13/04/2015

Piden absolución de mujer, víctima de violencia de género

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Delia Moyano de 34 años es acusada en el juicio en curso por la muerte de su pareja, Jorge Cuello de 60 años quien le habría sometido a violencias de toda índole durante años. La fiscalía pidió condenar a cadena perpetua a Delia por homicidio agravado por el vínculo. La mujer en varias oportunidades realizó la denuncia policial ante las reiteradas golpizas y amenazas de muerte. La defensa pide su libertad, “Delia tiene que recuperar su libertad, no cometió ningún delito, ella vive en la miseria, aún hoy, el Estado debe ayudarla”. Los medios masivos de comunicación no tuvieron en cuenta el caso. El 15 de abril a las 12.30 hs. se leerá la sentencia del Tribunal Oral Criminal 1 del Departamento Judicial de Azul . Por Fernando Wilhelm


“Toda la gama de violencia de género, la psicológica, física, económica, simbólica, las vimos acá”, afirmó el defensor oficial Martín Marcelli en su vibrante alegato el viernes pasado, donde pidió la absolución de Delia Moyano de 34 años, acusada en el juicio en curso de la muerte de su pareja, Jorge Cuello, 60 años, albañil golpeador y alcohólico que durante 12 años la atormentó a diario y que falleciera el 27 de agosto de 2013 en el pueblo de Espigas, por la falta de atención de una herida de cuchillo de cocina, causada tres días atrás por la mujer en un forcejeo cuando se defendía de la agresión de quien ya la había amenazado con matarla. La noche del 24 de agosto el hombre la maltrató, le descargó la camionada de humillaciones verbales habituales en su repertorio, la quiso atar a una silla y se veía venir la golpiza a trompadas y patadas, que eran moneda corriente sobre su humanidad en esa precaria vivienda de la calle 13 sin número de Espigas, pueblo de 300 habitantes, todos y todas absolutamente mudos, sordos y ciegos ante la mujer golpeada. Ella, Delia, esa vez, esa noche, se defendió con un cuchillo tipo tramontina, manoteado en Argentina por la mayoría de las mujeres que lastiman a sus opresores cuando son atacadas por el maltratador serial que duerme en su cama, a veces causando heridas fatales. La industria brasileña al alcance de la mano de mujeres desesperadas y aterradas sometidas al maltrato insoportable día tras día de sus parejas, o de quienes dicen amarlas y las sumergen en un pozo negro que ahoga hasta las ganas de vivir.

El fiscal Martín Pizzolo había alegado en primer término a favor de condenar a cadena perpetua a Delia por homicidio agravado por el vínculo, en base a argumentos demolidos después, uno a uno, por el defensor oficial, que insistió en contextualizar el caso en la violencia de género que venía padeciendo la mujer, donde el Estado a través de sus agencias y fuerzas de seguridad no pudo o no quiso contener a la víctima y ofrecerle abrigo y ayuda para dejar de padecer la tortura diaria de convivir con una pareja golpeadora, además, padre de sus tres hijos hoy de 9, 6 y 3 años.

El próximo 15 de abril a las 12.30, el tribunal integrado por tres hombres y ninguna mujer, Gustavo Borghi, Martín Céspedes y Joaquín Duba, dará lectura a la sentencia del juicio, que decidirá si Delia merece ser reparada por los padecimientos; o si debe pagar con cárcel por defender su vida y su derecho a vivir en paz.

El machismo de la fiscalía

La jornada del juicio el pasado viernes se inició al mediodía en la sala de audiencias del Tribunal Oral Criminal 1 en los tribunales de Avenida Pte. Perón de ciudad Azul, con el alegato del fiscal Pizzolo, quien desde una óptica profundamente machista y tecnicista, como si viviera en un tapper y estuviera analizando un experimento de laboratorio, al humilde entender de este escriba, esbozó en su alegato su teoría que todo se trató de un homicidio agravado por el vínculo, ya que Delia tenía la noche de los hechos “muchísimas alternativas antes que agredir a su agresor, como irse de la casa (sic)” y puso en duda que estuviera amenazada su vida. “La acusada dijo en su declaración (el jueves pasado) ´no me alcanzó a pegar´, Entonces, ¿dónde está la agresión?, No hubo agresión legítima, ella dijo ´me levantó la mano´, pero no le pegó, entonces no hubo agresión”, concluyó el fiscal.

“La comisaría quedaba a 100 metros de la casa, por qué no fue al destacamento?”, se preguntó el fiscal (desde su cómodo sillón y sin que nadie lo someta a violencias diarias y en su calidad de argento), quien agregó a su favor que en la vivienda no había signos o señales de violencia o que hubiera habido una pelea.

La banalización de la violencia

El defensor Marcelli, a su turno, teniendo presente la obra de la filósofa alemana Hannah Arendt que reflexionó sobre la violencia y el significado de lo humano, realizó una encendida defensa de Delia, a quien definió como una víctima de la violencia de género.

