26/04/2015

El segundo fusilamiento de Federico García Lorca

Era policía en 1936 y visitó al poeta cuando estaba detenido, un día antes de su fusilamiento. Contó después que le lió un cigarrillo para que fumara. Casi 30 años después, ya como inspector jefe al frente de la Brigada de Investigación social de Granada, Julián Fernández-Amigo redactó el informe -hasta hace unos días secreto- donde el franquismo reconoce “el crimen político” y tacha de masón, socialista y homosexual al autor de ‘Romancero gitano’. Por el Mundo.es

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“Yo entré y él estaba sentado allí, en una especie de pequeño despacho, detrás de la mesa. Al verme se asustó e hizo ademán de levantarse. Pero al darse cuenta de que era yo, se quedó más tranquilo (era muy amigo de mi primo), y yo también me senté por el otro lado de la mesa. Estuve allí como un cuarto de hora con él. La habitación era pequeña y sólo recuerdo que tuviera una mesa de esas antiguas de escritorio con dos cajones, un sillón en la parte de dentro en donde él estaba sentado y, por la parte de fuera, dos sillas corrientes…”. Palabra de policía.

Agosto de 1936. Federico García Lorca, el poeta universal, ha sido detenido en su propia tierra, Granada, a donde huyó desde Madrid buscando seguridad al poco de estallar la Guerra Civil. Ni la casa de sus amigos Rosales, viejos falangistas, fue refugio. De aquel domicilio, “rodeado por milicias y guardias de asalto que tomaron todas las bocacalles y tejados próximos”, Lorca salió para nunca volver. Por eso lo ocurrido aquella tarde, en un cuarto del Gobierno Civil, cobra especial significancia ahora que salen a la luz documentos de 1965 con las razones del franquismo para acabar con la vida del poeta. El crimen fue en Granada. “Un asesinato político”

, remarca a El Mundo Laura García Lorca, sobrina del autor del Romancero Gitano.

El autor del informe del 65 hasta el 23/04 secreto lo sabía todo, pero en su texto, de dos folios imprecisos bajo el encabezamiento “Asunto: Antecedentes del poeta Federico García Lorca”, apenas roza la verdad. Le llama masón (“perteneciente a la logia Alhambra, en la que adoptó el nombre simbólico de Homero, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma”), cosa que es falsa, y llena dos páginas de los peores calificativos en aquella España de la dictatura: “Estaba conceptuado como socialista por la tendencia de sus manifestaciones…”, “estaba tildado de prácticas de homosexualismo [sic], aberración que llegó a ser vox populi…”. De alguna forma, con esos tres disparos (masón, socialista y homosexual) aquella intolerante España de Franco vuelve a fusilar al autor de Poeta en Nueva York. Esta vez es una muerte civil.

La muerte del poeta

No es fácil, al no llevar firma ni sello, identificar tras las gruesas palabras a Julián Fernández-Amigo Muñoz, pero él era en 1965 el inspector jefe de primera de la Brigada de investigación Social de Granada, a la que el gobernador pidió la elaboración de un informe sobre “la muerte del poeta”. Y como tal el responsable último, y más que probable redactor, del texto. “O lo hizo él, o lo mandó hacer y lo supervisó”, afirma sin titubeo Miguel Caballero, autor de ‘Las trece últimas horas en la vida de García Lorca’ e investigador lorquiano que ha puesto nombre y rostro a los seis integrantes del pelotón de fusilamiento del poeta.

Fernández-Amigo es el mismo policía raso que en 1936 quiso entrar a ver al poeta cuando ya estaba detenido, pocas horas antes de su fusilamiento. “Al verme a mí sacar un cigarro, me dijo que le diera uno. Fui a dárselo, pero tuve que liárselo yo mismo, se lo encendí y le dejé el paquete allí”, contaría década después al autor del libro ‘Los últimos días de García Lorca’, Eduardo Molina Fajardo. La profusión de datos que aportó en aquella entrevista nada tiene que ver con su informe de 1965. En ese documento, Fernández-Amigo es más impreciso (dice que su detención “se efectuó en los últimos días de julio o primeros de agosto de 1936”), el encuentro con Lorca tiene una fecha cierta: el 16 de agosto de 1936. A la madrugada siguiente fue fusilado.

Los documentos que ahora salen a la luz ya no recogen lo que Fernández-Amigo decía jubilado: que si un cigarrillo, que si “se quedó más tranquilo al ver que era yo” cuando le visitó en el Gobierno Civil. Los nuevos documentos secretos muestran en realidad cómo el franquismo, valiéndose del policía ascendido a inspector jefe de primera y que durante años ha sido secretario personal del gobernador civil , elaboró en 1965, casi 30 años después de su asesinato, un documento oficial lleno de insidias y medias verdades sobre lo ocurrido. El valor, no obstante, es que por primera vez hay un reconocimiento oficial de “un crimen político”, dice Laura García Lorca, sobrina del poeta.

Extraño origen

El informe (nota informativa realmente, de menor rango), fruto de una petición del embajador español en París atendiendo a la escritora Marcelle Anclair que quería elaborar una biografía del poeta, aporta información imprecisa de lo ocurrido para contribuir a mayor confusión. De la detención de Federico, ocurrida el 16 de agosto de 1936, dice: “Se efectuó en los últimos días de julio o primeros de agosto de 1936.

