recorrió en la tarde de ayer el centro de nuestra ciudad. Según lo manifestado, se trataba de trabajadores petroquímicos, químicos, ceramistas, del tractor, mecánicos, jaboneros y también textiles. La manifestación tenía como objetivo pedir por la plena vigencia de la Ley 14.250, la homologación de los convenios de trabajo ya concertados y la libre discusión de los restantes”.

Se sumaron los metalúrgicos de Rosario y Villa Constitución, bancarios, docentes en una columna que supero las tres mil personas.

Al día siguiente se produjo otra manifestación abarcando más de cinco cuadras. El panorama gremial de Rosario y la zona industrial mostraba a los metalúrgicos en huelga, como así tambien en las grandes fábricas de San Lorenzo, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez, y Puerto San Martín, docentes y los empleados judiciales.

Durante varios días, los obreros reclamaron con masivas manifestaciones la libre discusión de los convenios en el marco de la Ley 14.250 y la homologación de los ya pactados.

Ante las movilizaciones en todo el país, la CGT Nacional decidió realizar un paro por 48 hs, a partir del día 7 de julio.

La paralización fue total. Mientras tanto, desde el gobierno y la burocracia sindical se intentaba negociar y, cuando se estaba cumpliendo el segundo día del cese de actividades, el Gobierno cedió: los acuerdos logrados en Paritarias fueron homologados.

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5.-¿QUE HABÍA SUCEDIDO?

Durante esos días el Estado no homologó lo acordado entre los compradores y los vendedores, el Estado “reguló por encima de las partes, por sobre las clases”.
Los obreros reaccionaron como ciudadanos “libres vendedores de su fuerza”, ante una medida política del gobierno.

La lucha fue de lo económico a lo político, se enfrentó la disposición política de “regular por encima de las partes, por sobre las clases”. Se pasó de la discusión en paritarias, de los acuerdos entre “las partes” no sin conflictos y amenazas de huelgas, a enfrentar el decretazo de la presidente Isabelita.

Se produjeron grandes movilizaciones contra esa medida, en una lucha política contra el gobierno nacional, y surgieron nuevas formas organizativas de la clase obrera. Hubo dos paros generales, y durante el segundo Isabelita dio marcha atrás.
El resultado fue que se logró la Homologación de lo convenido en las distintas paritarias y las renuncias pedidas de los ministros Rodrigo y López Rega.

Durante esos días se logró un nexo activo y articulador entre los comités de fábricas, comisiones internas, delegados, algunas comisiones directivas con mandatos de asambleas y activistas gremiales, lo que dio lugar al surgimiento de las Coordinadora de Gremios.

Fueron el vínculo de los obreros entre sí, fue la conexión de los libre vendedores de su fuerza de trabajo fuera de las fábricas, que enfrentaron una medida arbitraria del gobierno, que laudaba sobre las partes, por encima de las clases.

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6.-RESISTENCIA, UNIDAD, SOLIDARIDAD Y LUCHA

La huelga histórica que están llevando los aceiteros de la Federación Aceitera, de más de 20 días, es un ejemplo de resistencia, unidad y decisión de defender sus salarios y reivindicaciones.

40 fábricas paradas, acampes en las puertas de la empresas, volanteadas, comunicados y la heroica jornada del 17 de mayo, con miles de aceiteros en las rutas con cortes y actos. Y fueron acompañados por muchos hermanos de clase de varios gremios y organizaciones sociales y políticas.

Y hoy viene bien aquella consigna de los obreros de la Zona Norte del Gran Rosario: “Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación.”

Y en un comunicado decían “Las gloriosas jornadas de julio (de 1975) muestran lo poderoso que somos cuando nos decidimos a luchar por nuestros intereses. La producción del país, en esos días, bajó considerablemente y cuando al gobierno se le ocurrió sacarnos lo que habíamos conseguido en la lucha, salimos a la calle y como un solo hombre expresamos nuestra bronca. Fuertemente unidos, junto al resto de la clase obrera, discutiendo y decidiendo en asambleas democráticas, sin delegar en otros lo que nosotros mismos debemos resolver”¦”


RECURRIENDO A LA HISTORIA

Durante la histórica huelga en la empresa Refineria en 1901, en Rosario, donde fuera asesinado el primer obrero argentino, Cosme Budislavich, el periodista y dramaturgo Florencio Sánchez, quien apoyaba los reclamos y había concurrido a las reuniones obreras, redactó la siguiente proclama:

“¡A los huelguistas obreros y obreros de la Refinería!: El trabajo rudo y penoso al cual estamos sometidos, los dolores, las miserias y las prepotencias de los patrones nos han obligado a cruzar los brazos.

Cansados de vernos engañados y mistificados por unos cuantos holgazanes de levita que en un día de farra gastan el producto que todos los obreros hacemos en varios meses, debemos mostrarnos dignos de ser hombres, defendiendo con energía nuestros derechos hasta que tengamos completa satisfacción de lo que pedimos.
“¡Obreras y obreros! En todas partes del mundo nuestros compañeros luchan por su bienestar en contra de los usureros de todos los países, demostrando que los explotados no están dispuestos a ceder.

La época de los carneros que se dejaban esquilar ha desaparecido.

Los patrones tienen esbirros que guardan las riquezas por nosotros producidas; tienen todo lo necesario para resistir: nosotros tenemos nuestros brazos y nuestra voluntad inquebrantable para defendernos y triunfar.

Y cuando crean aplastarnos por el hambre, acordemos que el pan y la libertad no se piden, se toman.

“¡Obreras y obreros! Para ayudar la huelga, los compañeros de La República vendrán en nuestro auxilio.

¡Soldados! Acordaos que sois hijos del pueblo, que tenéis un machete para castigar a los obreros en huelga, mañana, cuando os echen de los cuarteles y tengáis que recurrir a las fábricas para ganar un miserable mendrugo, vuestros hijos vestirán el uniforme de esclavos y harán con vosotros lo que hoy hacéis con nosotros.
Todos somos explotados y por consiguiente debemos unirnos para combatir el capital.

¡Viva la solidaridad obrera! ¡Viva la huelga!” (19/10/1901).



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