Este juicio oral y público no tuvo casi cobertura periodística. Calculo que para los medios de prensa sostenedores del status quo y la patria machista, les debe resultar intolerable aceptar que el esclavo, el sometido, la sometida, se rebele. Y encima que se defienda, acuchille y a la postre cause la muerte de su opresor. Esto, matar, es inaudito para el macho burgués, colonizado culturalmente hasta los tuétanos. Porque el sometido no puede matar al tirano, el burgués sí puede matar y es hasta tolerado en casi todos los casos juzgados por jueces burgueses. Pero el sometido o el oprimido, no, no puede matar y si es mujer, menos aún, porque ese defenderse, ese defender el aliento a costa aún de la vida del opresor pone en tela de juicio el poder, el ejercicio del poder, cuestiona las relaciones bajo un sistema de explotación, pone en jaque al machismo, al patriarcado, al capitalismo, en síntesis, diría un marxista.

Integrantes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Azul -APDH-Azul- y también parte de la redacción de este diario y de FM del Pueblo 104.1, los únicos en participar de las audiencias. La sala estaba desolada. Diario El Tiempo, el noticiero Somos Azul de Cablevisión, la tele, silenciaron el juicio. Sólo FM Universidad de Olavarría siguió el caso con la periodista Soledad Restivo y equipo.

El defensor Marcelli fustigó el alegato de corte machista del joven fiscal Pizzolo, por no contextualizar el caso como violencia de género, citando fallos absolutorios de diversas cortes de justicia y tribunales argentinos (incluida una sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) y leyó párrafos de la doctora Highton de Nolasco en fallo sobre una situación igual a la vivida por Delia Moyano, donde la acusada fue absuelta.

“Hay una banalización de la violencia en el alegato del fiscal. La fiscalía tiene que analizar 12 años de relación, no un momento, ella no tenía adonde ir esa noche, qué iba a hacer? ¿Ir a la comisaría para que luego los policías la devuelvan a la casa donde le pegaban?. Cuando ella denunciaba, se apañaba al golpeador desde el Estado; y cuando ella se defendió, la metieron presa. El Estado la abandonó a Dora, no la protegió, el Estado estuvo ausente y por la banalización de la violencia doméstica se llegó al desenlace, porque hay que ver la cantidad de veces que ella denunció a Cuello por pegarle”, dijo Marcelli.

Acto seguido repasó los dichos de testigos que declararon el jueves pasado, entre ellos policías del Destacamento Espigas, hombres y mujeres, que refirieron las varias denuncias que había realizado Dora en los últimos años.
“Es un caso de legítima defensa, casi calcado de muchos otros, donde la mujer víctima de violencia de género se defiende exactamente con un cuchillo de cocina, tipo tramontina, y eso produce la muerte del agresor, eso dice la jurisprudencia”, detalló Marcelli.

También el testimonio de uno de los policías, Darío Bonilla, fue criticado por el fiscal. “El, como jefe del Destacamento, se tomó declaración él mismo, sin la intervención de otras partes, con una visión machista de la realidad, donde dice que había “problemas de pareja”, no son lo mismo un hombre y una mujer discutiendo, están en distintas posiciones, ella en desventaja, porque él impone las condiciones, si se come o no, si se compra comida o no”.

“Había agresiones mutuas, dijo Bonilla, cómo puede decir eso un policía formado, como si hubiese equivalencias entre un hombre de 100 kilos, albañil, acostumbrado a tareas pesadas y una mujer… mientras le pegaba el marido a Dora no había ningún problema, ahora cuando ella se defendió, la metieron presa. Si el pensamiento de Bonilla es la media de la función pública, pobres mujeres. Para Bonilla era “normal” que el hombre le pegara a la mujer”, exclamó con indignación Marcelli. “El sujeto hombre es el sujeto occidental, europeo, macho y burgués, así impone su identidad sobre todas las cosas”, parafrasea en su ayuda en Canal Encuentro el filósofo Darío Sztajnszrajber, aplicado al uniformado citado, el botón de muestra del “pensamiento” de otros uniformados de la Bonaerense.

“Delia no cometió ningún delito”

“Delia tiene que recuperar su libertad, no cometió ningún delito, ella vive en la miseria, aún hoy, el Estado debe ayudarla”. “¿Ella fue cien veces a la comisaría, esa noche ahí le iban a dar una solución? pasaron 10 años de maltrato y a nadie le importó, ella no accedió a educación, a nada, por eso pedimos y logramos una medida de abrigo y asi y todo cuesta que la ayude el Estado, que le contemple sus derechos”, dijo Marcelli sobre Delia, a quien estando detenida le quisieron sacar sus hijos.

“Hay cinco denuncias comprobadas, fueron muchas más, pero hay cinco oportunidades, una en comisaría de la Mujer de Olavarría, otra en Tribunal de Familia, en el Hospital y otras dos en comisaría, acreditadas”, siguió diciendo el defensor en su alegato. Puntualizó en otro tramo que el albañil pesaba 100 kilos, que la había amenazado de muerte, que esa noche la quiso atar, le quiso pegar. “¿Con qué se iba a defender sino con un cuchillo de cocina?”, se preguntó el defensor. Terminó sus palabras pidiendo la absolución de su defendida por legítima defensa.

El 15 de abril a las 12.30 hs. se leerá la sentencia del Tribunal Oral Criminal 1 del Departamento Judicial de Azul. Hacemos votos por la libertad de Delia Moyano y una reparación por parte del Estado.



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