Rafael Gil Bracero, alcalde socialista y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Granada, habló ayer a Efe en su condición de presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria de Granada. Él, más allá del valor que pudiera tener el documento como primer reconocimiento oficial del franquismo de su implicación en el asesinato del poeta, resta credibilidad al contenido de los dos folios, que se refieren a Fernando de los Ríos como Fernández de los Ríos y no precisa el lugar en el que fueron enterrados los restos del poeta granadino, “muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos dos kilómetros a la derecha de dicha Fuente Franda, en un lugar que se hace muy difícil de localizar”.

Hay más que indicios de que el texto pretende ocultar más que mostrar. La madre de Lorca se llamaba Vicenta, no María como se dice. No hay pruebas de que fuera masón. Se equivoca el nombre del gobernador civil en 1936, llamándolo Miguel Valdés Guzmán. Se sitúan imprecisamente los hechos, “en los últimos días de julio y los primeros de agosto” (Lorca fue detenido el 16 de agosto y ejecutado en el barranco de Víznar la madrugada del 17 de agosto, con el termómetro marcando 16 grados en una extraña noche de verano). El propio documento, en fin, admite que los datos recabados en 1965 son muy confusos. Con un “así se tiene entendido” se liquidan muchas frases. Es lo que el investigador lorquiano Miguel Caballero, que se ha preocupado de enumerar errores y cavilaciones del autor del informe, sostiene sin dudar. Al verse requeridos desde arriba, “se quitaron el muerto de encima”.

El individuo perfecto

El origen mismo del informe no deja de ser singular. Nace en París, fruto de una petición del embajador español en la capital francesa, Fernando María Castiella, que atendía, a su vez, a un requerimiento de la escritora Marcelle Anclair, interesada por aquel entonces en elaborar una biografía del poeta. “Excelentísimo señor don Camilo Alonso Vega. Ministro de la Gobernación”, la carta, que ayer también fue difundida por eldiario.es, continuaba en tono más coloquial: “Mi querido don Camilo, le recuerdo mi carta del 24 del pasado mayo, relativa al proyecto de la escritora Marcelle Auclair que quiere escribir una biografía del poeta Federico García Lorca. Mucho le agradecería me diera su opinión… Expuse también el asunto a nuestro compañero el ministro de Información y Turismo. Fraga opina que, en efecto, parece sumamente conveniente revisar la cuestión y averiguar si podemos o no abrir nuestros archivos sobre el episodio de García Lorca”. Hasta entonces, la versión sobre su muerte aparecía en el libro ‘Palabras del Caudillo’, referidas a los años 1937 y 1938: “En esos momentos primeros de la revolución en Granada, ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra”.

En 1965 incluso a los más recalcitrantes aquella versión de Franco les parecía poca. Y la petición nacida en París terminó llegando al Gobierno Civil de Granada. De ahí nació la nota informativa “Asunto: Antecedentes del poeta Federico García Lorca”. Un trabajo que ni al pelo para Julián Fernández-Amigo. En 1965 acababa de ser ascendido a inspector jefe de primera y estaba al frente de la Tercera brigada regional de investigación social” (años más tarde pasaría a llamarse brigada político social). Nacido en Granada en 1908, de padre dependiente natural de Almería y madre de Alfacar, ya era falangista desde 1935 y en el 36 fue habilitado por el gobernador civil como policía. En 1938 se fue a la guerra en los frentes del Ebro (alcanzó el grado de capitán de complemento) y vuelve ya terminada la contienda, en 1941, para retomar su condición de policía en Granada, donde finalmente se jubila (1973) con el grado de comisario de segunda en la comisaría del barrio de Zaidín. De su hoja de servicio quedó anotado también, según ha podido comprobar Miguel Caballero, que de 1948 a 1956 fue secretario particular del gobernador.

En 1995, sin duda, Fernández.Amigo era el hombre para contar/ocultar qué pasó con Lorca en 1936. Aquel al que lió un cigarrillo para que fumara. En el informe que ahora rompe el silencio del franquismo, ese que le encomendaron preparar en 1965, el policía ni siquiera se atreve a recoger lo que sí dijo años después cuando un periodista le preguntó por la muerte del poeta: “Yo creo que fue un acto de guerra… que fue incontrolado”. Hablaba sin pudor del fusilamiento de Lorca, el amigo, para más inri, “de mi primo Pepe”.

“Fue un crimen político”

Socialista, masón y homosexual. El orden de los acusaciones contra Lorca recogidas en el documento oficial de 1965 es lo que lleva a su sobrina, Laura García Lorca, a dar credibilidad al contenido. El franquismo, a la postre, sabía cuánta mentira recogía aquel certificado de defunción que decía que murió por hechos y heridas de guerra. Ahora la sobrina quiere darle relevancia a la nota informativa de la policía hasta ayer secreta: “Es el reconocimiento interno, oficial, de un crimen político. Nunca lo hicieron público”. Camino de la Huerta de San Vicente, Laura dice: “Por el orden que se citan los motivos del asesinato, sitúan los hechos bajo el paraguas del crimen político”. Añade que ha vuelto a vivir “un sentimiento de pérdida”. En 1965, el año del informe, “la familia podría estar disfrutando con él en la Huerta de San Vicente a la que voy… Pero lo mataron, y esos papeles dicen por qué”.



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